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Por qué decir gracias y por favor no nos quita autoridad

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Les hemos pedido algo y esperamos que lo hagan de manera obligatoria. ¿Si se lo pedimos ‘por favor’ deja de ser obligatorio o simplemente reconocemos el esfuerzo que hacen.


Es lógico que nos planteemos la duda de si utilizar las palabras «gracias», «perdón» y «por favor» que tanto valoramos en esta cuenta puede quitar autoridad a los padres cuando pedimos a los hijos que hagan algo, porque parece que les damos la opción de elegir si hacerlo o no, que nos lo hacen «por favor» y no porque lo tengan que hacer.

Es cierto que estamos siendo menos tajantes, pero también estamos aportando dos elementos muy importantes en la educación de los hijos.

La primera es que valoramos el esfuerzo que hacen por algo que, ciertamente, les hemos impuesto hacer. En ese «por favor» previo y en ese «gracias» posterior hay un reconocimiento del tiempo y la dedicación que la otra persona ha dedicado a lo que le hemos pedido, aunque no sea voluntario.

La segunda es que, incluso aunque seamos los padres y podamos exigir a los hijos que hagan determinadas cosas, ellos no dejan de hacer uso de su libertad al llevarlas a cabo. Agradecer y valorar significa mostrarles el camino de esa libertad, que consiste en elegir adecuadamente entre varias posibilidades.

Es un bonito tema de debate, pero al final, incluso si en algún caso se puede entender como cierta pérdida de autoridad, la ganancia que logramos al crear ese buen ambiente de hogar en una casa en la que todos nos esforzamos por ayudar los unos a los otros no tiene precio.


Te dejamos unas claves para reflexionar sobre ello

1 A todos nos gusta que nos pidan bien las cosas.

Igual que a nosotros, cuando nos piden algo en el trabajo, aunque lo vayamos a hacer igualmente, preferimos que nos lo pidan bien, con cortesía y que lo valoren.

2 No es sólo mera educación, es reconocimiento.

Porque, aunque tienen que hacer lo que les hemos dicho, valoramos el esfuerzo que les supone y agradecemos lo que han hecho por nosotros. Así elevamos su autoestima.

3 El ‘por favor’ reconoce la libertad de nuestros hijos.

Claro que lo tienen que hacer porque se lo hemos pedido, pero nos damos cuenta de que han elegido hacerlo, y eso merece que valoremos el esfuerzo que están haciendo.

4 En cada ‘gracias’ sembramos autoestima y mucha alegría.

Así se construyen esos hogares alegres que queremos ser. Nos damos cuenta de que el esfuerzo tiene un sentido para los demás y nos encanta ayudar.

5 La autoridad ganada desde el amor es la verdadera.

No se trata de imponer por imponer, sino de pedirles que hagan cosas porque queremos que crezcan, que sepan vivir con alegría lo la vida les depare: eso es amor.

6 La amabilidad nos lleva siempre a más amabilidad.

En ese círculo virtuoso, las palabras importan, porque ellos nos toman como ejemplo y se darán cuenta de que la vida es más sencilla cuando nos tratamos bien.

7 Creamos hogares en los que siempre da gusto estar.

No son hogares en los que nos den todo hecho. Son hogares en los que, lo que se hace, se valora, se agradece, se disfruta y se comparte. Eso son los hogares alegres.


Una lectura muy recomendada

Educar en la gratitud. Cómo enseñar a apreciar lo positivo de la vida

Jeffrey J. FrohGiacomo BonoMaría José López Cebrián

Este libro presenta la gratitud como el rasgo determinante a inculcar en la personalidad de niños y jóvenes para que tengan éxito en todos los aspectos de su vida.

Si se vendiera algún nuevo medicamento para que los hijos se comportaran mejor, sacaran mejores notas y fueran más felices, muchos padres harían lo posible para adquirirlo. Aunque parezca sorprendente, existe un producto así. No se consigue en las farmacias, y está a disposición de cualquiera. Esta medicina milagro es la gratitud.

A lo largo de los últimos años, diversos estudios científicos han demostrado que la gratitud es una de las emociones y virtudes más valiosas e importantes. Los autores, especialistas en este campo, ponen a disposición de padres y educadores unas estrategias eficaces que pueden utilizarse a diario, ejemplificadas con numerosas historias reales, para que los hijos aprecien lo positivo de la vida.

Como muestran sus investigaciones, los chicos y chicas educados en la gratitud tienen una mayor autodisciplina y consiguen establecer relaciones sociales más plenas y efectivas. Con la lectura de este libro, padres y profesores serán capaces de conectar mejor con ellos para que puedan centrarse en las cosas que importan de verdad y, por consiguiente, puedan crear una sociedad más cooperativa y próspera.


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