Aprender idiomas: cómo fomentar la facilidad de los niños

La facilidad de los niños para aprender idiomas
THINSTOCK

Entre las muchas potencialidades que los niños atesoran, la facilidad para aprender idiomas es sin duda una de las más lucidas. Sin realizar aparentemente esfuerzo alguno, son capaces de empezar a chapurrear en dos lenguas ante los asombrados ojos de los adultos. ¿Cómo es posible al aprender idiomas fomentar la facilidad de los niños? ¿Podemos facilitarles ese aprendizaje

Son muchos los padres que se plantean iniciar a su hijo en un segundo idioma cuanto antes.
Sin embargo, aunque las ventajas del bilingüismo son claras, son pocos los casos en los que una familia puede trasmitir a un niño dos lenguas a la vez. Esto se debe a que para lograrlo de forma perfecta, sería necesario que alguno de los padres aportara una lengua madre diferente o vivieran en un país extranjero. Generalmente, no sólo hablan ambos el mismo idioma sino que, además, éste coincide con el del entorno en el que viven. Aún así, está en nuestras manos proporcionar a nuestro hijo diferentes medios para entrenar el oído y facilitarle de este modo el aprendizaje de una segunda lengua.

Aprendizaje simultáneo de los idiomas

A partir de los tres años, el niño se encuentra en pleno periodo sensitivo para el aprendizaje de idiomas. Lo ideal, por tanto, sería poderle ofrecer una educación bilingüe, pero si no reunimos los requisitos expuestos no debemos tampoco tirar la toalla. Si procurásemos que oiga inglés u otra segunda lengua, le estaríamos acostumbrando a distinguir sonidos ausentes en el idioma castellano y, por tanto, le estaremos ayudando a no hablar con acento en el futuro.

Además, el ejercicio mental que supone comprender y, en su caso, también hablar, dos estructuras gramaticales y dos vocabularios diferentes, favorece la creación de nuevas conexiones neuronales. Es decir, es una vía clarísima de estimulación temprana.

Pese a sus muchas ventajas, sin embargo, el bilingüismo, el aprendizaje simultáneo de dos lenguas puede tener algunos inconvenientes. Uno de ellos puede ser que el niño tarde un poco más en soltarse a hablar. Este retraso, que sólo afectará al habla pero no a la comprensión, será  superado pronto, y a los 4 ó 6 años estará al nivel normal.

Hablar al niño en otra lengua

En algunas familias, a veces uno de los dos padres domina bastante bien un idioma -además de su lengua madre-, pero no es bilingüe propiamente dicho. Esto puede provocar la tentación de hablar a los hijos en ese idioma, pensando que así le ayudamos a irse familiarizando con él.
Pero lo cierto es que esta práctica no suele resultar muy adecuada. En primer lugar, porque el niño aprenderá de un adulto que, probablemente, pronunciará  con acento. Y, en segundo lugar, porque esta práctica hará  disminuir notablemente la riqueza de la comunicación entre el padre o la madre y el hijo.

Por muy correcto que sea su dominio de esa lengua extranjera, uno de los progenitores se expresará  en un lenguaje distinto de su lengua madre y el mensaje resultará, por lo tanto, más frío y pobre. Así, en vez de "esto está riquísimo", dirá  "me gusta mucho" y, aunque parezca algo banal, lo cierto es que irá  restando valor a una faceta muy importante en la educación de los hijos como es la comunicación.

Lo preferible es que esta comunicación se realice siempre en el idioma materno de los padres, aunque esto suponga tener que emplear métodos alternativos para que el niño aprenda una segunda lengua.

Aprender con naturalidad un idioma

Un idioma no se puede separar del modo de hablar y sentir de la cultura que lo acompaña. Si no tenemos en consideración este factor, probablemente nuestro hijo no sólo no llegue a ser bilingüe, sino que su aprendizaje será artificial y muy poco enriquecedor.
Para lograr esa combinación (transmitir lengua y cultura a un tiempo) es necesario que cada persona hable al niño en su propia lengua madre, y no confundirle mezclando distintos idiomas o introduciendo palabras extranjeras de forma arbitraria cuando hablamos con él.

Estimulación auditiva para aprender idiomas

Lo más probable es que nos sea complicado que nuestro hijo aprenda una segunda lengua de forma natural, pero sin embargo, lo que sí está al alcance de muchas familias es proporcionar al niño estímulos que le ayuden a irse familiarizando con los sonidos de un determinado idioma. Para ello, es imprescindible que eduquemos su oído, algo que podemos hacer incluso antes del nacimiento de nuestro hijo.

La música es una buena aliada a la hora de enseñar a nuestros hijos a captar los diferentes sonidos relacionados con el lenguaje humano. Los diferentes tonos que ofrecen las piezas musicales les ayudarán a captar matices, y esto les será de gran ayuda a la hora de aprender un idioma. La música clásica es la mejor para empezar en esta tarea, dada la riqueza que encontramos en sus melodías.

Otro método útil es el Tomatis, que ofrece un sistema de estimulación auditiva especialmente diseñado para facilitar la integración de otros idiomas por medio del Oído Electrónico y cintas especiales del idioma, de manera que educa al oído para percibir correctamente los sonidos de éste, haciéndolos familiares. El programa no elimina la necesidad de estudiar el idioma deseado, pero sí permite escucharlo, reproducirlo e integrarlo de manera más rápida y natural.

Aunque, en principio, pueda parecernos un empeño estéril, dentro de unos años, cuando el pequeño empiece realmente a estudiar su segunda lengua, podremos felicitarnos, pues le habremos facilitado en gran parte el camino.

Conchita Requero

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