Actualizado 23/07/2020 10:21:04 +00:00 CET

Elisa Molina: "Tenemos que rechazar ya los castigos y amenazas que tanto minan a los niños"

Elisa Molina, maestra y fundadora de Educar en calma
Elisa Molina, maestra y fundadora de Educar en calma - HACER FAMILIA

Dedicamos mucho tiempo a prepararnos para nuestros trabajos y sin embargo, para la empresa más importante que vamos a montar en esta vida que es tener hijos y hacer una familia apenas le dedicamos formación, tiempo y dinero. Elisa Molina, maestra de Educación Infantil, y fundadora de Educar en calma, reivindica esta preparación desde sus páginas.

Para ayudar a padres y madres a tener un hogar mucho más feliz, a partir del 20 de julio se va a celebrar el I Congreso de Educar en calma, un proyecto que nació de la necesidad de querer cambiar el mundo de las familias a través de la educación. Hoy, esta madre de 4 hijos, se dedica a hacer talleres de forma presencial y online, dar cursos y a alimentar el sueño de muchos padres de educar en el ejemplo a sus hijos.

Educar en calma

P. ¿Qué significa 'educar en calma'? ¿Y por qué es tan importante no perder los nervios en la educación de los hijos?
R. Educar en calma es una filosofía de vida, una forma de relacionarnos con la infancia y con los adultos desde el respeto y tratándolos con dignidad. Creo que es fundamental que eduquemos a los niños con estos valores y estas habilidades que van a necesitar. A veces, vemos cómo la infancia es la gran olvidada. Es importante no perder los nervios porque los niños nos aprenden a nosotros y es poco coherente y práctico decirle a un niño no grites cuando tú estás gritando. Los niños ver en sus padres sentido común y también sentido del humor, responsabilidad, libertad y ese aliento que todos necesitamos para seguir creciendo.

P. Este es el primer congreso que organiza Educar en calma, ¿en qué consiste en la práctica? ¿Qué objetivos busca conseguir?
R. Estoy muy ilusionada con este proyecto que sale ahora y comienza el día 20 de julio. Son 5 días con 48 ponencias de 48 expertos a nivel internacional, que nos van a hablar de lo que es Educar en calma, pero más a fondo. Vamos a ver lo que es una maternidad más respetuosa y amable, una educación positiva, abordaremos la parte de liderazgo, la educación con normas y límites, la relación entre hermanos* Entre los objetivos, queremos llegar a muchas familias porque se puede y se debe educar en calma. Los padres tenemos que trabajarnos y trabajar con nuestros hijos para ser sin duda esa mejor versión de cada uno de nosotros.

P. ¿Cómo podemos participar en el congreso?
R. Es fácil. En la página Educar en calma, encontraréis en el menú Congreso donde os podéis apuntar. Va a ser gratis durante 5 días. Cada uno de los días podéis acceder a las ponencias gratuitas, y el que quiera puede acceder al pase Premium, que permite disfrutar durante un año de todas las ponencias entrando cuando lo necesite.

P. La crianza respetuosa es uno de los ejes de este congreso. ¿Qué deberíamos respetar ante todo en la crianza?
R. Venimos de una historia complicada, donde las relaciones horizontales no existían, eran verticales. Hace no tanto lo que decía papá era más importante que lo que decía mamá. La familia estaba estructurada en esa escalera vertical. Ahora estas relaciones han cambiado, los niños necesitan ser tratados en igualdad y a partir de ahí ir creciendo.

P. ¿En qué fallamos los padres?
R. Fundamentalmente, en que rechazamos el autoritarismo en el que hemos sido criados y como no sabemos hacerlo de otra manera nos pasamos a la permisividad, dándoles todo el poder a los niños y luego nos encontramos con programas y con libros que nos hablan de pequeños tiranos. No tenemos que irnos ni al autoritarismo, ni a esa permisividad, tenemos que encontrar una educación más democrática, donde los niños nos perciban como líderes, como los responsables, al tiempo que vamos empoderando a nuestros hijos en esas habilidades y recursos que vamos a necesitar. Entonces, necesitamos aprender, sí, porque tenemos que rechazar ya los castigos, las amenazas, los chantajes... que tanto daño hacen y tanto minan la moral de los niños. Por este motivo, tenemos que adoptar nuevas estrategias y herramientas que nos permitan educar de una forma más tranquila, mucho más serena, en definitiva, educar en calma.

P. Educar en positivo es ya una reivindicación para muchos expertos, ¿cómo podemos trasladar esto a la crisis sanitaria que estamos viviendo?
R. Educar en positivo significa ser responsable y educar en fortalezas. No podemos construir en debilidades.

Decir a la gente lo mal que lo está haciendo o si son inconscientes o egoístas no construye, destruye.

