Tienen grandes ilusiones. Sueños de futuro. A lo mejor ser astronautas. O cantantes. O médicos. Pero, ¿son conscientes de que, el que algo quiere, algo le cuesta?
El difícil equilibrio entre lo que se desea y lo que se logra es muy importante porque si nuestros hijos tienen expectativas demasiado elevadas que no se cumplen, se llevarán disgustos.
Pero si les hacemos perder la ilusión porque no los creemos capaces, estaremos mermando su autoestima.
Un gran conocimiento de nuestras virtudes y defectos, de nuestros puntos de lucha, es la base para seguir avanzando.
Y con mucha ilusión, aunque tropiecen o fracasen, ganen o pierdan, allí estará siempre su familia para ellos.
Te damos siete claves que te pueden ayudar a gestionar mejor las expectativas.
1 Es muy bueno que tengan ilusiones y sueños.
Ese es el arranque de la motivación interna: el que quiere conseguir algo porque sueña con ello, es el que mayor empeño pondrá en lograrlo con esfuerzo.
2 Si tienen una ilusión, que sepan que requiere esfuerzo.
Sin desanimarlos por lo difícil que es, sí que hablamos con ellos de todos los pasos que tienen que dar para alcanzar la meta que se han propuesto.
3 Valoramos nuestros talentos para sacarles más partido.
Cada uno conocemos bien en qué somos mejores, en qué podemos esforzarnos más y qué no se nos da bien. Eso nos ayudará a que los talentos den aún más fruto.
4 Sin disuadir, siempre podemos enfocar mejor.
A lo mejor ese chaval que sueña con ser delantero del equipo campeón es mejor en matemáticas: entonces lo animamos a ser directivo del equipo, más que delantero…
5 Hay veces que hay que dejar que se tropiecen ellos.
Demasiadas expectativas para su capacidad, su tiempo disponible y el esfuerzo que le ha puesto. Pero un fracaso no es malo, es aprender para calcular mejor la próxima.
6 Cuando hay un sueño: esfuerzo y perseverancia.
Si tienen de verdad ilusión por conseguir algo, tienes la oportunidad de formarlos en dos virtudes que les valdrán toda la vida: la capacidad de sacrificio y la constancia.
7 Cuando todo falla: hogar es el lugar al que volver.
Porque en la familia no valoramos por los resultados y amamos siempre, con más intensidad cuando más lo necesitan. Aquí pueden volver a empezar cada día.
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