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A veces hay que caer para crecer: cuando sabes que se están equivocando pero así aprenden

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En Hacer Familia lo llamamos los «growing pains», los dolores de crecimiento. Son esas ocasiones en las que sabemos que algo no va a salir bien porque no han tomado una buena decisión y van a sufrir física o emocionalmente.

Sí, están cometiendo un error y lo sabemos. Incluso se lo hemos advertido. Pero perseveran. Es ahí donde, si no hay un riesgo claro para su vida o su integridad, hay que dejarlos seguir para que sea la realidad la que les dé la lección de cuál es el camino adecuado.

La clave está en convertir una situación negativa en una oportunidad para crecer. No es sencillo porque cuando algo ha salido mal, nuestro impulso natural es la corrección, cuando no el enfado airado que rompe vínculos.

Pero podemos ir un paso más allá: ahora que te has dado cuenta, me tienes aquí para volver intentarlo y este tropiezo te sirve para que el nuevo intento sea mejor que el anterior.

El uso de la libertad requiere en ocasiones explorar el camino equivocado para poder llegar al correcto. Y los acompañaremos en la distancia en cada cruce de caminos para que, si les hace falta, puedan contar con nuestra mano amiga para levantarse y seguir.

Te dejamos unas ideas para que hagas tuya esta reflexión:

1 Es difícil escarmentar siempre en cabeza ajena.

El refrán es sabio y, aunque no hay que probar a hacer todo para saber que no debemos hacerlo, es humano que transgredan la norma y aprendan escaldados.

2 La vida es un perpetuo comenzar y recomenzar.

Ni nosotros ni nuestros hijos somos perfectos, pero siempre intentamos mejorar. Hay que transmitirles que la vida consiste en empezar tantas veces como haga falta.

3 La caída, el tropiezo, el error, son hitos del logro.

Nos cuesta entender el fracaso como una parte de la vida, pero es que es en el error donde descubrimos que había otro camino más adecuado. Toca recomenzar.

4 Cuando caigan y ya lo vieras venir, no digas ‘te lo dije’.

Porque le robamos todo el valor educativo a ese momento y generamos animadversión y distancia. Ya se han dado cuenta ellos de que teníamos razón.

5 Nosotros estamos aquí para recogerlos y curarlos.

Nuestro papel no es que no se caigan, sino que, cuando se caigan, aprendan a ponerse de pie de nuevo y no tengan miedo de retomar el camino porque estamos ahí.

6 Después de un tropiezo, el orgullo de seguir adelante.

A lo mejor lo han hecho rematadamente mal y tenemos que decírselo, pero acto seguido: confianza, mucho cariño y que no se sientan solos para corregir.

7 Somos su mejor ejemplo: no pasa nada por confundirse.

Y es que nosotros también tropezamos y nos damos cuenta. Es bueno que pidamos perdón. No se pierde autoridad, se gana porque ven nuestro ejemplo.


Una recomendación literaria

Lo que no te han contado sobre tu hijo y te gustaría saber

Kiruca Utrera

«Tienes unos hijos muy bien educados, ¿cómo lo haces?». Esta frase y otras parecidas forman parte de esas que a cualquiera le gustaría oír. Algunos incluso pueden llegar a decir: «¡Qué bien te han salido tus hijos!», como si se tratara de una suerte de magia.

Para formar bien a los hijos, los padres tienen que trabajar y aprender mucho. A pesar de eso, el éxito no está siempre asegurado y unas veces las cosas saldrán bien y otras, no tanto. Lo importante es tener las ideas claras de lo que hay que hacer y una buena dosis de autodeterminación y paciencia.

En el libro que tienes ahora mismo entre las manos se abordan, de manera ágil y amena, todos los aspectos básicos de la educación de los hijos, con ejemplos prácticos y concretos. A través de sus páginas se te invita a que descubras lo que nadie te ha contado sobre tu hijo y te gustaría saber.


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