Valores

Educación

Los beneficios de hacer sentir a los niños responsables de sus actos

El proceso de educación de un niño implica hacer que éste reflexione sobre sus actos. La finalidad de todo castigo, charla, o reprimenda es hacer que el pequeño sea capaz de razonar por qué lo ha hecho mal y de esta forma alcanzar un cambio, a mejor, en la actitud de los más pequeños de la casa.
Niños

Aprender a tomar decisiones: ¿quién decide qué?

Desde que nacen, la vida de cualquier hogar gira en torno a los hijos: lo que necesitan, qué se puede hacer por ellos, cómo ayudarles... Todos los padres se desviven por sus hijos tratando de cubrir esas y otras muchas más preguntas. Sin embargo, a menudo olvidan que quizá algo importante también sea enseñarles a preocuparse de sí mismos y, sobre todo, a decidir en cada momento lo que realmente quieren hacer y lo que saben que les conviene.
Tomar decisiones es una de nuestras tareas más habituales, tanto que a veces lo hacemos casi de forma mecánica. Sin embargo, se trata de un proceso con una técnica propia que debemos conocer bien. De que la dominemos o no, dependerán muchas consecuencias importantes -y también de poca monta- en nuestra vida, con cuya responsabilidad tendremos que asumir.
Por otra parte, si compartimos la opinión de que educar es ayudar a crecer en libertad y responsabilidad, tendremos que ayudar a nuestro hijo a aprender a tomar decisiones.
**lad** ¿PARA QUÉ APRENDER?
Ejercitarse en la toma de decisiones será para él un excelente ejercicio del que podrá aprender mucho. También le valdrá para estimular algunas de sus capacidades intelectuales fundamentales, como analizar, comparar o valorar distintas opciones.
Además, sentirá que participa activamente, con protagonismo, en el rumbo de su propia vida, y eso -en la medida y progresión adecuadas- será el mejor estímulo para crecer en madurez personal.
Y si se equivoca... también podrá aprender la inestimable lección de cómo lamentar decisiones pasadas, analizarlas y buscar el fallo y extraer las oportunas conclusiones.
**lad** LA DECISIÓN
Aunque nuestras decisiones suelen ser a menudo mecánicas, lo cierto es que lo que realizamos es todo un proceso en el que intervienen varias fases, todas ellas encadenadas.
Primero hemos de definir el problema u objetivo y, en consecuencia, recoger la información que podamos sobre él. Por ejemplo: No saben si ir de excursión con los amigos el sábado, así que tendrán que ver si les conviene realmente a todos, las horas que les costará llegar al destino, lo que allí podrán hacer, condiciones probables climatológicas...
Con esos datos suelen aparecer las opciones posibles -ir, no ir, aplazar el viaje-, que tendremos que someter a una valoración: ¿qué opción es mejor desde nuestro punto de vista? ¿Qué ventajas e inconvenientes presenta cada opción? Sopesando el resultado de cada alternativa y su valoración, tendremos que decidir cual de ellas es más conveniente. Quizá optemos por una que, objetivamente, no es la que más nos conviene..., pero ahí entramos en el ámbito de la libertad humana y nuestra escala de valores, a qué demos más importancia...
Pero, tomada la decisión, queda un último paso, que a menudo es el más costoso: hay que llevarla a cabo. Siendo consecuentes con nuestras decisiones es como demostramos constancia, voluntariedad, coherencia y responsabilidad.
**lad** ¿CÓMO ES MI HIJO?
Para orientar a nuestro hijo en la toma de decisiones, no siempre tendremos que potenciar las mismas fases del proceso. Cada hijo es diferente, y diferente ha de ser también la forma en que le enseñemos a pensar, valorar, optar... Tendremos que apoyarnos en sus puntos fuertes, al tiempo que fortalecemos los débiles.
De una forma general, es posible establecer cuatro estilos personales:
