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Niños resilientes: cómo enseñarles a superar las dificultades

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Claro que les está molestando. Claro que hace calor, o frío, o que tenemos que esperar mucho rato, o que tienen hambre, o sed, o simplemente se aburren. Las contrariedades se suceden y no pasa nada por aprender a aguantarlas, porque les hará más resilientes, más fuertes y más felices. 

Si evitamos caer en la tentación del proteccionismo excesivo, les estaremos dando un enorme regalo: la destreza de tolerar lo que pasa sin que les frustre, porque muchas de las circunstancias sobrevenidas no tienen solución o escapa por completo a nuestro control. 

Y no se trata de inventarnos problemas para hacerlos fuertes, basta con los que llegan solitos. Se trata de cambiar su perspectiva respecto a la manera de afrontar la adversidad. 

La sobreprotección nos alivia el presente a los padres, pero complica el futuro de nuestros hijos. Permitirles experimentar pequeñas dosis de frustración controlada es el mejor sistema inmunitario para su salud emocional.


1. Salvo si peligra su salud, lo pueden aguantar casi todo:

Los niños tienen una capacidad de adaptación asombrosa, pero a menudo los adultos proyectamos nuestra propia intolerancia al malestar sobre ellos. Si ante cada queja corremos a solucionar el problema, les enviamos el mensaje implícito de: «Tú solo no puedes con esto, «no puedes hacer las cosas sólo»

Que aprendan a no ser víctimas. Sabemos que hace calor, pero también sabemos que podrán soportarlo y que les hará más fuertes superarse a sí mismos.

2. Mejor no prestarle atención si no podemos cambiarlo:

La atención es un superpoder. Aquello en lo que nos enfocamos, se magnifica. Si pasamos el viaje en coche quejándonos del tráfico, el niño aprenderá que el tráfico es una tragedia. Si hay factores externos inalterables (el clima, una fila larga, un retraso), el foco debe moverse.

Porque hay muchas veces en la vida que las circunstancias no son las ideales y las pequeñas contrariedades de la infancia son el mejor hábito para ir creciendo y creando «músculo» interior.

3. Ser fuertes les hará sentirse aún más fuertes:

La verdadera autoestima no nace de los elogios vacíos («¡Eres el mejor del mundo!»), sino del sentido de autoeficacia: la certeza interna de que eres capaz de superar dificultades. Cada vez que un niño tolera el aburrimiento o el cansancio y sale victorioso, su cerebro registra: «Pude con ello».

La autoestima no crece porque sí ni porque les digamos lo buenos que son. Crece porque se han demostrado que pueden vencerse a sí mismos sin desfallecer.

4. Quítale importancia a lo que ocurre y no tiene solución:

Hay que enseñarles a relativizar. Los niños tienden a maximizar los pequeños dramas (un helado que se cae, un juguete que se rompe). Si los padres reaccionamos con ansiedad, el niño aprende que eso es el fin del mundo.

Así, los pequeños contratiempos (y con el tiempo los grande), dejarán de ser el centro de atención para ellos y se fijarán en todo lo bueno que está ocurriendo (salvo eso que les molesta). Es garantía de felicidad futura.

5. Enséñales a ofrecer los pequeños sacrificios:

Si sois creyentes, les ayudará mucho poder comparar sus pequeños esfuerzos con los muy grandes que hizo Jesús y ofrecer lo que les toca para llevar con Él la cruz.

En una sociedad que busca la gratificación instantánea y la comodidad a toda costa, la palabra «sacrificio» suena anticuada, pero es una de las herramientas más potentes para desarrollar la fuerza de voluntad. Cuando el sufrimiento o la incomodidad tienen un propósito más alto, dejan de vivirse como un castigo y se transforman en un acto voluntario de amor y madurez.


«A través de las dificultades y los problemas, los niños desarrollan la resiliencia y la fuerza que necesitan para enfrentar el futuro.»Nelson Mandela (Líder político y Nobel de la Paz)

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