Fracasar está mal visto en nuestra cultura. Se entiende como si fuera el final del camino, un muro infranqueable, un punto muerto sin vuelta atrás.
Pero la realidad es que si pensamos en otras culturas, el fracaso no es más que un indicador más de cuál es el camino hacia el éxito, porque nos enseña cómo lograrlo de manera más adecuada.
Por eso debemos trasladarles que no tengan miedo a fracasar, pero que sí teman no haberlo intentado. El fracaso es siempre aprendizaje y crecimiento, examen de conciencia y voluntad con esperanza.
Fracasar es uno de los verbos que componen crecer.
1 No hay que tenerle miedo al fracaso: es aprendizaje.
En nuestra cultura, no así en la americana, el fracaso es visto como una derrota. Pero es sólo un punto de inflexión del que obtener lecciones muy positivas para la vida.
2 Si les angustiamos con el fracaso, se angustiarán.
Tenemos que cuidar mucho lo que decimos o cómo respondemos cuando han tropezado y han fracasado en algo. Si nos ven agobiados, ellos se agobian.
3 El fracaso es un escalón más hacia el éxito.
Esa es la actitud positiva. No pasa nada. Nos levantamos y seguimos ahora que sabemos que el camino elegido no era el adecuado o que necesitamos entrenar más.
4 Acompañamos, aconsejamos pero no resolvemos.
Para que aprendan del fracaso, tienen que salir ellos adelante y volver a intentarlo. Si lo resolvemos nosotros, sólo habrán fracasado, no habrán crecido.
5 El fracaso es la fuente del tesón y la perseverancia.
Valores muy poco frecuentes en una sociedad acostumbrada a que todo se resuelva aquí y ahora. Fracasar y levantarse son los rasgos de fortaleza.
6 En casa, abrazamos con cariño los fracasos.
Porque el hogar es el lugar donde no nos juzgan por nuestro éxito, sino por nuestra capacidad para seguir itentándolo, para ponerle corazón a todo.