A veces las familias nos agotamos porque vivimos la fe y la trasladamos a nuestros hijos en un mundo que ha dejado de creer. Somos los «raros» y las exigencias de vivir como Cristo nos pidió les pueden costar a nuestros hijos. Vivir la Cuaresma, de camino a la Semana Santa, desde la fe, no es sencillo.
Pero no podemos desistir aunque «no estemos de moda» porque nos jugamos mucho en la transmisión de la fe.
Hoy reflexionamos con algunos aspectos que son interesantes para vivir la fe en familia en un momento que no parece el más propicio, en que somos como los primeros cristianos: una minoría que siembra en medio del mundo.
Y cuando a nuestros hijos les choque, tenemos que hacerlos sentir orgullosos de la fe que han heredado de sus mayores, porque es un regalo del cielo, porque dará sentido a su vida.
Si vivimos así la fe, con pequeñas costumbre domésticas que la hagan presente, ellos la interiorizarán como algo natural, coherente con el resto de ámbitos de su vida.
Hemos explorado este tema con Raquel Caldas y con Amparo Latre en la Sección de Familia que tenemos cada dos jueves en Ecclesia al día.
Te dejamos unas claves que te pueden ayudar:
1 Fortalece las señas de identidad de tu familia.
En casa de los “Fulanitez” vamos a misa, bendecimos la mesa, lo pasamos pipa, celebramos los cumples por todo lo alto… que forme parte de vuestra vida.
2 Incúlcales el hábito de rezar varias veces al día.
Así lo interiorizan sin que les cueste y se acostumbran a acudir a Dios varias veces al día: ofrecimiento, ángelus, bendición de la mesa, examen, oración…
3 Nosotros somos su mejor ejemplo: rezamos con ellos.
Que vean que la fe no es sólo una cuestión de cumplir con normas o seguir la liturgia sino que forma parte fundamental de nuestra vida cotidiana, como respirar.
4 Explícales el porqué de lo que no entienden bien.
La liturgia encierra claves que nuestros hijos pueden no saber interpretar. Si les explicamos su sentido, lo vivirán con más intensidad y se aburrirán menos.
5 Enséñales a hablar con Dios, que se sepan amados.
Que tengan esa sensación de filiación divina que nos permite ser como niños cuidados por Dios. Les ayudará afrontar los retos que les toque vivir.
6 Cuéntales que la fe no depende del sentimiento.
Así evitarás que dejen de practicar en momentos de oscuridad, como en la adolescencia. Dios los va a seguir ayudando aunque ellos no sientan su mano.
7 Muéstrales lo afortunados que son para creer en Dios.
Para que vivan y disfruten su fe en medio de un mundo que va en contra, tienen que darse cuenta de todo lo que ganan al haber conocido a Jesús: la salvación.
Perfectas Madres Imperfectas
Una colaboración de Raquel Caldas, Irene Pozo y María Solano en Ecclesia al Día de TreceTV con Hacer Familia