- El impulsivo: Primero actúa y luego reflexiona... y se lleva las manos a la cabeza, porque las consecuencias son a menudo negativas, o se contraponen unas a otras. Tendremos que ayudarle en varios campos de la reflexión: invitándole a dar razones de su elección antes de actuar, alentándole para que busque varias opciones entre las que decidir y explicándole cómo puede valorar -incluso hay métodos cuantitativos para ello- los pros y los contras de cada una de ellas.
- El indeciso: Al contrario que el anterior, reflexiona todo antes de decidir. Tiene tanta aversión al riesgo que puede incluso perder la oportunidad de tomar la decisión en sí. En este caso, le podremos ayudar proponiéndole un límite de tiempo en el que decidirse, dándole muchas oportunidades en las que tenga que elegir una opción, para crear el hábito, y fortalecer su seguridad en sí mismo con palabras de ánimo y elogio cuando la opción que eligió se demuestra que era la más acertada.
- El rígido: Este chico no se plantea siquiera la necesidad de tomar decisiones, porque hace siempre las cosas del mismo modo "porque siempre las he hecho así". Necesita que le sugiramos nuevas alternativas y formas para hacer las mismas cosas con mayores ventajas de comodidad, rapidez...; tendremos que encontrar la manera de hacerle ver el valor de la información previa antes de tomar una decisión, razonarle aquel refrán "rectificar es de sabios", y hacerle reconocer que todos nos equivocamos.
- El prudente: Probablemente es el chico mejor preparado para tomar decisiones, ya que sabe lo que quiere y cómo lograrlo arriesgando únicamente lo necesario. Es lento en la reflexión y rápido en la ejecución, sin olvidar la audacia.
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**cuadro** QUIÉN DECIDE QUÉ
A continuación exponemos una lista orientativa que os puede valer como punto de partida para ceder a vuestros hijos, poco a poco, autonomía en sus decisiones.
* Decisiones que deben tomar los padres (y que pueden ser consultadas al resto de la familia):
- Formación y objetivos en la educación de los hijos
- Presupuesto familiar
- Normas de convivencia
* Decisiones que pueden tomar -juntos- padres e hijos:
- La elección de Instituto o Universidad
- Cambio de domicilio
- Salidas nocturnas
- Estudios complementarios o trabajos de verano
* Decisiones que pueden tomar los hijos TRAS consultar con sus padres:
- Elegir carrera
- Fiestas extraordinarias
- Clases particulares
- Actividades con los amigos
* Decisiones que pueden tomar los hijos, informando LUEGO a sus padres:
- Horario de estudio y tiempo libre
- Deportes
- Salidas diurnas
- Forma de vestir, compras
* Decisiones que pueden tomar los hijos SIN dar cuenta a sus padres:
- Utilización de su ropa y objetos personales
- Actividades cotidianas
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PARA PENSAR...
· Educad a vuestro hijo en la toma de decisiones proporcionándole progresivamente campos en los que pueda tomar él las suyas propias. El hábito sólo será posible si le vamos dando oportunidades para desarrollarlo.
· Tened en cuenta que cada vez que decidís vosotros en algo donde podía haberlo hecho él sin consecuencias negativas, estáis dando un paso atrás en su educación.
· Felicitadle cuando haya ponderado bien las decisiones que tome, y respetadlas.
· Ayudadle a pensar y reflexionar con preguntas: ¿Qué quieres conseguir? ¿Qué caminos tienes para llegara a eso? ¿Qué tiene de bueno y malo cada opción?...
· Y si se equivoca... sed vosotros los primeros en animarle, apoyarle y ayudarle a enmendar la situación, recordándole que errar es de humanos.
· Recordad que debéis darle el ejemplo de seguir adelante, ser consecuentes con las propias decisiones y esforzarse en enmendar las meteduras de pata, sin agachar la cabeza ni hacer dramas.
· Sed cautos al darle libertad -a corto, medio y largo plazo-, ateniéndoos siempre a su integridad moral.
· Animadle a asumir las consecuencias de sus actos, advirtiéndole de ellas a tiempo, pero sin sentenciarle.
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