Los resultados de España en PISA 2025
El Informe PISA 2025 ha dejado un dato preocupante para España: los alumnos españoles registran algunos de sus peores resultados históricos en lectura, matemáticas y ciencias. ¿Qué hay detrás de esta caída? Entre los factores que vuelven a estar en el centro del debate aparece uno especialmente presente en la vida de niños y adolescentes: las pantallas.
El 8 de septiembre de 2026 se hicieron públicos los resultados del Informe PISA 2025, que rápidamente situaron el rendimiento educativo de España en el centro del debate.
Y es que, desde el último informe, España ha vuelto a registrar algunos de sus peores resultados desde que participa en PISA, especialmente en comprensión lectora y matemáticas. Los alumnos españoles han conseguido 451 puntos en lectura, 457 en matemáticas y 477 en ciencias. Todo esto, por debajo de los promedios de la OCDE.
Pantallas, atención y comprensión lectora
Ante estos resultados, todos buscan culpables: los colegios, los profesores… Pero el cambio más drástico en los últimos años no se encuentra ni en los centros educativos, ni en el cuerpo docente. Entre los muchos factores que pueden ayudar a comprender estos resultados, uno ha adquirido un protagonismo creciente en los últimos años: el uso de dispositivos digitales.
Cada vez los niños tienen acceso a más pantallas y a edades más tempranas. Aproximadamente tres de cada cuatro niños cuentan con un smartphone propio antes de los 13 años de edad.
Según el último informe sobre infancia y tecnología de SaveFamily, más del 81 % de los menores pasa al menos una hora al día frente a una pantalla; porcentaje que sobrepasa el 90 % los fines de semana.
¿Son las pantallas responsables de los malos resultados?
Todo esto puede parecer irrelevante, pero los datos de PISA ayudan a comprender por qué la atención y los hábitos de lectura se han convertido en parte del debate. Quizá los niños cada vez tienen más dificultad para concentrarse en cualquier superficie que no se ilumine. Los estímulos que reciben de las redes sociales son cortos y a eso se han acostumbrado. Parece que un vídeo no puede durar más de un minuto, ni un texto más de cinco líneas.
PISA 2025 refleja especialmente esta dificultad ante los textos largos. La OCDE clasifica como tales los de 400 palabras o más y señala que el rendimiento ha caído con mayor intensidad en las tareas que requieren enfrentarse a lecturas extensas y mantener una atención sostenida.
Y, aunque es cierto que PISA también apunta a la disciplina en las aulas y a factores sociales, escolares y familiares como causas de esta caída; no se puede ignorar el creciente debate en torno a las pantallas y a una hiperconectividad que puede perjudicar la capacidad de los jóvenes para leer, concentrarse y aprender.
No obstante, reducir el problema únicamente al uso de las pantallas sería simplificar algo muy complejo.
Tecnología en las aulas: también puede ser una aliada
Más allá del uso recreativo y sin supervisión de los dispositivos, la tecnología también está presente en las aulas. La digitalización también puede convertirse en una aliada y servir de apoyo al docente, siempre y cuando no sustituya la lectura profunda, el pensamiento crítico, la concentración o la interacción humana; cuatro elementos fundamentales en el aprendizaje.
PISA 2029 y el papel de la inteligencia artificial
La tecnología continuará ganando peso en las próximas evaluaciones. Y no podemos olvidar que el informe PISA de 2029 incorporará un área específica donde se medirá cómo los alumnos han tenido oportunidad de aprender y relacionarse en el mundo digital y, también, con la IA.
El dato positivo: la perseverancia de los alumnos españoles
Aunque los resultados no han sido muy alentadores para España, no toda la información que nos ha proporcionado PISA es mala. De hecho, el alumnado español destaca por su nivel de perseverancia ante el aprendizaje, superior al promedio de los países de la OCDE y al conjunto de la Unión Europea. Es decir, a pesar de los malos resultados, los estudiantes españoles mantienen el esfuerzo y la implicación ante las dificultades, la frustración o la incertidumbre.
Para los buenos padres que quieren ser mejores padres.
Deja una respuesta