Vamos a empoderar a las personas en esta crisis sanitaria, vamos a decirles que tienen una pequeña parcela de poder, donde cada uno de nosotros, ejerciendo con libertad y responsabilidad, podemos actuar y podemos tomar parte para parar esta crisis sanitaria. Al final, una educación en positivo no es solo para los niños, hay que integrarla en tu día a día, y consiste en ver que tienes unos valores y un sentimiento social, es decir, que lo que yo haga repercute no solo en mi vecino o en mi abuela, sino en todo el mundo. Cuando tenemos una conciencia de que todo lo que hagamos aquí tiene una repercusión en otro lado del planeta, actuaremos a favor de temas como el ecologismo o en la prevención del contagio durante la pandemia. Tan importantes son los sanitarios que han estado en primera línea, como las personas que han estado en atención en supermercados y farmacias, como nosotros que nos hemos quedado en casa.

P. ¿Cuáles son las claves para una resolución pacífica de conflictos en familia, con hijos de todas las edades?
R. La crisis sanitaria ha traído ese confinamiento extremo que ha sido duro, porque el roce hace el cariño, pero también puede causar rozaduras. Es importante saber que los conflictos son buenos. Es saludable que todos tengamos conflictos en nuestras casas, significa que cada uno tiene una opinión, piensa diferente y la diversidad es buena siempre que haya un respeto y una búsqueda de soluciones.

P. ¿Qué ha pasado con los adolescentes?
R. En primer lugar, que han sido los grandes olvidados, incluso cuando se han marcado esas posibilidades de salir a la calle ha habido una franja de edad que ha sido olvidada. A veces, olvidamos cómo son los adolescentes, qué necesitan, y cuando actúas solo con la conducta, intentas minarla y que desaparezca y no ves las necesidades reales que tienen, es muy difícil que ellos cedan y digan a pues sí, es verdad, estás pensando en mi bien y en mi futuro.

Cuando sientes que no se te tiene en cuenta, que eres el gran olvidado, que no eres sentido, al final se provoca la rebeldía.

Nosotros los adultos tenemos una ventaja y es que todos hemos sido adolescentes, lo que pasa es que a veces lo olvidamos. Pensemos un poco cómo nos relacionábamos con nuestros padres y cuando nos marcaban una hora para llegar a casa pensábamos que eran unos padres maravillosos o pensábamos que es que el padre de mi amigo le deja un ratito más* Vamos a intentar construir con ellos, llegar a acuerdos, que vean que su opinión nos importa y así conseguiremos que cooperen.

P. El confinamiento ha sido una prueba dura para muchas parejas, ¿qué soluciones propones para que los hijos no sean los grandes perjudicados?
R. Que nos llevemos mejor o peor con nuestras parejas es un tema de pareja, pero a nuestros hijos hay que protegerlos. Hay que cuidar infancia, y que nos llevemos mal con nuestra pareja no significa que nuestros hijos se vean perjudicados. Debemos ejercer nuestra maternidad y paternidad de forma responsable, eso significa que habrá cosas que podamos rebatir incluso delante de ellos, pero en otros temas no podemos cargar ese peso a los niños. No es lo mismo plantear un divorcio delante de los niños, que decidir qué vamos a comer hoy. Es verdad que el confinamiento ha sido duro, 24 horas juntos saca lo mejor y peor de nosotros y hay que entenderlo. Cuando tenemos un proyecto de futuro como puede ser la familia, creo que habrá más cosas positivas que negativas. Es verdad que necesitamos ratos de soledad, aunque solo sea para sacar la basura o pasear al perro, pero lo importante es que necesitamos colaborar mucho, ya que la conciliación implica ceder en ocasiones, plantear las cosas de forma respetuosa y no decir lo primero que se nos viene a la cabeza porque a veces conviene parar un poco, contar hasta 10 y dar nuestra versión. Esto no es tragar con todo, es reflexionar y luego buscar soluciones.

P. ¿Cómo debemos entender el concepto de maternidad amable? ¿Es compatible con el ejercicio de la autoridad y la gestión de límites y normas a los niños?
R. La maternidad amable es un concepto que está enfocado a cómo entiendes la maternidad contigo misma. Al ser madres nos sentimos muy realizadas y muy culpables cuando le hemos dado tres gritos a nuestros hijos.

Maternidad amable es lo que se persigue cuando queremos cuidarnos más, para ofrecer tu versión y así educar mejor a tus hijos.

Las mamás somos expertas en dejarnos de lado, en olvidarnos. Primero se viste a los niños, nos preocupamos de que vayan guapos, de que estén bien alimentados y mientras nosotras seguimos con el moño mal peinado, somos las últimas en ducharnos y esto también repercute en cómo nos vemos y en cómo nos tratamos. A veces, necesitamos mirarnos en un espejo y vernos bien, no solo en el aspecto físico, sino también en el espiritual y en el mental. Podemos ser amables y firmes al mismo tiempo. Poner límites a los niños es más que necesario, pero además de ser amables, tenemos que ser flexibles, escuchar a los niños de forma activa para buscar juntos soluciones a lo que les preocupa.

