Las batallas de aura se han convertido en uno de los fenómenos virales entre los adolescentes. Popularizadas en TikTok, han saltado de las redes sociales a plazas y espacios públicos, donde los jóvenes compiten con gestos, bailes y poses para demostrar quién tiene más “aura”. Pero esta tendencia también vuelve a poner sobre la mesa una cuestión que preocupa a muchas familias: la relación de los adolescentes con el móvil y las pantallas.
¿Qué son las batallas de aura?
Las llaman las nuevas “peleas de gallos”. Las batallas de aura, también conocidas en redes como “batallas de farmear aura”, se han convertido en una nueva tendencia entre los adolescentes. Reúnen a jóvenes en plazas y espacios públicos para competir y es el público el que decide quién tiene o ha demostrado más “aura”, presencia, seguridad o, como se ha dicho toda la vida, quién ha demostrado ser más guay.
De TikTok a las plazas: así funcionan las batallas de aura
Y es que lo digital está saltando de la pantalla al espacio físico. Porque uno de los aspectos interesantes del fenómeno es que los adolescentes vuelven a encontrarse cara a cara y a utilizar las plazas como lugares de encuentro. Sin embargo, la frontera entre lo presencial y digital sigue siendo muy pequeña: las actuaciones se graban, se comparten y continúan circulando por internet una vez terminado el encuentro.
Casi parece que las plazas recuperan importancia como espacio de socialización adolescente. Estas “batallas” muestran también la necesidad de disponer de lugares donde los jóvenes puedan encontrarse sin necesidad de consumir o gastar dinero. Música, espectadores y búsqueda de reconocimiento no son fenómenos nuevos en la adolescencia; lo realmente novedoso es que ahora pueden tener una difusión inmediata a través de las redes.
Y precisamente esa mezcla constante entre vida presencial y digital devuelve a muchas familias a una pregunta recurrente: ¿cuándo es el momento adecuado para dar a un niño su primer móvil?
¿Cuándo dar el primer móvil a un niño?
Sin embargo, este fenómeno coincide con una preocupación habitual de muchas familias al comenzar el curso, el temido debate: cuándo entregar a un niño su primer teléfono y qué límites establecer para que la tecnología no perjudique su estudio, descanso o las relaciones personales.
Según un estudio de SaveFamily, el 37,8 % de los padres considera que las pantallas afectan negativamente al rendimiento escolar de sus hijos. También señala la preocupación de profesores ante la distracción y la tendencia de algunos colegios a convertirse en espacios libres de teléfonos.
Cómo enseñar a los hijos a utilizar la tecnología
Por otro lado, Jorge Álvarez, CEO de SaveFamily, afirma que un niño pequeño puede recibir con un smartphone más funciones de las que es capaz de gestionar emocionalmente. La propuesta es introducir la tecnología de forma progresiva y enseñar a utilizarla racionalmente.
Además, existen posibles alternativas, puntos intermedios antes de los smartphones. Y eso es lo que los expertos recomiendan: herramientas de comunicación más limitadas, como los relojes inteligentes infantiles con llamadas y localización. En cualquier caso, el dispositivo por sí solo no soluciona el problema: hace falta enseñar a los hijos cuándo utilizarlo y que los padres decidan qué funciones habilitar.
Pantallas y adolescentes: aprender a gestionar el tiempo
No obstante, la clave realmente se encuentra en cómo organizan los adolescentes su tiempo. Creen tener demasiadas cosas que hacer y no saben priorizar; clases, deberes, extraescolares, pantallas, redes sociales y encuentros con amigos compiten por el mismo tiempo. Por lo tanto, la cuestión para los padres es cómo acompañarlos para que puedan compatibilizar estudios, autonomía, relaciones sociales y desarrollo personal.
Las batallas de aura son, en definitiva, una muestra más de cómo viven hoy los adolescentes: entre lo presencial y lo digital. Más que intentar separar completamente ambos mundos, el reto para las familias pasa por enseñarles a relacionarse con la tecnología de forma equilibrada, sin que las pantallas desplacen el estudio, el descanso, las relaciones personales o los espacios de encuentro cara a cara.
Para los buenos padres que quieren ser mejores padres.
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