El coeficiente emocional de los niños, ¿existe?
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El coeficiente emocional de los niños, ¿existe?

El coeficiente emocional, ¿existe?
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Muchos autores se oponen al uso del término "coeficiente emocional" (CE) como sinónimo de inteligencia emocional, pues podría llevar a pensar erróneamente que existe un test preciso para medirlo o, incluso, que pueda llegar a medirse de alguna manera. Tal vez la distinción más importante entre el coeficiente intelectual CI y el coeficiente emocional CE es que el CE no lleva una carga genética tan marcada, lo cual permite que padres y educadores tengan mucho que decir para desarrollar las oportunidades de éxito de un niño.

En primer lugar, los padres debemos plantearnos nuestra forma de educar. Quizá nos preocupen más sus notas, la carrera que van a realizar y su futuro profesional. Pero deberíamos contemplar a nuestros hijos con visión de futuro y amplitud de mente. Desarrollar su coeficiente emocional no es otra cosa que labrarles una personalidad madura y equilibrada. Será realmente esta inteligencia la que les haga triunfar en la vida, tanto privada como profesional.

La inteligencia emocional de los niños

Para lograr que nuestros hijos tengan una adecuada inteligencia emocional -unión de un buen trabajado coeficiente intelectual CI y un armónico coeficiente emocional CE- necesitan que creamos profundamente en ellos, aunque ahora les esté costando leer y escribir, aunque no sean los primeros de la clase, aunque sean de momento un poco desastrados.... Tenemos que mirarles con profundo cariño, con esperanza en ellos y en su futuro y poder decirles, porque estamos convencidos de ello.

Cualquier hábito cuesta mucho esfuerzo para adquirirlo y potenciarlo y a veces no tenemos todo el tiempo que nos gustaría para desarrollar esas habilidades emocionales en nuestros hijos. ¿Qué podemos hacer? Descubrir que con medios habituales y normales, con las situaciones más fáciles, como una sonrisa, podemos ayudar a nuestros hijos, si no desaprovechamos las pequeñas oportunidades.

El efecto Flynn

La mayoría de nosotros buscamos para nuestros hijos ofrecerles oportunidades de enriquecimiento, y suponemos que el hecho de hacerlos más inteligentes hará que tengan más probabilidades de tener éxito. En estudios recientes se indica que esta tarea ha obtenido resultados sin precedentes. De acuerdo con James R. Flynn, el CI ha aumentado veinte puntos desde que fue medido por primera vez a principios del siglo XX, un descubrimiento que va en contra de todo lo que se conoce acerca de las pautas evolutivas.

Aunque las razones precisas para este incremente (conocido ahora como el efecto Flynn) no son claras y en cierta medida pueden explicarse a través de un mejor cuidado neonatal y una mayor conciencia sanitaria general, Flynn observa que por lo menos parte de este aumento ha dado como resultado ciertos cambios en la forma que tienen de educar los padres. Sin embargo, y en forma paradójica, mientras que cada generación de niños parece volverse más inteligentes, sus capacidades emocionales y sociales parecen estar disminuyendo vertiginosamente.

Consejos para desarrollar el coeficiente de inteligencia emocional

1. Los estudios muestran que los niños que son optimistas son más felices, tienen más éxito en la escuela y son realmente más saludables desde el punto de vista físico. La forma fundamental en la que nuestros hijos desarrollan una actitud optimista o pesimista es observándonos y escuchándonos.

2. Los buenos modales son fáciles de enseñar y extremadamente importantes para la escuela y el éxito social. Un "gracias" o un "por favor" le ayudarán a relacionarse con los demás.

3. Es necesario ser flexible en muchos aspectos, pero no en cuanto los hábitos de estudio y las capacidades de trabajo. Para tener éxito en la escuela y más tarde en el trabajo, los hijos necesitan aprender autodisciplina, manejo del tiempo y capacidades de organización.

4. Hay que alentar a los hijos a seguir con algo a lo que se han comprometido aun cuando se quejen. Uno de las capacidades emocionales más importantes es la de superar la frustración y mantener un esfuerzo persistente frente al fracaso.

5. Se puede enseñar a los hijos a buscar soluciones en lugar de dilatar los problemas. Esta forma positiva de ver el mundo puede mejorar la confianza en sí mismo y su capacidad de relacionarse.

6. Un colegio con un plan de formación que vaya directamente a desarrollar todos esos valores que enriquecen a las personas -constancia, perseverancia, autocontrol, entusiasmo, saber sonreír, autocontrol, entusiasmo, saber sonreír, etc.- es una gran ayuda.

Muchos padres tratamos de sobreproteger demasiado a los niños, preservándoles de los problemas. En realidad, esto no parecer ser positivo. Los niños que no han aprendido a enfrentarse efectivamente con las contrariedades se tornan vulnerables a problemas más graves cuando crecen. Cuando los hijos aprenden a resolver sus propios problemas, adquieren confianza en sí mismos y aprenden capacidades sociales importantes.

Ricardo Regidor
Asesora: Amparo Catret Mascarell. Responsable de áreas de coordinación, promoción y formación docente del colegio Guadalaviar.

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