Cómo hablar con un adolescente: 5 barreras que hay que derribar
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Cómo hablar con un adolescente: 5 barreras que hay que derribar

Claves para hablar con un adolescente
Foto: ISTOCK Ampliar foto
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Los adolescentes son excesivamente sensibles a lo que sus padres dicen y a cómo lo dicen. Para los padres no es nada fácil mantener una conversación con un adolescente... Y, a veces, la culpa no cae tanto del lado del hijo como del nuestro. Y es que un deje paternalista o autoritario, probablemente inconsciente y sin intención, puede echar por el suelo cualquier intento de hablar con un adolescentes y mantener conversación tranquila y fluida.

Escuchando a nuestros hijos adolescentes con atención ganaremos una posición de respeto que nos permitirá entrar de lleno en sus propios asuntos personales. Pasar tiempo con los hijos, mostrar interés, escuchar, hablar de nada y de todo... puede ayudarnos a crear un clima comunicativo en casa.

5 barreras que hay que derribar para hablar con un adolescente

1. El hermetismo. Debemos abrirnos a nuestro hijo
En la mayoría de los casos, lo que estropea o impide un buen ambiente de comunicación en el hogar son un limitado número de errores. 

Es importante evitar todo aquello que pueda abortar o dificultar una conversación. Casi siempre se trata de actitudes, de modos de ser que hay que descubrir para luchar contra ellos: hablar incesantemente, contradecir continuamente, afirmaciones dogmáticas, no dejar hablar, tono de voz que juzga, generalizaciones desafortunadas, respuestas que revelan que no estamos escuchando...

Preocuparse por crear un clima de comunicación en el hogar conlleva necesariamente abrirnos a nuestro hijo, intentar entrar en su corazón y en su mente. Para ello, es necesario, en primer lugar, comprometerse, "juramentarse" a dar los pasos que hagan falta, a cambiar lo que no funciona por nuestra parte, a no abandonar aunque no se vean pronto los resultados... Para ello se requiere bastante firmeza, dejando de lado nuestros propios problemas.

2. El muro comunicativo. Muestra verdadero interés
Es tan simple como adaptar el tiempo y la conversación a los intereses y actitudes de nuestros hijos adolescentes. Porque, realmente, no es tan duro conectar con sus intereses; podemos preguntarnos...

- ¿En qué actividades está metido mi hijo? ¿Cuáles son sus experiencias?
- ¿Cómo se siente mi hijo a causa de ellas?
- ¿Cómo puedo conseguir que mi hijo exprese mejor y con más confianza sus sensaciones e impresiones acerca de ellas?
- ¿De qué temas necesitamos realmente hablar entre nosotros?

Este sencillo ejercicio puede generar un sorprendente número de ideas para mantener una conversación con nuestro hijo. También nos servirá para hacerle preguntas que muestren un verdadero interés hacia su vida, sus problemas, sus experiencias. Porque, no lo olvidemos, todo lo suyo ha de interesarnos profundamente.

3. Evita sólo oir. La clave: escuchar
Además, hemos de aprender a escuchar sus respuestas. Escuchar bien es un elemento clave para ganarnos también nosotros el derecho a ser oídos. Escuchar bien conlleva una enorme disciplina. Necesita aprender a poner la atención en nuestro hijo adolescente, no en nosotros. Cuando un hijo necesita que se le escuche, resulta crucial que nos comprometamos y obliguemos a no discutir, contradecir o juzgar cualquier comentario que haga; ya habrá momento de dejar claras las cosas, ahora se trata de escucharle.

A la hora de hablar con un adolescente, el principio que rige podría expresarse así: "Si escuchamos con atención y verdadero interés, crearemos una atmósfera en la que nuestro hijo nos escuchará a nosotros"... Pero no hay garantías de que suceda enseguida. Los adolescentes necesitan gastar una desorbitada cantidad de tiempo dándole vueltas a sus pensamientos, sentimientos, lo que tienen que hacer, sus amigos... Escuchándoles con atención ganaremos una posición de respeto que nos permitirá entrar de lleno en sus propios asuntos personales.

4. Sin metas. Localiza el objetivo, ten un propósito claro
A veces, decimos cosas que luego desearíamos no haber dicho. Cuando no tenemos propósitos claros en la conversación, podemos desviarnos y acabar hiriendo y haciendo daño sin quererlo realmente. Por ello, es bueno tener unos objetivos positivos en la mente cuando hablamos con nuestro hijo. Entonces, a pesar de encontrarnos en una situación difícil, en medio de un enfado, por ejemplo, resulta más fácil calmarse y no perder de vista lo importante.

