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MATRIMONIO AL DÍA
Mónica de Aysa

Solución a las crisis de pareja: no darles la espalda

Soluicones a las crisis de pareja
Soluicones a las crisis de pareja - ISTOCK

Los momentos de crisis en el matrimonio son inevitables. No importa si parecen superficiales: la clave para superarlas reside en no darles la espalda y solucionarlas con un poco de esfuerzo por ambas partes.

Hace poco tuve la suerte de hacer el seguimiento de una pareja con dificultades que vivía en otro país. Al tener que comunicarnos por audios, tuvimos la posibilidad de escuchar varias veces lo que nos íbamos diciendo. Al finalizar su asesoramiento, me pidieron que les mandase un resumen de los puntos importantes de los que habíamos hablado. Voy a intentar resumirlas por si os ayudan a vosotros.

"Da más quien tiene más. Hay temporadas en las que la capacidad de entrega es mayor por parte de uno de los dos, que puede ser consciente de la necesidad de tener claras las cosas importantes, sobre todo los objetivos, y tiene fuerzas para luchar. Puede estar menos estresado y sometido a menos presión, por lo que reacciona con más paciencia ante las dificultades. Está más habituado a ser quien deshace los nudos y sabe cómo empezar porque no se bloquea; tiene más ánimo. Entonces todo ese conjunto de elementos que confluyen, hacen que, en ese momento, tenga más capacidad para darse y empezar a resolver la crisis. Da lo mismo que, durante años, tenga la sensación de que es siempre él o ella quien toma las riendas. Lo importante es salir de la crisis".

Los hombres necesitan el reconocimiento de su capacidad intelectual, de su hombría, de su capacidad de esfuerzo y de trabajo. No se puede solo corregir constantemente. Ese tipo de conductas, ahogan las relaciones."En momentos de crisis hay que intentar descansar. El cansancio es muy mal aliado para los momentos de dificultades porque agría el carácter. Por eso es bueno buscar momentos de ocio que nos alegren la vida. Dedicar tiempo a pensar con qué descasamos, qué nos divierte, qué tenemos a nuestro alcance para disfrutar de la vida. De ese modo se consigue un equilibrio interior que genera energía".

Hacer un esfuerzo por ver el lado positivo. Cuando nos sentimos mal, tendemos a dramatizar, a pensar que todo es negativo. No somos capaces de ver lo bueno del otro. Hay que hacer un esfuerzo intelectual por verlo y no meter ahí los sentimientos que, durante las crisis, suelen ser de rechazo. "No hacer mucho caso a los sentimientos porque son muy cambiantes y dependen de lo que pensamos. Si conseguimos controlar el pensamiento nos sentiremos mejor".

Los hombres, ante los problemas, muestran conductas evasivas. Se callan"

Cuando se presenta una crisis de pareja no tienden a hablar, sino a encerrarse y pensar que, si no hablan, es posible que las cosas se calmen y, pasado el tiempo, se solucionen. Les da miedo que las conversaciones terminen en una bronca mayor. Prefieren que se reanude la convivencia con normalidad y cuando el ambiente está en calma, hablar las cosas con serenidad. "La falta de relaciones sexuales la viven como desamor. No conciben la vida conyugal sin ese tipo de unión, porque ellos son mucho más sexuados que las mujeres y expresan el amor con más naturalidad cuando la expresión física es posible".

La familia del otro es uno de sus grandes amores. Aprender a mantener la distancia necesaria para que no invadan nuestra intimidad, pero mostrándoles el cariño y el respeto que se merecen."Cuando solo amo las cualidades del otro, vivo un amor egoísta. Necesitamos que nos quieran como somos, que nos disculpen, que nos entiendan, que den poca importancia a nuestros defectos para sentirnos bien. Quien se siente querido, normalmente se siente valorado".

La vida está llena de crisis, unas más serias y profundas, y otras más superficiales. La diferencia entre los matrimonios que se llevan bien y los que no, reside en que han aprendido a solucionarlas.

Los matrimonios más felices no son los que tienen mayor poder adquisitivo, mayor capacidad intelectual o hijos mejor posicionados. Son los que habitualmente se fijan en lo positivo que hay en el otro y, de ese modo, cada vez la unión es mayor.

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