En el fútbol, juego limpio: amistad y compañerismo

Fútbol, juega limpio
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El fútbol es un deporte de equipo que levanta pasiones y que tiene millones de seguidores en todo el mundo. Conscientes de la popularidad de este deporte, la FIFA creó un programa con el nombre de Fair Play (juego limpio) cuyo objetivo es incentivar la deportividad así como prevenir la discriminación en el fútbol. Además, Fair Play también incluye programas para reducir el racismo en los estadios.

El programa no sólo se limita al fútbol sino que también apoya a organizaciones caritativas que mejoran las condiciones alrededor del mundo.

Los principios del programa Fair Play o juego limpio

Estos son los 10 principios en los que se basa el programa Fair Play en el deporte:

1. Jugar de forma limpia.
2. Jugar para ganar pero aceptar la derrota con dignidad.
3. Cumplir las Reglas del Juego.
4. Respetar al contrario, compañeros de equipo, árbitros, jueces de línea y espectadores.
5. Promover el interés por el fútbol.
6. Recompensar a aquellos que defienden la buena reputación del fútbol.
7. Rechazar la corrupción, las drogas, el racismo, la violencia, el juego y otros peligros de este deporte.
8. Ayudar a otros a resistir las presiones de corrupción.
9 Denunciar a aquellos que intenten desacreditar el fútbol.
10. Usar el fútbol para hacer un mundo mejor.

Cómo animar a los niños a practicar el juego limpio

Para ejemplificar, entre los deportes de equipo no hay nada mejor que el fútbol. Por algo es el deporte rey en Europa y América Latina. Enfatizar en el valor de la amistad y el compañerismo especial entre los miembros del equipo, es la base para educar a los niños en la práctica del juego limpio.

1. Animar a los compañeros. Para un jugador no hay nada peor que tu mismo compañero te eche en cara los errores. Al contrario, habrá que animarse unos a otros, aunque perdamos por muchos a cero.

2. Salir a jugar, no a destacar. Cada jugador tiene un puesto, una zona y una misión muy bien delimitada. Un equipo de fútbol es como una maquinaria precisa y funciona cuando todos obedecen al entrenador. Sobran, por tanto, el querer destacar uno por encima de los demás. El fútbol enseña muchas virtudes y, una de ellas es que la lucha en equipo es más efectiva que la individual.

3. No dejar de correr un balón. Cuando todos se están esforzando por jugar al máximo nivel, dejar de correr un balón o dejar de perseguir a un contrario es una de las faltas más graves: es como decir a los compañeros: "luchad vosotros, que yo estoy cansado". Si partimos de que todos somos compañeros y que buscamos el mismo fin, habrá que sacrificarse por todos y correr. Y si no podemos, pedir el cambio nosotros mismos.

4. Patadas que no se ven. En cualquier deporte es básico un exquisito cumplimiento de las normas porque, si no, es contraproducente para cualquiera. Así, aunque no nos vean, no podemos pegar patadas, tocar el balón con la mano, simular que nos han dado, tirarse para que piten penalty... Es que si no sería una escuela de teatro en vez de un deporte.

5. Patadas involuntarias. De todas maneras, a veces se nos escapa el pie o las manos y derribamos al contrario. Así es el fútbol. Pero como se trata de meter goles, no de eliminar jugadores contrario, habrá que interesarse por él, pedirle perdón, ayudarle... Si nos marca un jugador agresivo hay que hacérselo ver al árbitro (o que lo haga el capitán). También podemos hablar con él, aunque parezca utópico. Si no da resultado, mostraremos más fuerza, pero nunca venganza ni ir a hacer daño.

6. No discutir al árbitro. La primera reacción no pasa nada, pero hay que ir acostumbrándose a que la misión del árbitro es la de juzgar aunque se equivoque. No hay nada peor que un partido en que todo el mundo grite al árbitro lo que creen que es justo.

7. Ganar y perder. Al final ganaremos, perderemos o empataremos. Mostrar la alegría si se gana es fácil, pero saber perder sin hundirse es difícil. Ante todo, hay que evitar pensar que la culpa es de los demás. La culpa es de todos y entre todos podrá enmendarse. Debemos reconocer el esfuerzo de los compañeros, sin criticar a los peores. Si en los vestuarios se dan críticas entre unos y otros casi podría decirse que ahí no hay equipo: mejor sería dejarlo y dedicarse a otra cosa.

Ignacio Iturbe

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