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Mónica de Aysa

La pareja, el único tesoro que vale la pena encontrar

Mi tesoro es mi pareja
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Vale la pena encontrar un objetivo por el que vivir. Algo que nos mueva muy profundamente y que nos permita vivir sabiendo hacia dónde nos dirigimos y por qué. Si encontramos nuestro objetivo, hemos encontrado un tesoro.

Cuando nos enamoramos, no somos capaces de ver que esa relación puede llegar a atravesar serias dificultades. No es el error, sino la inacción lo que hace fracasar al hombre. Nos equivocamos constantemente en las relaciones interpersonales.

Hay quienes son capaces de crear las condiciones oportunas para restablecer esos lazos y quienes bloquean en su corazón y en su cabeza cualquier posibilidad de reencuentro. La gran dificultad normalmente consiste en esperar que sea el otro quien se ponga en marcha. Esa es la gran disculpa para no solucionar la mayoría de los malos entendidos, disgustos, distancias, rupturas y problemas.

El amor no es una pasión sino una actividad. La actividad, el ponerse en marcha para hacer, decir pensar, esperar tiene que tener un objetivo. Es necesario pensar: "¿para qué hago éste esfuerzo, por qué lo hago, qué quiero conseguir?"

Los hombres y las mujeres que pasan por nuestras consultas, a veces dicen: "no sé que hubiera decidido hacer si no tuviera hijos. Pero mis hijos...." La familia que creamos es una de las cosas más serias e importantes que somos capaces de hacer en toda nuestra vida. Esos niños que hemos tenido el privilegio de ver crecer, educar, guiar, abrazar, mantener, ver volar y formar otras familias son nuestra gran responsabilidad hasta que nos muramos. Su felicidad depende en gran parte de nuestro comportamiento. De nuestro esfuerzo por ser lo más buenos posible. No perfectos, sino buenos.

Eso significa permanecer unidos marido y mujer aunque nos vean pelear contra dificultades que puedan parecer insuperables, aunque nos extenuemos, aunque nos parezca que no hacemos las cosas todo lo bien que debiéramos, aunque, aunque... Ellos se merecen estabilidad para poder vivir bien. Se merecen que pensemos en el objetivo. Cada uno tiene que buscar el suyo, su tesoro.

Para algunos, la belleza de la vida, la gran felicidad, surge como consecuencia de verlos a ellos unidos como una piña. Seguros del amor de sus padres y convencidos de que ni el dinero, ni los grandes puestos de trabajo, ni nada material, tangible les podrá producir mayor felicidad que la certeza de que tienen una familia que les quiere incondicionalmente. Y lo saben porque lo notan. Lo notan porque el amor es una acción, no una pasión.

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