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Muchas horas frente a la pantalla: cómo afectan al cuello, los hombros y la mandíbula

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Ocho horas trabajando delante del ordenador. Después, unos minutos mirando el móvil. Y cuando termina el día aparecen el cuello rígido, los hombros cargados o incluso la mandíbula tensa. Solemos relacionar el exceso de pantallas con la fatiga visual, pero sus consecuencias no acaban ahí.

Pasar muchas horas frente a una pantalla también puede favorecer el dolor de cuello y otras molestias musculares cuando mantenemos una mala postura durante demasiado tiempo. La cabeza adelantada, los hombros elevados o la espalda encorvada pueden acabar generando tensión en cervicales, hombros, espalda, cabeza e incluso mandíbula.

Más allá de posibles problemas de vista o de ojos cansados, también hay consecuencias musculares y posturales a raíz de pasar demasiado tiempo frente a las pantallas: cervicales cargadas, hombros tensos, dolores de cabeza o molestias mandibulares.

La relación no es tan sencilla como pensar que “usar el ordenador provoca dolor de cuello”. El problema está, en gran medida, en la postura que mantenemos durante horas. Lo relevante es que, después de largas horas trabajando, vamos perdiendo la postura correcta: la cabeza se adelanta, los hombros suben y la espalda se curva.

Según Gaby Díaz, osteópata y socio de Cofenat, adelantar la cabeza puede hacer que la carga sobre la zona cervical se multiplique por cuatro o cinco. Esto obliga a la musculatura del cuello, los hombros y la espalda a soportar un esfuerzo mayor durante la jornada.

Llegas a la oficina y te sientas delante del ordenador. La pantalla está algo por debajo de la altura de los ojos y la silla tampoco ayuda. Con el paso de los minutos, la mirada baja y el cuello también; los hombros se tensan y la espalda se encorva hasta formar una pequeña chepa. Toda esa tensión acumulada, en especial en el cuello y la base del cráneo, puede relacionarse también con dolores de cabeza y una mayor tensión mandibular. 

Si terminas el día con rigidez, las molestias aumentan conforme pasan las horas o necesitas levantarte y estirarte constantemente para volver a sentirte cómodo, puede ser una señal de que la postura que mantienes frente a la pantalla necesita cambiar.

  • Eleva la pantalla. Evita trabajar mirando continuamente hacia abajo.
  • Apoya los brazos. Así reduces parte de la carga de los hombros.
  • Utiliza el respaldo. No basta con intentar “sentarse recto”; la espalda necesita apoyo.
  • Comprueba tu postura a lo largo del día. El cansancio hace que poco a poco nos acerquemos a la pantalla.
  • Relaja la mandíbula. Podemos mantener los dientes apretados sin darnos cuenta durante situaciones de concentración o tensión.

Probablemente uno empieza la jornada bastante bien colocado y, con las horas, termina cada vez más cerca de la pantalla y más encorvado. Para evitar este cambio progresivo de postura no basta con «tener una buena silla»: también es importante revisar conscientemente cómo nos sentamos a lo largo del día.

Y lo cierto es que no podemos evitar las pantallas en muchos trabajos, por lo que el objetivo no tiene por qué ser simplemente reducirlas, sino aprender a utilizarlas de una forma que castigue menos al cuerpo.


Para los buenos padres que quieren ser mejores padres.


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