No te agobies si a tus hijos les pasa a veces que están tan centrados en su vida, en sus problemas, en su agenda, que se olvidan de las necesidades de la familia y de la comunidad. Es lo habitual. Pero tenemos que hacerles el favor de corregirlo.
¿Cómo lo corregimos? Con mucho cariño y poco a poco, para que se vayan acostumbrando a poner la mirada en el prójimo y ser generosos con los demás.
Eso implica ceder su tiempo y esfuerzo. Y el rédito no es inmediato. Más aún, en muchas ocasiones sienten que les perjudica. Pero, a largo plazo, será muy bueno para ellos.
Porque dar es más importante que recibir y, cuando tenemos menos tiempo, lo aprovechamos mejor.
1 Nos centramos tanto en ellos que se sienten el centro:
Parece que todo gira entorno a su agenda, sus tareas, sus extraescolares, cumpleaños… y no es así: forman parte de una familia y de una comunidad a la que cuidar.
2 Pensar en los demás es un hábito que se hace virtud:
No es fácil que les salga de manera natural primar a los demás sobre lo que ellos quieren. Por eso, tenemos que ir corrigiendo el rumbo para que se acostumbren.
3 Lo suyo es importante pero lo de los demás también:
No se trata de no valorar lo suyo o no reconocer el esfuerzo que hacen, sino de enseñarles a reorganizar prioridades para que sepan cuándo hay que ceder.
4 Descentrarse les hará más felices, menos agobiados:
A veces, cuando se centran demasiado en ellos mismos, pierden la perspectiva de lo que es importante y les agobia su día a día. Hay que sacarlos de su confort.
5 Pensar en los demás es la clave de la felicidad:
Por eso, aunque les cueste salir de su área de confort, les estamos haciendo el favor de mostrarles el camino de la felicidad que se basa en el cuidado del prójimo.
6 El tiempo les cunde más si no se obsesionan con él:
Cuando tienen que regalar parte de su tiempo y su esfuerzo al prójimo, se creen que les va a perjudicar. Pero aprovechan mejor el que queda y son más eficaces.
María Solano Altaba
Directora de la revista Hacer Familia y profesora de la Universidad CEU San Pablo