El 90% de los refugiados de Sudán del Sur son mujeres y menores

Una mujer y su hija en un campo de refugiados en Sudán del Sur
GETTY IMAGES / VLAD_KARAVAEV

ACNUR alerta de la crisis de seguridad alimentaria que están viviendo los refugiados de Sudán del Sur. El 20% sufre desnutrición aguda y urge enviar ayuda para evitar que más niños y mujeres mueran de hambre en los campos de los países limítrofes.

Los organismos humanitarios están lanzando gritos de socorro porque estamos ante una crisis de seguridad alimentaria. Actualmente, más del 20% de los refugiados de Sudán del Sur sufre desnutrición aguda. Gracias a la labor de ACNUR, con la gestión de las colaboraciones de los socios, los refugiados de Sudán del Sur pueden recibir asistencia en los 10 campos que los acogen en los países limítrofes Etiopía, Kenia y Uganda. Pero urge enviar más ayuda humanitaria a los refugiados para poder seguir enviando alimentos e impedir que las mujeres y los niños se mueran de hambre.

La violencia que vive Sudan del Sur ha cambiado la vida de muchas personas, hoy refugiados. Palabek es, en la actualidad, el único asentamiento de Uganda que acoge refugiados porque el resto, entre los que se cuentan unos 20, están colapsados. El 90 por ciento de las 32.000 personas que alberga en este momento son mujeres y menores.

ACNUR alerta de falta de recursos para proporcionar alimentos

La corrupción, la ambición del poder político y el interés por los pozos petrolíferos han sembrado destrucción y violencia con un saldo de 320.000 muertos, casi 2 millones de desplazados y 2,5 millones de refugiados en Etiopía, Kenia, República Democrática del Congo, Sudán y, sobre todo, en Uganda.

A este país llegaron el año pasado el doble de refugiados de los que pusieron sus pies en Europa y llegaron por mar, lo que da una idea de su política de acogida. La falta de fondos ha obligado al Programa Mundial de Alimentos (PMA) a recortar las raciones de comida que distribuye. Este problema de falta de recursos y de financiación, según ACNUR, está causando un gran impacto en la capacidad de proporcionar servicios básicos a estos refugiados como alimentos, agua y cobijo. Hasta la llegada del otoño solo se había recibido el 30 por ciento de los fondos que necesita ACNUR para atender a la población refugiada en Uganda procedente de Sudán del Sur.

La figura del padre apenas existe

Además, al drama de la guerra y del hambre, hay que sumar los problemas mentales y emocionales que provoca un estado permanente de desesperación en los refugiados. Cada día, los derechos humanos de estas personas se ven amenazados. Esta situación de desconfianza e incertidumbre mantenidas, aparte de crear traumas, deja otra secuela irreparable en las familias: la figura del padre de familia, del varón como pareja, padre y sustento familiar apenas existe. Prueba de ello son los desgarradores testimonios, que siempre coinciden y que son especialmente dolorosos cuando salen de boca de los niños diciendo: "a mi padre le hicieron prisionero y no sabemos dónde está..., mi padre está combatiendo..., mi padre ha desaparecido..., a mi padre lo mataron...". Bajo esta circunstancia, las mujeres y los niños son quienes más sufren.

La educación en situaciones de emergencia es clave para recuperar el sentido de normalidad y estabilidad. En Sudán del Sur, más del 65% de los desplazados son menores de 18 años que sueñan con volver algún día a su país para formar una familia y montar un pequeño negocio, pero sin educación poco pueden hacer.

Quienes confiaban en una paz definitiva después de casi 40 años de guerras civiles han visto truncados sus sueños. Tras el golpe de estado fallido llevado a cabo por el ex vicepresidente Riek Machar, en el país más joven del mundo desde su independencia en 2011, las masacres a la población civil, los bombardeos y las oleadas de violencia han provocado la huida masiva en Sudán del Sur desde 2013.

Medio millón de españoles con ACNUR

A día de hoy, el Comité español de ACNUR, que acaba de cumplir 25 años desde que se fundó para recaudar fondos para las personas que han tenido que huir de sus hogares, tiene más de medio millón de socios en España y se ha convertido en el primer donante privado de ACNUR a nivel internacional.

Marisol Nuevo Espín

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