El dilema de tomar decisiones, ¿y tú qué harías?

 

El dilema de tomar decisiones, ¿y tú qué harías?

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Tomar decisiones
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El ingrediente principal del arte de acompañar a los hijos en el proceso de convertirse en personas sanas y emocionalmente fuertes, capaces de arriesgarse a elegir y responsabilizarse de sus decisiones es el crecimiento afectivo de los padres. Para tomar decisiones los hijos necesitan apoyarse en conocimientos útiles. Y para conocer no solo se necesita información, sino también arriesgarse y experimentar.

¿Alguna vez has dicho ¡Mientras vivas aquí harás lo que yo te diga! o, por el contrario, ¡Haz lo que quieras, ahora que puedes!? Debemos distinguir entre autoridad y ser autoritario, entre libertad y licencia. Tan peligroso es no marcar límites como olvidarse del espacio para la negociación y pacto de acuerdos.

Solo aquel que primero ha aprendido a hacer lo necesario, incluso cuando no lo ha deseado o le ha sido cómodo, es capaz de luchar por sus sueños con libertad. El acierto en el dilema de tomar decisiones se trata de una cuestión de equilibrio. Esta balanza se sustenta fundamentalmente en un amor paternal liberador, que permita a los hijos desarrollarse como personas coherentes, autónomas e independientes.

Coleccionar experiencias

Como padres podemos proporcionarles oportunidades para coleccionar experiencias que añadan a su álbum de aprendizaje, principal semilla del conocimiento. Éste les permitirá lidiar mejor con las encrucijadas que vayan encontrando por el camino y ser capaces de enfrentarlas con valentía e integridad.

Tan válidas son las oportunidades de exploración como de infracción (¡saltando límites también se aprende!). No olvidemos que una de las fuentes más potentes de maduración y crecimiento personal es el aprendizaje de los errores, especialmente cuando derivan como consecuencias de nuestros actos.

El dilema de tomar decisiones

Algunas de las encrucijadas a las que se enfrentan los hijos a la hora de tomar decisiones pueden ser las siguientes:

¿Continúo o abandono los estudios y empiezo a trabajar?
¿Qué carrera elijo?
¿Qué grupo de amigos me conviene más?
¿Será la pareja adecuada?
¿En qué puedo invertir mi paga?
¿Qué pasa si pruebo el tabaco, el alcohol, otras drogas o adicciones?

Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres, decía Pitágoras. La educación de los hijos se beneficia más de la influencia que de la obediencia. Aprenden más de lo que hacemos y somos, que de lo que decimos. Entrenar su sentido crítico, acompañarles a tomar los mandos de su existencia y animarles a dirigirlos con sentido, sin duda es de las mejores herencias que podemos dejarles.

Al fomentar su pensamiento crítico también nosotros nos arriesgamos. ¿Y si desarrollan pensamientos, valores o intereses distintos a los nuestros? ¿Y si las decisiones que toman no nos gustan? Merece la pena asumir esos riesgos. Por el contrario, si optamos por pensar, actuar o decidir en su lugar vamos a permitir que sigan el "rebaño" de la sociedad, exponiéndoles a una mayor vulnerabilidad de manipulación del mundo y los demás en vez de potenciar su autodependencia y liderazgo.

¿Qué deben saber los hijos sobre la toma de decisiones?

Puntos clave para aprender a tomar decisiones en la vida:

- Se trata de un acto de libertad.
- El miedo al cambio es normal y sano pero debe perderse a la hora de decidir, especialmente ante el posible rechazo o enfado de los demás.
- El que nada duda, nada sabe.
- Las decisiones son personales y, por tanto, diferentes.
- Decidir no es fácil y a veces resulta más sencillo que otros decidan por mí.
- Sin embargo, la ausencia de decisiones tiende a la acumulación de preocupaciones, ansiedades y conflictos internos que impiden un desarrollo personal maduro.
- Los ingredientes esenciales para decidir son el conocimiento y el valor.
- Nadie va a decidir por ti.

