Malas contestaciones en niños, cómo gestionarlas

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El comportamiento de los niños en ocasiones debe ser reprendido.
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Ninguna convivencia es perfecta. Por mucho cariño que se profesen los miembros de un hogar siempre existirán rifirrafes. Dentro de este clima de tensión es posible que los más pequeños den una mala contestación ya sea empleando una palabrota o faltan el respeto de los padres. Una situación ante la hay que reaccionar y educar a los niños para que entiendan lo que significa guardar las formas con su interlocutor y a mantener un buen debate donde no se caiga en faltas.

Con el fin de aprovechar las malas contestaciones para reeducar, el psicólogo Javier Urra ofrece una serie de consejos a los padres para que puedan reaccionar de forma positiva al recibir este trato por parte de sus hijos. Una oportunidad de reconducir la situación de forma positiva para que en lugar de aumentar la tensión, haya una lección que enseñar a los más pequeños.

Conflictos inevitables en la familia

Lo primero que deben saber los padres es que las discusiones y los conflictos son inevitables en toda relación. Cuando se pone un límite es normal que los pequeños respondan de forma negativa. A nadie le gusta que le digan que no y en ocasiones los más pequeños no comprenden que no todo capricho puede ser obtenido. Lo que muchos ven es que sus padres quieren hacerle pasar un mal momento.

Al mismo tiempo es posible que muchos niños se excusen en que son pequeños y que no pueden asumir ciertas responsabilidades, por lo que cuando sus padres les reclaman algunas tareas sienten que estas son un castigo. Estas son sólo algunas situaciones que provocan el conflicto entre padres e hijos y que pueden derivar en malas contestaciones.

Una vez que se sabe que los conflictos son inevitables, hay que estar preparado para todo y no descartar que los hijos contesten de malas formas. Una actitud que a medida que se aproxima la adolescencia es más probable que aparezca ya que el sentimiento de rebeldía en esta etapa hace que las discusiones intergeneracionales se vuelvan más intensas. En ambos casos la respuesta es la misma: mantener la serenidad.

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Ante las malas contestaciones no se negocia

Lo primero que hay que hacer en una discusión en la que el hijo contesta de malas maneras es poner fin al diálogo. El niño o el joven deben entender que de esta forma no llegará a ningún lado y que de hecho no le conviene seguir por ese camino si quiere que su opinión sea tenida en cuenta. No hay que mostrar flexibilidad en este sentido, los padres deben recordar el respeto que se merecen y que son la máxima autoridad en casa.

En el caso de que se usen palabrotas, los padres deben mostrar un total rechazo a las mismas y no caer en el juego de las provocaciones. De mantenerse la actitud por parte de los hijos no solo habrá que dar por concluidas las conversaciones, sino también ejecutar un castigo que haga entender al niño o al joven que este comportamiento tiene consecuencias negativas para sus intereses.

Todos estos límites deben dejarse claros ante el menor síntoma de agresividad en las contestaciones de los más pequeños. Los padres son la máxima autoridad en el hogar, con la que se puede dialogar, pero que siempre merecen un respeto. En este sentido nunca hay que dejar ver al pequeño que está a la misma altura que sus progenitores. Un hijo es un hijo y un padre es un padre, por lo que jamás asumirán los mismo roles dentro de un hogar.

Damián Montero

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