La clave de la obediencia de los niños

Niños obedientes
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Para algunos niños es muy complicado ser obedientes, y para muchos padres es difícil enseñar a obedecer. Todos los padres se preocupan por la desobediencia de sus hijos, es uno de los temas que causa mayor malestar en el entorno familiar, pero enseñar a ser obediente requiere su tiempo. La obediencia es algo que se va labrando poco a poco, empezando desde que son bebés hasta que se convierten en adultos. 

Qué significa ser obediente

Enseñar a obedecer es difícil porque los hijos tienen su propia personalidad y cuando esta se está forjando, intenta saber cuáles son sus límites desafiando, desobedeciendo y echando pulsos. La labor de los padres es educar enseñarles sus límites, lo que se traduce en enseñarles a obedecer.

Obedecer no significa que los niños respondan inmediatamente a lo que los padres les piden. La obediencia es un comportamiento que nos enseña a escuchar a los demás, a tener en cuenta a otras personas y a no ser egocéntricos. En definitiva, permite la integración social.

La clave de la obediencia de los niños guarda una estrecha relación con las órdenes que den los padres. Estas deben ser claras y racionables para los hijos, en función de la edad que tengan, y cuando son confusas pueden dar lugar a una desobediencia enmascarada. Es vital que los padres sepan cómo dar órdenes para que los niños aprendan a obedecer.

La clave de la obediencia: la autoridad

Obedecer es cumplir la voluntad de quien manda. En la familia, quienes mandan son los padres, por eso el hijo se somete a la voluntad de los mismos. Este sometimiento puede ser por convicción, es decir, porque crean que lo que se les pide es justo o razonable, o por temor a un castigo.

La obediencia está muy ligada al concepto que los padres tienen de la autoridad. La obediencia está muy ligada al concepto que los padres tienen de la autoridad. La autoridad de los padres se mide fundamentalmente por la firmeza de sus convicciones a la hora de educar. Para saber ejercer la autoridad eficazmente hay que saber mandar. Y para saber mandar hay que saber obedecer.

Noelia de Santiago Monteserín

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