El matrimonio: ¿Enemigo del enamoramiento?

 
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Mónica de Aysa

El matrimonio: ¿Enemigo del enamoramiento?

     

No deja de sorprenderme la cantidad de gente joven que decide separarse tras diez o quince años de convivencia. Dicen que no sienten nada por su pareja y no quieren continuar así. Asocian enamoramiento con felicidad y buscan otra persona con quien compartir su vida. Nos encontramos con un problema difícil de resolver y de una importancia excepcional. El asunto es si el enamoramiento tiene que anularse con el matrimonio o éste puede incorporarlo y asumirlo, transformarlo en una situación interior de seguridad ante la promesa de: "Te querré siempre, en la salud y en la enfermedad". Debería de ser una transformación del enamoramiento y no su anulación.

Al hablar de matrimonio me refiero a la decisión de mantener una vida amorosa compartida. Hay un acto de compromiso que introduce un cambio en nuestras vidas. Esta relación fruto del compromiso se está desdibujando. Las parejas viven en una continua inestabilidad. No saben si su relación será estable o pasajera por lo que se va deteriorando. Algo está cambiando en nuestro modo de pensar en el amor. El romanticismo se ha convertido en nuestro peor enemigo.

Buscar y compartir momentos juntos

¿Qué nos está pasando que no somos capaces de disfrutar de las pequeñas felicidades cotidianas? La posibilidad de vivir 50 años juntos nos permite observar la evolución de las parejas y de su convivencia amorosa. Somos responsables del dúo que formamos. La madurez debería llevarnos a asumir que el sentimiento amoroso se transforma en un apego profundo. En amor verdadero que induce a pensar en el bien del otro y no en el mío propio. ¿Cómo es posible que sigamos pensando que es compatible la felicidad con el egoísmo? O, ¿cómo podemos llamarle a la actitud que nos lleva a dejar de pelear por nuestra vida amorosa cuando aparece la frialdad, el desánimo o el descenso del deseo sexual? "Te dejo, no me atraes, voy a buscar otra mujer por la que sienta enamoramiento y...". Es necesario compartir, buscar, evolucionar juntos. ¡Pero hay que querer hacerlo de forma eficaz!

Pareja distanciada
Foto: THINKSTOCK 

Cuantas parejas vemos en las consultas que no salen casi nunca juntas. Que su prioridad son los hijos y el trabajo. Pasan los años y los niños están muy bien cuidados, pero ellos no han dedicado tiempo a quererse, a descansar, a hablar, a pasárselo bien. Así la relación se convierte en un aburrimiento que todo lo mata.


Las parejas con talento aprovechan el ímpetu del enamoramiento para establecer los hábitos necesarios para la unión. El vínculo amoroso requiere de una estabilidad y seguridad que hay que trabajarla.


Los estudiosos afirman que la exaltación de la felicidad que produce el enamoramiento dura uno o dos años. A partir de ese momento, es el comportamiento de cada persona concreta el que consigue ampliar el dominio de la felicidad, o reducirlo. El estado de enamoramiento es un estado de excepción, mientras que la vida está hecha de rutinas. ¿Se puede vivir apasionadamente enamorado? Esa intensidad es equívoca. Es importante distinguir diversos tipos de amor e identificarlos a lo largo de las diferentes etapas de nuestra vida. El fenómeno que subyace al amor es la conexión emocional. Puedo querer mucho a una persona, aunque en un momento determinado lo que siento sea frialdad.

Mónica de Aysa. Master en matrimonio y sexualidad

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