Alternativas a los gritos en la educación de los hijos

El diálogo sosegado siempre es mejor que la discusión.
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El diálogo siempre es la mejor opción para inculcar valores y debatir con los más pequeños de la casa. Por el contrario, los gritos no ayudan a conseguir el objetivo de hacer entender una lección a los niños. La consecuencia directa de alzar la voz cuando debería debatirse es un estado de mayor nerviosismo en los más pequeños.

Hay mejores alternativas a las de gritar a los hijos cuando se busca hacer entender un mensaje y desde la Fundación Understood se ofrecen varias de ellas. Técnicas con las que conseguir éxito a la hora de dirigirse a los más pequeños cuando se hayan portado mal o se les quiera reprimir un mal comportamiento.

Actuar desde el respeto

La Fundación Understood lo deja claro, el primer paso para tener éxito es actuar desde el respeto. Aunque no tengan la misma edad y los padres sean la principal figura de autoridad en casa, eso no quiere decir que no se deba cortesía a los más pequeños. Estas son algunas alternativas a los gritos en casa:

- Tono seguro pero sin alzarlo. Alzar la voz para pedir tranquilidad cuando se discute con los hijos puede confundirlos y empeorar las cosas. En cambio intente, usar un tono tranquilo y autoritario hará al niño calmarse y entender que le está hablando alguien superior a él en la jerarquía del hogar.

- Repetir tanto como sea posible. No importa la cantidad de veces que haya que repetir hasta que el niño lo comprenda. Siempre será mejor recordar una lección que gritarla. De nuevo, habrá que mantener un tono tranquilo y sosegado.

- No renunciar al debate. Si el niño responde, es mejor hablar y dialogar que imponer un criterio a través de los gritos. De esta forma se conseguirá que los más pequeños razonen a través del debate.

- Ser directo. Es mejor usar un mensaje directo, empleando el nombre de los hijos, que alzar la voz y dejarse llevar por los nervios. De esta forma será más fácil captar su atención en lugar de gritar y hacer que la tensión los disperse.

- Emplear el humor. Siempre es mejor un tono de humor y relajado que mostrarse alterado y gritar. Utilizar alguna broma y ganarse la risa puede ser adecuado cuando el menor se muestre alterado, cuando se relajado procederá usar un tono más calmado para que reflexione sobre su conducta.

- Parar y aprovechar el silencio. Si los niños se muestran muy alterados, el uso de un tiempo de silencio puede aprovecharse para que los nervios se apacigüen y los pequeños puedan reflexionar. Siempre es mejor parar antes de que el clima de la conversación se exceda.

- Recordar quién es el mayor. Los niños no tienen un control total sobre sus emociones. Por ello los padres deben tener en cuenta que ellos sí son adultos, por ello no deben seguir el juego de sus hijos y aumentar su volumen para quedar por encima de ellos.

Damián Montero

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