Categorías:

Soltar amarras: el difícil equilibrio entre protegerlos y dejarlos volar

Tabla de contenidos

Cuesta tanto decidir… Saber si es momento de cuidar y proteger o saber si ahora lo que toca es soltar amarras y fortalecer. Y sin embargo, ese es el camino en el que nuestros hijos irán escribiendo su paso a la vida adulta.


Pero, claro, para los padres no es sencillo. Tenemos tan interiorizados que nuestro papel es cuidar de ellos, que nos cuesta ir cediendo espacio y dejar de cuidarlos para que aprendan a cuidarse.

Y además están las dificultades añadidas. Si dejamos que ellos hagan las cosas, muchas veces salen mal; otras, llegamos tarde; algunas, nos desesperamos. Y de vez en cuando, acabamos por hacer nosotros lo que podían hacer ellos.

Luego está el que nos queda algo de ese recuerdo de cuando eran bebés o niños muy pequeños y nos necesitaban para todo.Pero ya no son niños. Nosotros también tenemos que hacer ese ejercicio mental de crecer en la paternidad y pasar a la siguiente etapa, esa en la que van adquiriendo independencia, autonomía y confianza.

Es difícil porque el camino cuando soltamos amarras no es ni llano ni sencillo. Está lleno de altibajos y no nos puede sorprender alguna abrupta caída. Y ahí estaremos nosotros cuando tropiecen, para enseñarles a comenzar y recomenzar una vez más.


Te dejamos unas ideas que seguro que te sirven para reflexionar

1 Soltar amarras les enseña a vivir en el mundo que toca.

No podemos preparar un mundo para nuestros hijos, tenemos que preparar a nuestros hijos para el mundo, y eso exige entrenamiento y confianza.

2 Soltar amarras significa confiar aunque dudemos.

Ahí está ese equilibrio entre proteger y dejar libres, porque no siempre las tenemos todas con nosotros de que va a salir bien. Pero hay que intentarlo al menos.

3 Soltar amarras implica controlar nuestro agobio.

La verdad es que cuando dejamos que vuelen solos, casi nunca pasa nada. Es más el estrés que nos genera pensar en lo que puede pasar. Confía aunque cueste.

4 Soltar amarras supone aceptar errores y caídas.

Sólo sabremos si saben si les dejamos intentarlo. Y a veces aún no estaban preparados y vuelven a casa derrotados. Ahí estamos nosotros para comenzar y recomenzar.

5 Soltar amarras construye su resiliencia y la nuestra.

Si los protegemos, todo sale bien. Si soltamos amarras, sólo sale bien a veces. Pero esas caídas conforman la vida y construyen nuestra resiliencia y fortaleza.

6 Soltar amarras es el regalo para su autoestima.

A veces es más fácil hacerlo por ellos, pero si dejamos que lo hagan, aunque cueste, crecen en autonomía, en confianza y en autoestima. Saben que creemos en ellos.

7 Soltar amarras nos enseña aser agradecidos con ellos.

Porque descubrimos que esos niños pequeños a los que teníamos que hacer casi todo se han convertido en unas personas increíbles capaces de comerse el mundo.

8 Soltar amarras es una manera de decir ‘te queiro’.

Es querer, creer, confiar. Es decirles que pueden intentarlo. Es que sepan que vamos a estar ahí pase lo que pase. Es aprender juntos del error y disfrutar del logro.


María Solano Altaba

Directora de la revista Hacer Familia y profesora de la Universidad CEU San Pablo

Otros artículos interesantes