Ay… si es que a veces lo queremos todo perfecto. Y nos agobiamos. Somos tan buenos padres, leemos tanto sobre educación, nos preocupamos tanto… que ver que la vida es lo que es, a veces nos hace perder la paz.
A veces, lo mejor es enemigo de lo bueno. Por querer conseguir lo mejor, dejamos de disfrutar de tantas cosas buenas, aunque no perfectas.
Por eso es fundamental que sepamos poner coto a un perfeccionismo que, si es excesivo, nos enferma.
Lo cierto es que nos prefieren en paz que perfectos, nos quieren tranquilos y orgullosos, aunque no podamos mostrar una vida ideal.
Lo cierto es que la vida normal no se parece en nada a la que aparece en las revistas.
Lo cierto es que los muchos y buenos consejos que leemos, también en esta cuenta de @hacerfamilia, son solo ideas, reflexiones, que podemos aplicar a veces, y otras no.
Comprender las limitaciones de la vida es, en buena medida, la clave de nuestra armonía doméstica, la piedra angular de ese hogar alegre que queremos construir.
1 Los consejos son sólo eso: consejos; luego está la vida.
Nos encanta reflexionar sobre la educación y nos da muchas ideas, pero no podemos dejar que eso nos quite la paz porque la vida es lo que es, con claroscuros.
2 Es más importante el amor que hacerlo todo perfecto.
A veces, nos obsesionamos tanto por que todo esté como creemos que debe estar, que nos olvidamos de lo más importante: dar todo nuestro amor a nuestra familia.
3 Ponte las cosas fáciles: a veces, menos es más.
Y si hoy no está la casa perfecta, no pasa nada. Si la niña va peinada de esa manera, dale un beso más fuerte porque se acordará más del beso que de la coleta.
4 El perfeccionismo enferma y no es tan importante.
Hay que saber valorar cuándo hacer las cosas bien nos lleva a hacer las cosas mal, porque nos ponemos nerviosos, porque no nos enfocamos en lo importante.
5 La clave de la felicidad es que nunca es todo perfecto.
No podemos vivir en un constante “sería tan feliz si”, porque la vida trae buenas noticias y contrariedades. Un hogar alegre es aquel en el que se vive bien lo que toca.
6 Nuestros hijos nos necesitan a nosotros, no la perfección.
Somos sus padres, sí, con nuestras cosas, con nuestro examen de conciencia. Cada día es un comenzar para hacerlo mejor. Somos los padres que ellos necesitan.
7 Y al final del día, alegría, cariño y buen humor.
Ese examen de conciencia de la noche nos da resultados a veces buenos y otras regulares. Pero en la familia, lo que cuenta es el amor que le pusimos: y ese fue todo.