La obesidad infantil en España continúa siendo uno de los grandes retos para la salud de niños y adolescentes. Los datos más recientes del estudio ALADINO muestran que, entre los niños de 6 a 9 años, el 20 % presenta sobrepeso y el 16 % obesidad.
La obesidad es una enfermedad que tiende a persistir a lo largo de la vida y que puede afectar a distintos aparatos y sistemas del organismo.
La obesidad infantil es mucho más que una cuestión de alimentación
La obesidad infantil debe entenderse como una enfermedad compleja y crónica, no solo como una cuestión de hábitos.
La Asociación Española de Pediatría (AEP) reclama dejar atrás la visión de que la obesidad infantil depende únicamente de comer mejor o hacer más ejercicio.
La AEP la presenta como una enfermedad condicionada por factores sanitarios, familiares, sociales, económicos y ambientales que no afectan de igual manera a todos los niños. Por eso considera que su prevención y tratamiento no pueden recaer únicamente sobre los niños o sus familias.
Obesidad infantil: no basta con comer mejor y hacer ejercicio
La alimentación, el ejercicio, el descanso, el ocio o el uso de pantallas están condicionados por el entorno en el que vive el niño. Entre los factores que pueden influir se encuentran:
- Los recursos económicos de la familia.
- El acceso a alimentos saludables.
- Las posibilidades de practicar deporte.
- El entorno educativo.
- Las características del barrio o la ciudad.
- El tiempo y los recursos de los padres.
La AEP insiste especialmente en que las familias más vulnerables encuentran mayores obstáculos para mantener hábitos saludables, por lo que las desigualdades sociales también forman parte del problema. Por ello, es necesario facilitar hábitos saludables a todos los niños y sus familias para que puedan incorporarlos en su día a día.
Porque prevenir la obesidad infantil no consiste simplemente en decirle a un niño qué tiene que comer, sino en crear un entorno que le permita vivir de manera saludable.
Cómo prevenir la obesidad infantil desde los primeros 1.000 días
La prevención de la obesidad infantil puede comenzar incluso antes del nacimiento. La AEP sitúa una parte fundamental de la prevención en el periodo preconcepcional y en los primeros 1.000 días de vida.
Durante esa etapa cobran especial importancia el estado nutricional de la madre antes y durante el embarazo, el crecimiento en los primeros meses, la lactancia materna, el ejercicio, el descanso, reducir el sedentarismo y limitar el uso de pantallas.
Porque la prevención de la obesidad no comienza cuando aparece el exceso de peso, sino mucho antes.
Tratamiento de la obesidad infantil: una atención adaptada a cada niño
La AEP considera insuficientes las recomendaciones generales y propone una atención individualizada, continuada y multidisciplinar.
El pediatra actuaría como profesional de referencia, coordinándose cuando sea necesario con especialistas hospitalarios y otros profesionales que puedan ayudar a descubrir los motivos tras una posible ansiedad con la comida que puedan derivar en una TCA.
Además de las intervenciones sobre alimentación, actividad física y otros estilos de vida, existen nuevas posibilidades terapéuticas, incluidos tratamientos farmacológicos cuando estén indicados. Estos deben prescribirse y supervisarse correctamente y ser accesibles independientemente del lugar de residencia o de la situación socioeconómica de la familia.
Obesidad infantil: combatir la culpa y el estigma
Otro punto importante que propone la AEP es combatir la culpabilización y el estigma que todavía, a día de hoy, van de la mano con la obesidad. Estos prejuicios también pueden estar presentes en el ámbito sanitario y manifestarse en el lenguaje utilizado para referirse a la obesidad. Por ello, la AEP recomienda utilizar un lenguaje respetuoso y ofrecer una atención centrada en la persona y basada en la evidencia.
Porque los prejuicios y la culpabilización pueden afectar a la autoestima, a la salud mental y a la calidad de vida del menor.
De la obesidad infantil a la obesidad en la edad adulta
Pero el problema no termina en la infancia. Ocho de cada diez adolescentes con obesidad continúan teniendo obesidad en la edad adulta.
Por ello, la atención no debería terminar cuando el adolescente abandona la consulta pediátrica. Es necesario establecer protocolos de transición entre Pediatría y los servicios de adultos que garanticen la continuidad del seguimiento y del tratamiento, independientemente de la edad.
Y es que no se trata de un problema puntual de la infancia, sino de una cuestión de salud presente y futura.

Los hábitos alimentarios se establecen en los primeros años de la vida y se mantienen con pocos cambios a lo largo de toda la vida. Por eso es tan importante que esos primeros pasos se den de la mano de quienes conocen bien el mundo de los niños y el mundo de la alimentación infantil.
En este pequeño libro práctico sobre alimentación infantil se unen la experiencia de un pediatra con muchos años de ejercicio clínico con el saber y el buen hacer del Departamento de Dietas de la Clínica de la Universidad de Navarra. Un libro construido sobre las preguntas oídas a lo largo de los años en la consulta o a través de la colaboración con los medios de comunicación.
Para los buenos padres que quieren ser mejores padres.
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