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¿Debemos contarles las malas noticias a nuestros hijos?

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Las malas noticias suelen llegar de imprevisto una enfermedad grave, un quebranto económico, un despido del trabajo… Nuestra vida no es color de rosa. Y tenemos que saber cómo afrontar la adversidad en familia.

Por ello nuestra recomendación es que, tan pronto como los hijos pueden empezar a darse cuenta de que está pasando algo, debemos contarles la verdad adaptada a su capacidad de comprensión y siempre con la esperanza como guía para que no se agobien.

Así aprenderán a no tenerle miedo a la adverisdad y, de nuestra mano, verán como enfrentar los retos. Además, experimentarán que los dolores compartidos son más llevaderos porque no estamos solos.


Cuando llegan las malas noticias, comunicar la verdad parece un desafío, pero hacerlo de manera adecuada fortalece la familia y enseña a enfrentar la vida con resiliencia. A continuación, os presentamos algunas pautas claves para acompañar y apoyar en este proceso:

1 Depende de la edad que tengan, hay que contarlo:

Si son muy pequeños y no se enteran, no hace falta. Pero si ya se enteran de algo, es mejor que no se sientan excluidos. Adaptamos la explicación a cada edad.

2 La familia no puede ser una “ficción publicitaria”:

No somos familias de catálogo o de redes sociales donde todo es perfecto. Somos familias reales en las que pasan muchas cosas buenas y algunas malas.

3 Están aprendiendo que los problemas se afrontan:

Vivimos juntos la tristeza y, después, nos ponemos juntos en camino para hacer frente a lo que nos toca. Es la manera de que tengan esperanza y confianza.

4 Compartir las penas las hace más llevaderas en familia:

No desaparecen los problemas y los hay que no tienen solución, pero cuando se comparten, esa compañía de los demás nos da fuerzas para sobrellevarlos.

5 Ellos querrán aportar su granito de arena:

Dejad que pariticipen y colaboren a su manera, que sientan que pueden hacer algo por los demás, aunque sea poco. Crecerán en amor, autoestima y autonomía.

6 Los acompañamos en la experiencia de su dolor:

Cuando les damos una mala noticia, tenemos que estar cerca para ver cómo lo asimilan y acompañarlos en un proceso que puede no ser sencillo para ellos.

7 Elevamos la mirada para fijarnos en lo importante:

Una familia que reza junta, que sabe poner el foco en lo importante, es una familia mejor preparada para la adversidad, con esperanza en que podrán con ello.

8 Hacemos hogar con recuerdos y sonrisas:

Que las malas noticias sólo nos nublen por un rato y que la alegría de nuestro hogar impregne todo. Un poco de humor y unas risas son buen antídoto contra la tristeza.

Compartir la verdad no significa añadir preocupaciones, sino dar herramientas para comprender y afrontar la realidad. Con honestidad, cercanía y esperanza, convertirnos los obstáculos en oportunidades para crecer juntos, reforzar los lazos familiares y construir un hogar feliz lleno de amor, confianza y solidaridad.


María Solano Altaba

Directora de la revista Hacer Familia y profesora de la Universidad CEU San Pablo

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