Educar exige tiempo: los niños necesitan nuestra paciencia

Educar exige tiempo y paciencia
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Educar es una labor que exige tiempo. Como en la ascensión a una montaña, a veces hay que parar, forzar la marcha... o desandar lo andado porque el camino acaba en un precipicio. Sin embargo, lo importante es llegar a la meta final: educarles como personas con voluntad y criterio, con autonomía y decisión para enfrentarse a la vida. Y esto no se logra en dos días.

Educar con calma

En este mundo de prisas, velocidad y vértigo en el que hay tiempo para todo menos para el diálogo reposado, la reflexión serena y el cultivo de la paz de espíritu, es cada día más necesaria la calma y la paciencia. Sin duda uno de los mejores regalos que podemos dejar en herencia a nuestros hijos es la costumbre del equilibrio interior y de la paz. Han de vernos serenos, sin dejar paso a la ira o al enfado por nimiedades; han de ver que no sacamos las cosas de quicio... Porque la mejor manera de tratar con la gente es con la mayor calma posible.

Se puede comprobar, además, lo fácil que resulta para los hijos adoptar comportamientos más serenos cuando están ante una persona tranquila, que no responde con cólera y violencia sino con un tono de voz sosegado, amistoso y conciliador. Ellos necesitan de nuestra paciencia, primero, porque en educación no caben las prisas; segundo, para ayudarles a encarar las dificultades con calma y serenidad.

Educar con tiempo

Lo que muchos hijos echan en falta es que sus padres no les dediquen tiempo. Los chicos se dan a la persona que les quieren: son muy sensibles al cariño. Y aunque nosotros queremos mucho a nuestros hijos, a veces ocurre que los chicos no lo notan porque piensan que se les quiere sólo en teoría: "Dice que me quiere, pero nunca tiene tiempo para explicarme bien este ejercicio; no tiene tiempo para la partida de ajedrez".

Hay que pasar a la práctica, y han de notar que les queremos, ganándolos con nuestro cariño, aunque nos ocupe un tiempo que no nos sobra en absoluto. Es la mejor inversión que podemos hacer. El cariño casi puede medirse por las horas de trato. Aunque a veces resulta más eficaz el llamado tiempo de calidad, pues media hora a solas con uno de los hijos, en el momento justo, pueden ayudarle más que pasar toda una mañana con él.

Educar con autoridad

Educar no significa reglas severas, autoridad impuesta y caras largas; pero tampoco lo contrario. Los hijos han de sentir la autoridad, pero nadie puede afirmar que sufre un menoscabo de autoridad cuando se pasan por alto, con paciencia, pequeños detalles... Los errores tácticos son menos importantes que el poseer una estrategia clara y bien definida. Podemos permitirnos el lujo de cometer pequeños errores siempre y cuando tengamos las ideas claras.

Llegar a la intimidad

Los hijos necesitan de nuestra paciencia porque es el único modo de llegar a su intimidad; hace falta tiempo, roce y trato. Aguantar desplantes y aprovechar los momentos relajados para dar un gran avance. Interesarse por lo que interesa a los hijos. Y como su mundo suele ser muy atractivo, disfrutaremos con ese descubrimiento.

Ganando su corazón tendrán fuerza nuestros consejos; no basta sólo con el prestigio de padres ni con el respeto y la disciplina: hay que saber atraerse la simpatía y el afecto de los hijos. Y eso supone poner atención (con paciencia) a la riada de pequeñeces (muy importantes para ellos) que cuentan cuando llegan del colegio, o que quieren decirnos cuando volvemos de trabajar, generalmente cansados.

Educar con comprensión

Hace falta comprender. Y si le comprendemos nos contará, y le podremos ayudar. Así perderán el miedo a darse a conocer, tan importante para educar; verán que la sinceridad y la confianza arreglan todo con una facilidad admirable.

El primer paso, sin embargo, hay que darlo escuchando y dedicando tiempo a sus problemas que, aunque parezcan nimiedades, pesan como losas para ellos. Pero si les apartamos a un lado porque nosotros sí estamos haciendo algo importante (ver la televisión, terminar un informe, descansar o arreglar un armario), cada vez será más difícil que nos cuenten. A causa de nuestra poca paciencia estamos cerrando las puertas a su intimidad y la adolescencia cercana acabará por echar unos cuantos cerrojos más.

Ricardo Regidor
Asesoramiento: James B. Stenson. Fundador y director del Northridge Preparatory School de Chicago (EE.UU.) y Consultor de la Comisión Nacional para el apoyo de las Humanidades de Washington, D.C.

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