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MÁS QUE ABUELOS
José Manuel Cervera González

La comunicación familiar

     

La comunicación es el cauce de transmisión de información entre dos o más personas, sabiendo que lo que decimos, de modo intencional o no, influye en el otro. Por ello es necesario manejar la empatía, que es saber ponerse en el lugar del otro.

Los abuelos debemos constituirnos en el centro de la comunicación familiar y por ello, cuando están con nosotros, todos los miembros de la familia extensa, deben sentirse acogidos, escuchados, comprendidos, y si es el caso y el momento, pueden recibir de nosotros los consejos oportunos.

Será un buen objetivo el lograr que en nuestra casa se viva un ambiente de afectividad y apoyo mutuo que anime a acudir a ella. Por el tiempo ya vivido nos debemos conocer y seguir dispuestos a luchar por superar los defectos que puedan molestar a los demás, para así poder transmitirles lo mejor de nosotros mismos.

Comunicación en familia
Foto: THINKSTOCK 

En nuestras conversaciones el respeto al otro nos exige escucharle toda su argumentación, sin interrumpirle, con paciencia, con una escucha activa, que es mucho más que el mero oír. Alguien me dijo en una ocasión que "escuchar es amar con el oído".

"El verdadero diálogo es aquel que parte de la base de que el otro puede tener razón, * pues, la dialéctica consiste no en buscar el punto débil de lo dicho por el otro, sino más bien en encontrar su verdadera fuerza" (Hans-Georg Gadamer)

El buen conversador es aquel que ante todo sabe escuchar, escuchar y escuchar y, en el momento oportuno, hablar y, si es necesario y conveniente dar un consejo, pues así se asegurará de que el otro ha entendido bien el mensaje transmitido. Por esta razón, hay que crear un ambiente amable, en un lugar adecuado y en el momento oportuno, para que un hijo o un nieto se animen a contarnos sus problemas y pedirnos consejo.

"El hombre es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras" (Oliveros F. Otero)

Las palabras adecuadas

A los abuelos se nos puede exigir por nuestra sabiduría, nuestra prudencia y por la experiencia educativa, el pensar antes de hablar y por ello, saber cuando hay que hablar y cuando corresponde callar en la relación familiar con nuestros hijos y nietos.

Sin duda, la palabra es el mejor medio de comunicación y, por ello, los abuelos tendremos que cuidar que nuestras palabras sean oportunas, no imprudentes, ni impositivas o hirientes, aunque esto nos suponga "mordernos la lengua" en más de una ocasión.

Los abuelos debemos expresarnos con un lenguaje cordial, digno, evitando las chabacanerías al uso actual, hablando con serenidad, con gesto y mirada amable y cariñosa, que facilite el que hijos y nietos acepten nuestros mensajes.

La casa de los abuelos es con frecuencia el centro de las reuniones familiares donde todos saben que son bien acogidos y que pueden venir cuando lo deseen, e incluso avisando previamente, a comer con los abuelos.

Para los nietos la casa de los abuelos es "guardería", con mayor o menor frecuencia según las circunstancias de trabajo de los padres, y también es "academia de repaso" donde se ayuda a los nietos a realizar los trabajos escolares y se les enseña a estudiar. Y todo ello sin interferir en la labor educadora de los padres que son y deben ser los primeros educadores de sus hijos.

Sin duda, a los abuelos nos rejuvenece el contacto con los nietos, si bien podemos quejarnos tanto de convivir poco con ellos como de lo contrario, cuando los padres nos quieren convertir en meros cuidadores o "canguros" como ahora se llama. Suelo decir con relación a los nietos que es una alegría cuando vienen y otra alegría cuando se van.

En cuanto a los hijos casados es lógico que nuestro amor de padres nos lleve a desear conocer cómo se desarrolla su vida, pero siempre con prudencia, respetando su intimidad familiar y sin dar muestras de lo que podría ser una curiosidad malsana.


Los abuelos debemos estar disponibles, sin entrometernos en la vida familiar del hijo y aconsejar tan sólo cuando él lo pida, y al hacerlo respetar al máximo su libertad, sin tan siquiera intentar suplantarle en la decisión que es él el que debe adoptarla.


Bien es cierto que en ocasiones los abuelos podemos sentir el dolor de la soledad, real quizá porque los hijos viven alejados, o estimada por nosotros, ya que nuestro afecto paternal propicia el que deseemos conocer más de "cómo les va la vida".

Pero hemos de evitar el sentirnos heridos y reprocharles la poca información recibida de su vida profesional y familiar, y siempre sabiendo buscar una disculpa a su retraso de noticias. Conviene dar el primer paso e informarles de nuestra vida y en su caso de la del resto de la familia para animarles así a comunicarse con nosotros.

Sin embargo, en ocasiones los abuelos debemos esforzarnos bastante para mantener estas relaciones de cohesión de hijos y nietos -la familia extensa-, sobre todo cuando los hijos no viven en la misma ciudad, y también es lógico pensar que el contacto directo entre los hermanos será menor. Conviene que los abuelos actuemos de informadores a los hijos y nietos de las noticias de las familias de sus hermanos y primos.

El teléfono ha sido el medio tradicional para charlar periódicamente con las familias de los hijos, pero actualmente animo a los abuelos a que utilicen Internet pues es un cauce mucho más eficaz para la comunicación familiar. El correo electrónico es un medio rápido de conexión familiar, y también se puede organizar un chat - conversación simultánea a través del ordenador -, y que incluso si se tiene una pequeña cámara, permite ver la imagen del interlocutor por lejano que se encuentre.

También, hay familias que mantienen un blog donde cada uno va volcando retazos de su vida. Otras familias se unen a una red social para incluir en ella noticias y fotos familiares.

En conclusión, propongo a los abuelos "lanzarse" a utilizar los medios que la informática pone a nuestro alcance para intensificar la comunicación familiar.

José Manuel Cervera González. Secretario de la Asociación de Abuelas y Abuelos