Actualizado 25/03/2022 08:59

¡No tengo nada que ponerme!

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La desesperación frente al armario de los adolescentes - ISTOCK 

La desesperación frente al armario se convierte a diario en una pesadilla para muchas familias con adolescentes. ¿Qué se esconde tras esa necesidad de encontrar el outfit perfecto? ¿Por qué es tan dramático que les salga un grano? ¿Qué hace que para sacar al perro necesiten vestirse como si fueran de fiesta? ¿Por qué tiene que ser concretamente la sudadera amarilla, aunque esté sucia? La responsable de todas estas barrocas y desesperantes escenas cotidianas en la vida de una familia con adolescentes es una de las tareas evolutivas más importantes durante esta etapa de nuestro ciclo vital.

¿A qué viene esa obsesión con la imagen? Esta es una de las preguntas que muchas familias se hacen cuando observan, día tras día, la lucha con el armario de las personas adolescentes de su vida. Cuando contemplan los asombrosos modelitos adolescentes que no entienden de bajas temperaturas o de protocolos sociales. Da igual si hace frío o calor. Da igual si es una boda o un picnic en el campo. Una persona adolescente siempre va vestida para la ocasión... según su propio código de estilo, claro.

Ese código de estilo adolescente recibe su inspiración de las personas a las que sigue, en redes sociales o fuera de ellas, a las que admira y en las que se proyecta. Forma parte de un complejo proceso, aunque tiene una explicación sencilla: la necesidad de construir la propia identidad. Ese importante proceso, que es clave en nuestro desarrollo, pasa por la excesiva atención a la propia imagen. Las personas adolescentes de nuestra vida están construyendo ahora mismo su autoimagen y, en el proceso de hacerlo, además de hacer muchos cambios y mirarse con lupa, van a sentirse observadas continuamente, por ellas mismas y por su entorno.

¡Es que no tengo nada que ponerme, mamá!

Uno de los mecanismos que tenemos para construir nuestra identidad, y la imagen que tenemos de nosotras mismas, es la autoconsciencia. Esa capacidad de sentirnos, mirarnos y analizarnos al detalle. Ese pelo que está fuera de sitio. Esos pantalones que dejan ver exactamente la goma del calzoncillo en la que se lee la marca. Ese hombro al aire que descubre exactamente la tira negra de la camiseta. Ese rabillo del ojo simétrica y perfectamente delineado. Esa pelea diaria ante el armario porque: "¡Es que no tengo nada que ponerme, mamá!".

En esta etapa somos más autoconscientes que en el resto de nuestra vida y prestamos más atención que nunca a nuestro aspecto porque sentimos que nos están mirando continuamente. Sentimos que en cualquier momento podemos encontrarnos con alguien importante. Si salgo a pasear al perro y me encuentro con esa persona que me gusta, tengo que asegurarme de mandar las señales adecuadas, de que me reconozca como parte de su tribu. Si voy a relacionarme con otras personas en un evento social, tengo que proyectar exactamente esa imagen con la que siento más seguridad porque ahora estoy sola ante el peligro y dentro de mí se están produciendo muchos cambios que me hacen sentir inseguridad.

Las personas adolescentes salen al mundo por primera vez y se enfrentan solas a la importante tarea de "encajar" en un grupo, de "ser queridas" por ser ellas mismas, no por ser hijas, nietas o hermanas de alguien. Su aspecto (la ropa que llevan, su peinado, etc.) es la primera forma que tienen de expresar quienes son. Los experimentos con su aspecto son el primer sonido de su propia voz y, si queremos llegar a escuchar esa voz alto y claro algún día, debemos dejarlas experimentar. Por eso es tan importante respetar su proceso de búsqueda, de prueba, acierto y error: porque gracias a ese proceso llegarán a ser las adultas que serán.

Eso no quiere decir que no las acompañemos para evitar consecuencias desagradables, de hecho, va a ser más necesario que nunca que estemos a su alrededor ayudándolas a tomar decisiones que no sean demasiado arriesgadas. Para que nos dejen acompañarlas y podamos facilitar la exploración de su identidad, es importante que no juzguemos lo que escogen, que seamos cómplices de su experimentación y las ayudemos a reflexionar sobre aquellas decisiones que impliquen mayores riesgos.

