Una colaboración de Hacer Familia y Ecclesia al día.
Mantener el equilibrio entre la familia nuclear, la familia extendida y la familia política es uno de los mayores retos del matrimonio. Es tan maravilloso como complicado. Tenemos nuestra familia nuclear y, al mismo tiempo, nuestra familia extendida (la que nos vio crecer) y nuestra familia política (la que vio nacer a nuestra otra mitad). Y queremos que todo sea perfecto pero, como dice el refrán, cada uno es de su padre y de su madre.
Por eso, construir un hogar alegre que sea el nuestro, con nuestra forma de ser, con nuestras ilusiones, con nuestras alegrías y nuestros límites, es cosa de dos, y no es sencilla.
Requiere de una verdadera voluntad para que el matrimonio delimite su propia realidad, que escriba el cuaderno en blanco de esa nueva familia y crezca en el equilibrio de dar y recibir sin que se rompa la intimidad.
1 La familia nuclear es distinta de las de origen:
Parece una obviedad, pero el matrimonio tiene que construir una familia nueva, distinta de las familias de las que proceden, con sus formas diferentes de ser.
2 Hace falta un equilibrio entre amor, ayuda y autonomía:
Se tiene que mantener el vínculo con las familias extendidas, pero también se tiene que reservar un espacio propio de autonomía en que no se juzgue todo.
3 No, ni nuestra familia es perfecta ni la otra, horrible:
Tendemos a considerar que lo que hemos vivido en la infancia es lo normal, como debe ser, y nos cuesta aceptar que existen otras formas de hacer familia.
4 Somos un cuaderno nuevo que se escribe entre dos:
Con mucho diálogo, para que cada uno aporte algo de lo que trae su familia de origen, nos quedemos con lo mejor y reinventemos juntos lo que nos permita hacer hogar.
5 Y cuando hay tensiones: hablamos y nos queremos:
Porque si nos guardamos el drama, llega la bola de nieve y todo empeora. Con confianza y calma, trazamos líneas rojas y también deseos y aspiraciones.
María Solano Altaba
Directora de la revista Hacer Familia y profesora de la Universidad CEU San Pablo