Deporte y deportividad: ¡juega limpio!

En el deporte juega limpio
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Hay quien dice que los seres humanos sufrimos los mayores cambios de su conducta cuando nos sentamos a un volante o cuando vamos a ver un partido de fútbol. Aunque muchos árbitros harían suyas estas palabras, hacer deporte o ir a ver deporte debería ser una actividad mucho más tranquila y enriquecedora. Ponernos unos pantalones cortos, una camiseta y unas zapatillas no significa que ya podamos lanzar todo tipo de improperios o portarnos como auténticos animales.

La afición por el deporte -tanto como participante o como espectador- es algo que enriquece la personalidad. Jugar al tenis, además de ponernos en forma, es una actividad educativa: tenemos que seguir unas ciertas reglas, nos enfrentamos a otra persona... De hecho, cuando practicamos un deporte se pone de manifiesto de manera particular nuestra forma de ser y, en especial, nuestro grado de buena educación.

Hacia un mundo mejor: juego limpio en el deporte

La Carta Olímpica se inicia con la enumeración de los principios fundamentales que inspiran la tradición griega. El primero de ellos dice: "Los fines del movimiento olímpico son: ...educar a la juventud mediante el deporte, en un espíritu de mejor comprensión recíproca y de amistad, contribuyendo así a la construcción de un mundo mejor y más pacífico".

No pasa nada si a alguien se le ha asomado una sonrisa irónica a los labios tras leer el párrafo anterior. Probablemente se haya acordado de los partidos de fútbol de los sábados y domingos por la tarde; o de las tragedias que ocurren de vez en cuando en los estadios. A pesar de todo, hay que repetirlo y dejarlo claro: en el deporte, deportividad y juego limpio porque el deporte no está reñido con la cortesía. Más aún, la práctica deportiva, por la especial nobleza que anida en su espíritu, ha sido siempre una de las actividades humanas más enriquecedoras.

Competitividad sana en el deporte

La competitividad es parte esencial del deporte. Por consiguiente, tanto los espectadores como los aficionados desean que su equipo gane. Y esta competencia constituye un ejemplo insuperable de nobleza y de virtud. Hay quien dijo que lo importante no era ganar o perder, sino participar; a lo que otro, más realista sobre la derrota, respondió: "Quien dijo que lo importante era participar, seguro que era un perdedor".

Cuando jugamos un partido de golf, de tenis, de fútbol, de baloncesto, de squash... vamos a ganar, pues, en el caso contrario, no tendría ninguna gracia. ¿Hay algo más enervante que tu contrario se dedique a juguetear sin seriedad, en vez de echar los restos para triunfar?

Por tanto, en los deportes de masas es correcto que los partidarios y los "hinchas" animen a su equipo correspondiente con gritos y con pancartas. Pero el entusiasmo no tiene por qué estar reñido con la educación. Así, aunque es admisible un cierto grado de "increpación" al contrario, nunca puede llegarse a la ofensa personal ni a las palabras soeces.

Ignacio Iturbe

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