P. ¿Cómo conseguir ser la mejor versión de ti misma/o como padre o madre para tus hijos?
R. Para conseguir ser tu mejor versión tienes que ser muy humilde y a la vez tienes que tener mucho coraje. Humildad para saber que no eres perfecto, porque a veces llegamos a la maternidad o la paternidad queriendo ser el mejor padre o madre del mundo y pronto te das cuenta de que eso es imposible porque de repente has gritado a tu hijo. Lo importante es proponerse pequeños retos como intentar hacerlo lo mejor posible hoy mirando al mundo con optimismo. Los niños tienen tantas ganas de aprender y tienen toda la vida para aprender empatía, resiliencia, ser respetuosos… y para eso nos necesitan como modelo. Por este motivo, debemos trabajarnos a nosotros mismos. Los padres somos el primer impacto que tienen los niños con el mundo social. Somos el primer agente educativo y debemos saber que tenemos una importancia brutal en la vida de nuestros hijos, así que hay que valorarse y tomar conciencia, responsabilidad y así conseguir ser nuestra mejor versión para conseguir esas características que nos gustaría dentro de 25 años.

P. ¿Qué necesitamos para entender un poco mejor a nuestros hijos y comunicarnos mejor con ellos?
R. Lo primero que necesitamos es tiempo en familia. Tenemos unas jornadas de trabajo muy largas. A veces la falta de conciliación hace que los niños pasen muchas horas escolarizados y llegamos a casa muy cansados porque tenemos atascos, una vida complicada, tenemos que dar respuestas rápidas en estas nuevas tecnologías que vienen a facilitarnos la vida y a veces parece que nos la complican y pasamos poco tiempo en general con nuestros hijos. Lo primero que necesitamos es pasar más tiempo con ellos y comunicarnos a través de la escucha porque a veces es más importante escuchar que hablar. Esto con los niños no lo solemos hacer, damos muchas explicaciones y sermones, y así no podemos educar de forma respetuosa. Debemos saber cuáles son las preocupaciones de nuestros hijos y a partir de ahí mostrarnos disponibles, dar nuestra opinión, ver qué nos ha pasado a nosotros porque la experiencia es un grado y depositar en ellos la confianza suficiente para saber que elijan lo que elijan, nosotros vamos a estar ahí, porque los queremos de forma incondicional.

P. Madre teletrabajadora en casa, cuidando niños, cocinando y poniendo lavadoras… ¿qué hacer cuando no llegamos a todo? ¿cómo cuidarnos si no tenemos tiempo?
R, Es un momento complicado, es verdad que el confinamiento y el Covid no están ayudando y es la realidad de muchas mujeres, trabajar dentro y fuera de casa.

Necesitamos parejas corresponsables. Los niños no son de las mamás, son de todos. Por eso, la sociedad también debe ser corresponsable.

Tener un hijo no es algo único solo de una pareja es una cuestión de la sociedad completa. En general, ayudamos poco, quizás porque esa sociedad que estaba acostumbrada a vivir en tribu está desapareciendo con las grandes ciudades y quizás deberíamos volver a tener esos apoyos. Es importante que la pareja sea correponsable, que ayudemos entre todos y, como no también, educar a los niños para que aporten. Pueden hacer cosas pequeñas, pero con mucho valor como poner y quitar la mesa desde que tienen año y medio, para liberar a los papás. Estos también deben saber delegar porque no somos superwomans, no podemos con todo y tenemos que delegar y pedir ayuda. Eso no nos hace más débiles o vulnerables, sino más humanas. Y si tenemos que elegir entre tener la casa limpia, los niños felices o una mente cuidada pues que cada uno que haga sus. Quizás los niños no se acuerden de una casa limpia, pero sí de una mamá que reía y sonreía y les hacía cosquillas al final del día.

P. ¿Cómo adaptar a los niños a esta vuelta al cole atípica?
R. Los niños nos han dado una gran lección: ellos se adaptan mucho antes que nosotros. Han demostrado que cuando hay que meterse en casa lo han hecho sin problema y han salido a las ventanas a aplaudir. La educación es un derecho de los niños y hay que protegerla por encima de muchas cosas. Habrá que buscar escenarios que sean respetuosos con ellos y con sus necesidades. Por otro lado, los niños si se tienen que poner una mascarilla se la van a poner, ya lo están demostrando que para salir o ir al parque tienen que llevar su gel, lavarse las manitas y al llegar a casa quitarse los zapatos… Las medidas higiénicas las tienen interiorizadas, en ocasiones, más que los adultos. Para prepararles, sobre todo, no mentir. Decirles, no sé lo que va a pasar en septiembre, pero juntos tenemos que buscar soluciones, quizá tenemos que poner la mascarilla, dejar de estar tan cerca de nuestros amiguitos o jugar a otros juegos, pero lo vamos a hacer juntos. Psicológicamente, que nos vean disponibles: echas de menos a tus amigos y a tu profe, y lo entiendo. Evitar ningunear o negar sus emociones porque perjudica mucho más. Es importante validar esas emociones porque ellos también lo pasan mal. La nueva normalidad tiene cosas que todavía no hemos descubierto, pero que también son positivas: cuánto tiempo podemos pasar juntos las familias, podemos decidir incluso el menú de cada día. También hay que mirar la vida en positivo. Al final, las crisis son oportunidades para crecer en muchos aspectos.

Marisol Nuevo Espín

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