Aprender a andar, ¿está preparado mi bebé?

Aprender a andar
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Aprender a andar es el resultado de un largo proceso que da comienzo en el mismo momento de nacer y que recorre unas etapas fundamentales de gateo y primeros pasos que podemos estimular. Todas estas etapas en la evolución del desplazamiento del bebé llevan a conseguir el dominio de dos aspectos básicos, que son la maduración de su sistema nervioso y la técnica del ensayo-error.

Antes empezar a gatear y a dar sus primeros pasos, los bebés necesitan tener desarrollada su área motora. Para poder ejecutar los movimientos relacionados con el desplazamiento, y para poder andar, en primer lugar, el niño tiene que aprender a controlar distintas partes de su cuerpo: ha de alcanzar un desarrollo de los músculos adecuado, ha de ser capaz de desarrollar el sentido del equilibro, etc. Se trata de unas adquisiciones de vital importancia para nuestro bebé cuando empieza a dar sus primeros pasos.

Para aprender a andar es necesaria la maduración de los circuitos cerebrales y del sistema nervioso, ya que andar y controlar todos los movimientos que permiten poner un pie detrás de otro supone un grado importante del desarrollo del cerebro.

Por otro lado, el bebé tiene que poner en práctica la técnica del ensayo-error. Para aprender a andar hay que caerse muchas veces, ensayar determinadas posturas, arriesgarse... como los pequeños potrillos al nacer.

Etapas necesarias para aprender a andar

Si te preguntas si a la hora de aprender a andar, ¿estará preparado mi bebé?, debes conocer que el desarrollo del área motora de los bebés pasa por unas etapas, que hay que conocer para poder ayudarles a aprender a andar de la manera más eficaz posible:

1. Control de la columna vertebral. El dominio que el bebé ejerce sobre su columna es el primero que aparece cronológicamente.

2. Refuerzo de los reflejos de apoyo, marcha y, sobre todo, de gateo. Hay que tener en cuenta que el gateo es el primer método de marcha que utiliza el niño y es fundamental para obtener una madurez ósea de piernas, brazos, columna y una coordinación de movimientos.

3. Control del tobillo. La planta del pie debe reposar de manera correcta en el suelo para evitar deformaciones secundarias. Cuando vaya siendo capaz de dar los primeros pasos, el apoyo consistirá en colocarle un calzado adecuado con refuerzos en el talón y los tobillos.

4. Afianzamiento de sus propios movimientos. Unos de los procedimientos de aprendizaje más usuales a esta edad es la imitación del adulto, así que nosotros debemos simplemente mostrar cómo andamos. Para ello debemos tener en cuenta que el punto más importante del peso para el mantenimiento del equilibrio es la flexión de la rodilla. Podemos poner un ejemplo sencillo para los casos de duda. Supongamos que queremos aprender a esquiar o a patinar: para mantener el equilibrio es preciso mantener las rodillas flexionadas.

Beatriz Bengoechea. Psicóloga y orientadora familiar

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