Para mejorar la comunicación con los adolescentes, tendremos que desarrollar algunos de esos objetivos que nos ayuden a sortear los conflictos:
- Hablar a nuestros hijos de tal manera que siempre fortalezcamos su autoestima y su confianza para resolver los problemas.
- Escuchar a nuestros hijos de tal manera que sepan de verdad que nos estamos preocupando de ellos.
- Dejar que nuestros hijos sepan que lo que dicen y cómo se sienten es importante para nosotros, incluso cuando no estamos de acuerdo.
- Trabajar para conseguir mutuas comprensiones en la conversación.
- Comunicar nuestras preocupaciones sobre su comportamiento negativo con firmeza, pero sin recriminaciones.
- Enviar mensajes claros a los hijos de que les queremos y que su bienestar nos importa tanto como el nuestro.

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5. Perder los nervios. Controla tus emociones
Muchas veces, reaccionamos exageradamente y, especialmente a la hora de hablar y conversar, hay que aprender a controlarse. Aunque se trata de algo realmente difícil cuando quien pierde el control es precisamente nuestro hijo o hija. Para ello, podemos:

- Pedir un tiempo muerto cuando el ambiente se calienta demasiado. Decir simplemente: "Vamos a dejarlo y volveremos a hablar dentro de una hora".
- Aceptar la responsabilidad es algo básico, pues la tendencia es culpar siempre al otro de lo que va mal. Podemos dar al adolescente un buen ejemplo diciendo: "Recuerdas cuando dije... estaba equivocado, lo siento".
- Responder al enfado del hijo tomando una actitud positiva antes que perder los nervios.
- Utilizar el "yo", en vez del "tú". Los mensajes con "yo" no causan tanta reacción a la defensiva, además ayuda a no dejarnos cegar por nuestros sentimientos ni a condenar a nuestros hijos. En vez de decir: "(Tú) Nunca haces lo que te pido. (Tú) Siempre me haces enfadar. (Tú) Nunca te acuerdas de dejar mis cosas dentro". Es mejor: "Me parece mal que no hagas lo que te pido. (Yo) Estoy enfadado, hijo. Es la tercera vez que me encuentro mis herramientas fuera de su sitio". Al igual que es mejor decir "¿me explico (yo)?", que "¿me entiendes (tú)?".

Consejos para hablar con tu hijo adolescente

1. Planifica una actividad con tu hijo adolescente que le demuestre tu interés y preocupación por su vida. Pregúntale acerca de su deporte favorito o afición para realizar una actividad que requiera que paséis juntos cierto tiempo a la semana. Construir una maqueta, ir a un partido, salir a comprar algo (porque es necesario o simplemente por el hecho de salir)...

2. Escribe tus propios objetivos para el tipo de comunicación que quieres para tus hijos, concretándolos. Discútelos con tu hijo y pregúntale: ¿Merece la pena poner estos objetivos?, ¿puedes sugerir otros?, ¿piensas que mejoraría nuestra relación si fuéramos capaces de lograrlos?, ¿si fallo en alguna ocasión, me lo harías saber?

3. Establece turnos de palabra. Si tiendes a hablar más de un minuto sin dejar a tu hijo la oportunidad de hablar, comienza a medir cuánto tiempo hablas sin dejar que intervengan los demás. Pide a tu cónyuge o hijo que te ayude a romper ese mal hábito. A veces, una señal discreta, como un gesto, puede ser un gran recordatorio.

4. Haz una lista de temas que piensas que podrían interesar a tu hijo: un folleto de un equipo de fútbol que has conseguido, un artículo del periódico sobre un negocio interesante llevado a cabo por un adolescente, lo que piensas sobre los cambios de tu trabajo... Usa la lista para que las conversaciones en casa sean más interesantes. Si son estimulantes y divertidas, entonces tu hijo vendrá a por más.

Date cuenta de que habiendo descansado lo suficiente te encuentras en mejor condición para hablar. Puede parecer obvio, pero la fatiga causa más problemas de comunicación de los que nos imaginamos. Es mejor descansar veinte minutos y hablar luego diez, que discutir durante media hora.

Ricardo Regidor
Asesoramiento: Paul W. Swets. Orientador familiar, organizador de seminarios para padres de adolescentes y escritor.

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