Vivir implica riesgos, que aumentan con la edad. Y en reacción al caos que nos rodea, nace nuestra sensación de confusión. Esta nos lleva a desear invertir en seguridad, empeñándonos en buscar garantías de la misma inexistentes. Si nos dejamos guiar por el miedo podemos caer en la trampa de huir de la realidad, de buscar líderes que nos dirijan, den respuestas y nos garanticen una falsa felicidad, en lugar de asumir nosotros el control y forjarnos como artífices de nuestra existencia.

La actitud de los padres ante las decisiones de los hijos

- Acompañar pero no sustituir.
- Mostrar disponibilidad para escuchar y fomentar el escucharse a uno mismo.
- Ofrecer apoyo y sugerencias, resolver dudas, compartir conocimiento y experiencia.
- Transmitir confianza y valentía para decidir por ellos mismos, asumiendo el riesgo.
- Pedir que definan los motivos que les llevan a tomarlas.
- Cuestionar acerca de los objetivos que persiguen con ellas.
- Participar en su balance decisional, analizando pros y contras, ofreciendo alternativas.
- Conocer cómo la llevarán a cabo, animar a desarrollar un plan.
- Respetar la decisión tomada.
- Permitir que se equivoquen y experimenten sus consecuencias.
- Reforzar los éxitos y, ante los fracasos, realizar críticas constructivas y animarles a intentarlo de nuevo.
- Educar en tomar decisiones acordes al marco de una normativa social establecida y consensuada por la familia.
- Valorar y reflexionar sobre las consecuencias.

Lograr que los hijos se conviertan en protagonistas de sus vidas, capaces de fraguar su propio camino, parte fundamentalmente de una educación en libertad por parte de los padres. ¿Educamos o domesticamos? La principal diferencia entre ambas acciones radica en la libertad humana. Se trata de explicarles que en la vida la mayoría de veces existen alternativas entre las que se puede elegir. La libertad implica responsabilidad, asumir las posibles ganancias y pérdidas de optar por un camino y dejar otro.

Sin embargo, si esta libertad está desligada del aprendizaje de la responsabilidad, la toma de decisiones peligrará. Una adecuada actitud ante las decisiones de los hijos se basa en acompañarles en su pensar, sentir y actuar pero dejándoles en última instancia asumir el control de su vida. Nuestro mejor papel consiste en proporcionarles recursos que posibiliten una toma decisional con sentido, fundamentada en valores personales sólidos. Enseñarles que deben elegir guiados por los valores que les hemos transmitido. No obstante, la cesión de control debe ser progresiva.

Cuando los hijos son pequeños son los padres los que toman las decisiones por ellos, que las obedecen o negocian. Es conveniente que los padres fomenten que sus hijos, desde una edad temprana y bajo su supervisión, vayan tomando sus propias decisiones, comenzando por las más sencillas. A medida que vayan creciendo, la intervención de los padres debe limitarse, evitando dar consejos que sustituyan el control y libertad que a los hijos les toca asumir.

Si los hijos intentan ceder a sus padres la resolución de su dilema, se puede decir:
- "No se trata de lo que yo haría, sino de lo que tú pienses que debes hacer"
- "Valora los pros y los contras de la situación y luego decide tú mismo"
- "Esta es tu elección y tu responsabilidad"
- "No puedo decidir por ti porque yo no soy tú. En todo caso puedo hablarte de mi experiencia por si te sirve."

Si los hijos son capaces de hacer un buen uso de su libre albedrío en la toma de decisiones importantes, la cosecha de frutos durante el resto del viaje será más satisfactoria.

Irene Alústiza. Unidad de Diagnóstico y Terapia Familiar. Clínica Universidad de Navarra

Más información en el libro Las seis decisiones más importantes de tu vida, de Sean Covey.

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