Categorías:

El maravilloso camino de aprender a hablar: ¿Por qué cada niño tiene su propio ritmo al aprender a hablar?

Tabla de contenidos

Tenemos tanta ilusión por que aprendan a hablar que a veces olvidamos que es un proceso único en cada niño. Aunque algunas etapas suelen repetirse, son muchos los condicionantes que hacen que cada bebé siga su ritmo.


El desarrollo del lenguaje es uno de los hitos más fascinantes de la infancia, pero también uno de los que más ansiedad genera en los padres. A menudo, surge la inevitable comparación en el parque o en las reuniones familiares: «¿Por qué el hijo de mi amiga ya dice frases completas y el mío apenas balbucea?». La respuesta corta es sencilla pero profunda: el desarrollo infantil no es una carrera de 100 metros, sino un proceso biológico y cognitivo complejo y único.

Cada niño tiene su propio reloj interno. Mientras que algunos canalizan su energía inicial en la motricidad gruesa (aprender a caminar o escalar), otros se concentran en la decodificación de sonidos. Además, factores como el temperamento, la estimulación en el hogar y la propia maduración del sistema nervioso influyen directamente en la velocidad con la que un pequeño suelta sus primeras palabras.


Las etapas habituales del aprendizaje del habla

Aunque cada niño es un mundo, la pediatría y la logopedia establecen una hoja de ruta general que nos ayuda a entender este viaje:

  • 0 a 6 meses: El bebé se comunica mediante el llanto. Comienzan los primeros sonidos guturales y la respuesta a los sonidos del entorno.
  • 6 a 12 meses: Aparece el balbuceo. El niño repite sílabas como «ma-ma-ma», «da-da-da» o «pa-pa-pa», sílabas bilabiales sencillas. Empieza a comprender palabras comunes, como su nombre, monosílabos, o cómo llamar a mamá y a papá.
  • 12 a 18 meses: Llegan las primeras palabras con significado, aunque no son capaces de construir frases. Pueden decir «agua» o «bibe», pero no pueden pedirlo con su verbo.
  • 18 a 24 meses: Explosión del vocabulario. Comienzan a unir dos palabras («Papá aquí») y su léxico puede alcanzar las 50 palabras.
  • 2 a 3 años: El habla se vuelve más clara. Empiezan a usar pronombres y a formar frases sencillas de tres o más palabras.

Señales de alerta: ¿Cuándo debemos preocuparnos?

Respetar el ritmo individual no significa ignorar señales de que algo podría requerir atención profesional. Debemos prestar especial atención si observamos lo siguiente:

  1. Falta de contacto visual o respuesta: Si a los 6-9 meses el bebé no interactúa socialmente o no reacciona a los ruidos fuertes.
  2. Ausencia de balbuceo: Si a los 12 meses no ha intentado producir sonidos silábicos.
  3. No usa gestos: Si a los 15 meses no señala objetos para pedir algo o no dice adiós con la mano.
  4. Pérdida de habilidades: Si un niño que ya decía algunas palabras deja de decirlas repentinamente.
  5. Dificultad extrema de comprensión: Si a los 2 años parece no entender instrucciones simples como «dame el zapato».

Ante cualquier duda, la intervención temprana con un logopeda o pediatra es clave para descartar problemas auditivos o retrasos madurativos.


El reto y la riqueza del bilingüismo

Existe el mito de que los niños bilingües tardan más en hablar. La realidad es más matizada: su cerebro está realizando un esfuerzo doble de clasificación.

Los niños en entornos bilingües aprenden a hablar mediante un proceso llamado «mezcla de códigos». Es perfectamente normal que mezclen idiomas en una misma frase mientras construyen su sistema lingüístico. Aunque su vocabulario en un solo idioma pueda parecer menor al principio, si sumamos las palabras que conocen en ambas lenguas, su capacidad léxica suele ser igual o superior a la de un niño monolingüe. El bilingüismo no causa retrasos en el lenguaje; al contrario, fomenta una mayor flexibilidad cognitiva a largo plazo.


Lectura recomendada

De 1 a 3 años. Descubriendo mundo

Silvia Banqueri Guerrero

La guía esencial para padres de niños de 1 a 3 años. Aprende a fomentar la autonomía y la educación en valores con rigor pedagógico para construir un vínculo familiar sólido desde la primera infancia.

Durante los primeros años, los niños tropiezan y se levantan bajo la mirada atenta y amorosa de sus padres, quienes los acompañan brindándoles apoyo y, al mismo tiempo, el espacio necesario para que puedan crecer a su propio ritmo.

Esta obra aborda temas esenciales como la educación en valores, la comunicación en la familia y el fomento de la autonomía, siempre desde la individualidad de cada niño. Una lectura imprescindible para padres, educadores y profesionales que desean fortalecer el vínculo familiar y construir hogares felices sobre bases sólidas y valores duraderos.

Este libro nace de la experiencia de una madre y formadora con una sólida trayectoria, que combina el rigor pedagógico con una mirada actual a los retos de la educación. Inspirada en los avances científicos sobre el desarrollo infantil y enriquecida por años de práctica profesional, la autora comparte orientaciones realistas para acompañar el crecimiento integral de los niños en sus primeros años, esa etapa maravillosa en la que descubren el mundo.

Otros artículos interesantes