Habilidades de nuestros hijos millennials que los padres ni sabemos

 

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María Solano

Habilidades de nuestros hijos millennials que los padres ni sabemos

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La noticia no se ha dado a conocer demasiado por estos lares pero en Inglaterra tiene s todos sorprendidos. Una madre que estaba en su casa cuidando de sus dos gemelas de cuatro años, se desplomó inconsciente en el suelo.

Las niñas, imagino que después de pasado el primer susto, recurrieron al móvil de la madre, que desbloquearon usando su huella dactilar, y pidieron por voz al sistema del teléfono que llamara a papá. La cosa no funcionó de inmediato porque "papá" no figura como tal en el móvil de "mamá". Entonces pidieron al móvil que llamara a emergencias y así lo hizo. Merece la pena escuchar la dulce conversación de una de las niñas con el equipo de rescate que, minutos después, estaba socorriendo a la madre.

Nuestros hijos millennials son obsesivos, adictos a las tecnologías y tienden a perder el tiempo. Además, hacen demasiadas cosas a la vez y pocas a derechas. Han reducido enormemente su capacidad de concentración. Y necesitan motivaciones cada vez más marcadas para que lea merezca la pena esforzarse.


Pero a cambio, han desarrollado habilidades sin precedentes de la mano de unas Nuevas Tecnologías de las que a veces solo se cuenta lo malo. 


Gemelas de 4 años salvan a mamá

Cuando los adultos pensamos en Internet en términos globales, tendemos a considerarlo un avance por el volumen ilimitado de contenidos que allí se albergan y la facilidad para acceder a ellos. Nosotros, que sacamos adelante nuestros estudios a base de grandes dosis de biblioteca, que intuíamos todo lo que nos estábamos perdiendo porque las distancias físicas eran insalvables, valoramos enormemente poder leer ahora mismo un texto que alguien acaba de escribir en Winsconsin o comprar un producto que se ha fabricado en India con un solo click.

Pero cuando pensamos en Internet para ellos, para nuestros hijos, el miedo paralizante nos hace entenderlo como una fuente inagotable de maldad y perversión. Y la hay, no seré yo quien lo niegue: las consultas de psicólogos y psiquiatras empiezan a establecer áreas específicas para unas adicciones comportamentales que hace solo diez años eran impensables.

Pero si miramos Internet con el cristal del optimismo, descubrimos un potencial increíble que está desarrollando en nuestros hijos habilidades ignotas para nosotros. Hace unos días, mi hija Isabel dedicó una lluviosa mañana de sábado a fabricar un zoo completo de papiroflexia. Con unos cuantos folios y unos tutoriales en formato vídeo que supo buscar con las palabras precisas en el lugar adecuado, no solo dedicó su tarde a una labor instructiva, sino que se demostró a sí misma que era capaz de hacerlo sola.

Previa YoutubeCargando el vídeo....

Pienso también en Nacho, uno de mis mejores alumnos, apasionado de un tipo de música que a mí no me convence, creo que electrónica -que me disculpe si el nombre es otro-. Sus redes sociales eran una especie de diario de los innumerables conciertos y festivales a los que asistía. Y de pronto entendió que allí había un potencial, profesionalizó su trabajo, comenzó a aportar valor añadido, con críticas musicales, información de primera mano y mucha especialización, y hoy, su muro de Facebook es un referente para todo el que se considere algo en este mundo de la música electrónica. Por cierto, Nacho, del que me siento tan orgullosa, aún no ha acabado la carrera y su web es ya un negocio de merecido reconocimiento.

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