Hazte cómplice de sus experimentos

Es vital evitar comentarios sobre su aspecto, especialmente en público. La vergüenza es una de las emociones más presentes en la etapa. Desactiva los comentarios que hagan las personas del entorno sobre su imagen. Esa abuela que dice: "¡Cómo te has engordado! Esa tía que dice: "Antes te quedaba mejor el pelo". Hazte cómplice de sus experimentos y ayúdalas a expresarse. Acércate a las cosas que le gustan, sigue a las personas que siguen y entenderás cuáles son sus modelos, así podrás hacerles propuestas que vayan en la línea de lo que más les interesa.

No niegues de entrada ni prohibas lo que te pidan. Sentaos y buscad conjuntamente información sobre lo que han pedido. Plantea situaciones y haz preguntas para que piensen y se imaginen en diferentes circunstancias relacionadas con lo que quieren hacer. Anticipar con ellas las diversas consecuencias de las decisiones que quieren tomar es más efectivo que no permitir lo que quieren hacer. Llegad a acuerdos sobre cuándo y cómo van a hacer lo que quieren hacer, asegúrate de hacer que reflexionen sobre las implicaciones de lo que van a hacer e involúcrate en ello de alguna forma.

Por ejemplo, si la persona adolescente de tu vida te pide hacerse un tatuaje, uno de los temazos de la etapa, no le digas que no de entrada o puede que te sorprenda haciéndoselo por su cuenta contra tu voluntad. Siéntate con ella y busca información sobre los tatuajes, lo que supone hacérselos, los cuidados que necesitan, etc. Podéis ir a hablar con profesionales del tema para que os expliquen el proceso con detalle. Si después de esto todavía se lo quiere hacer, llegad a un acuerdo sobre el lugar del cuerpo en el que se lo va a hacer y sobre el momento de hacerlo (a una edad concreta o en un momento concreto).

Buscad juntas el establecimiento donde se va a hacer el tatuaje (asegúrate de que la haces reflexionar sobre los criterios a seguir a la hora de buscar este tipo de servicios). Ayúdala a escoger lo que quiere tatuarse o invítala a compartir contigo lo que quiere tatuarse. Que te explique por qué, de dónde sacó la inspiración, etc. Te servirá para acercarte a ella y conocer sus referentes. Acompáñala a hacérselo y, si te atreves, hazte uno tú también. Asegúrate de que lo cuida bien una vez se lo ha hecho y ayúdala a hacerlo. Esto es solo un ejemplo, pero funciona con todo lo que se les pueda ocurrir probar durante toda la etapa.

Las consecuencias de no facilitar la exploración de su identidad durante la adolescencia pueden dificultar el acompañamiento de la etapa y deteriorar mucho las relaciones familiares. Pueden producirse discusiones continuamente, desafíos constantes, mentiras, pueden ocultar lo que hacen o se hacen, pueden perder la oportunidad de conocer sus intereses y diseñar un proyecto de vida propio. La oposición de las familias a su búsqueda puede causarles mucho malestar emocional y ya sabemos que en la adolescencia el malestar emocional da como resultado conductas de riesgo.

La experimentación es temporal: ¡paciencia!

Como consuelo ante tanto acopio de paciencia y esfuerzo, nos queda saber que esta experimentación es temporal. Algún día comprobaremos que estar a su lado como necesitaron nos permitió cuidar nuestra relación, fortalecer nuestro vínculo, reforzar su autoestima y facilitar que llegasen a su vida adulta con seguridad, sintiéndose queridas tal y como son. Su identidad se irá definiendo a lo largo de toda su vida, pero este primer momento de encuentro con ellas mismas les habrá permitido entrar a la vida adulta pisando fuerte.

Algún día las personas adolescentes de nuestra vida dejarán de pasarse tres horas probándose modelitos antes de salir, exigiéndonos la adquisición de prendas porque "¡No tengo nada que ponerme!", pidiéndonos tatuarse porque "¡Es mi cuerpo!", llamándonos la atención cuando les decimos algo que las avergüenza o tomando decisiones arriesgadas porque "¡Es mi vida!". Hasta ese momento, démosles la oportunidad de investigar y descubrir quiénes quieren ser.

Sara Desirée Ruiz. Educadora social especializada en adolescencia Instagram: @adolescencia.sara.desiree.ruiz Twitter: @SaraDesireeRuiz

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