Actualizado 21/07/2021 13:33 CET

Contra el botellón: Islandia, la juventud más sana de Europa

Islandia, un ejemplo contra el botellón
Islandia, un ejemplo contra el botellón - ISTOCK

Nuestro país tiene un evidente problema con el alcoholismo juvenil. No nos engañemos, muchos se emborrachan porque no tienen nada mejor que hacer a tan bajo coste. El reto está en ofrecerles alternativas más atractivas para que beber hasta el coma etílico sea lo último que les apetezca.

Según datos del Ministerio de Sanidad, el porcentaje de adolescentes españoles que empiezan a beber alcohol a edades tempranas es alarmante: la media se halla en torno a los 13 años. El 75,1% de los adolescentes de entre 14 y 18 años ha consumido alcohol alguna vez en su vida, y 6 de cada 10 adolescentes admiten haberse emborrachado al menos una vez. En total, más de un millón de jóvenes hicieron botellón en 2016, según indican los estudios de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD).

Pero lo más preocupante no son los datos, sino la motivación que les llevan a consumirlo.

Además de la curiosidad habitual por comprobar sus efectos, los adolescentes perciben el alcohol como un trampolín que les ayuda a evadirse de la realidad y desinhibirse ante desconocidos.

Además, en las encuestas, muchos de ellos argumentan que el botellón es uno de los pocos planes 'de adultos' que se pueden permitir debido a las limitaciones económicas propias de su edad.

En conjunto, el panorama parece bastante pesimista. Cabría incluso pensar que no hay soluciones viables y que, como padres, lo mejor es resignarse con pesimismo a que el botellón forme parte de la adolescencia de los españoles. Pero en realidad nos equivocamos. Sí existen alternativas y, de hecho, en algunos países ya ha quedado demostrada su eficacia. La clave, como se muestra a continuación, no está en tomar medidas gubernamentales ni dar charlas en los colegios, sino que empieza por algo mucho más esencial: la vida en familia.

Islandia, la juventud más sana de Europa

Uno de los éxitos más rotundos lo obtuvo Islandia con su programa Youth in Iceland. A finales de los noventa, la juventud islandesa presentaba las mayores tasas de consumo de alcohol en Europa. 20 años después, Islandia encumbra la clasificación europea de jóvenes con un estilo de vida saludable. En 2016, por ejemplo, apenas el 5% de los adolescentes reconocía haber consumido alcohol en el último mes. ¿A qué se debe el cambio? No es ningún milagro, sino el resultado de un plan estratégico desarrollado a lo largo de dos décadas y que ya ha empezado a imitarse en Europa y otros países tan lejanos como Corea del Sur o Guinea Bissau.

En 1998, los expertos constataron que las charlas escolares contra las bebidas alcohólicas no estaban dando ningún resultado y que la vida adolescente seguía fluyendo en torno al botellón. Fue entonces cuando los creadores del programa Youth in Iceland decidieron poner en marcha su proyecto. El primer paso fue recopilar datos en los ámbitos escolar, comunitario y municipal. Los informes demostraron que cuanto más tiempo pasaban los menores con su familia, menor era el riesgo de consumir alcohol. Por tanto, una de las primeras medidas fue crear por ley organizaciones de padres en cada colegio para fortalecer los vínculos entre la familia y los centros educativos.

La vigilancia y el apoyo de los padres dieron resultados muy positivos.

No obstante, los estudios también mostraban que una mayor participación en actividades extraescolares disminuía el riesgo de consumir sustancias adictivas. El deporte en equipo, por ejemplo, generaba las endorfinas necesarias para que los jóvenes se mantuvieran alejados del alcohol al tiempo que su cerebro experimentaba sensaciones nuevas. Esto mismo sucedía con otras actividades como el teatro, la música o el arte.

A raíz de aquel descubrimiento, el Gobierno de Islandia empezó a destinar un presupuesto cada vez mayor a la oferta de este tipo de actividades para adolescentes y el programa empezó a cosechar un éxito cada vez más consolidado.

Para completar el programa, sus creadores pidieron que se reforzara con una serie de medidas legales que dificultasen el consumo de alcohol entre los más jóvenes. Por ello, desde entonces los menores de 12 años tienen prohibido salir solos de casa por la noche y la vigilancia policial se ha incrementado en todos los municipios. Por otro lado, se han retirado los anuncios publicitarios de bebidas alcohólicas y la edad mínima para comprar alcohol se ha elevado a los 20 años.

España: empezar por los cimientos

Si bien el caso de España no es tan extremo como el de Islandia en los años noventa (de hecho, estamos por debajo de la media europea), aquí también ha sido necesario tomar medidas de prevención, como las multas de hasta 600 € por beber alcohol en la vía pública.

Varios municipios españoles han empezado a participar en el movimiento Youth in Europe, un programa a imitación del islandés, pero ampliado a todo el territorio europeo. Solo en Tarragona, por ejemplo, ya hay más de 4.000 adolescentes involucrados y los resultados hasta la fecha están siendo muy satisfactorios.

Es evidente que las iniciativas por parte del Gobierno y, en particular, en el ámbito municipal, tienen un impacto muy positivo, pero no dejan de ser medidas externas. Lo importante, según indicó el experimento en Islandia, es empezar por los cimientos, ya que la mayoría de factores gira en torno al hogar y la educación. Muchos adolescentes empiezan a beber para hacer frente a la tristeza o a los problemas que surgen en su entorno familiar. Si pudiéramos evitar esto a tiempo, no tendrían que recurrir al alcohol como vía de escape.

Lo primero que necesitan los padres son respuestas. Un primer paso, por tanto, es identificar los motivos por los que los adolescentes empiezan a beber, de manera que se les pueda ofrecer a cambio una alternativa mejor. Según las razones de cada adolescente, ofrecemos una serie de propuestas que los padres pueden llevar a cabo desde casa para mantener a sus hijos alejados del alcohol y entretenidos con planes sanos y creativos.

Laura Revuelta Guerrero

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