La educación del deseo: el despertar de la sexualidad

El despertar de la sexualidad
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El adolescente empieza a vivir trasformaciones a todos los niveles: psicológicas, biológicas y afectivas. Empezará a surgir el interés por las chicas o los chicos, buscando querer a alguien y sentirse querido. Es ahora cuando debemos hablar de educación sexual en casa con nuestros hijos de amor, entrega y sentimientos, todo ello orientado a una educación ordenada del deseo y la afectividad.

Apoyar emocionalmente a los adolescentes

Cada niño necesita un desarrollo armónico de todo su ser, lo que incluye que sus padres le transmitan unos valores. De aquí que la educación sexual debe incluir la afectividad, la educación de la voluntad, de los sentimientos y las emociones. Así, deben aprender a reconocer sus propios sentimientos, comprender los sentimientos de los demás y compartirlos, aprender a escuchar, descubrir las necesidades de un amigo; aprender a manejar la ansiedad, la ira y la tristeza, saber controlar las emociones; asumir la responsabilidad de las decisiones y atreverse a un compromiso.

Muchos padres temen que cuando sus hijos lleguen a la adolescencia, la influencia familiar quede eclipsada por el círculo de compañeros, convirtiéndose en origen de conflictos. Sin embargo, el entorno familiar es determinante: los adolescentes que se sienten unidos a su familia tienen menos riesgo de asumir conductas como el consumo de drogas, alcohol, tabaco o las relaciones sexuales prematuras.

Eso sí, tienen que poder contar con alguno de los padres en casa en momentos claves del día, como la vuelta del colegio o instituto, la hora de la cena o de llegada de otras actividades o salidas. Los hijos deben saber que cuando necesitan hablar con los padres por lo menos uno de ellos va a estar accesible, aunque sea por teléfono, porque la cercanía emocional incluso es más importante que la física.

El despertar de la sexualidad en los adolescentes

En estas edades brota con fuerza el despertar de la sexualidad, cuando aun no se ha llegado a la madurez psíquica y personal. Voluntad y conocimiento todavía no son suficientemente fuertes para dominar y controlar el impulso sexual. Con facilidad este impulso potente puede conducir a la masturbación, que consiste en darse a sí mismo, solitariamente, el placer sexual por la excitación voluntaria de las partes genitales, que puede convertirse en un hábito cuando no se pone ningún remedio para dominar esos impulsos.

En los años de desarrollo, esta actitud no es un signo de un deseo sexual exagerado, ni tiene efectos secundarios físicos, pero suele estar acompañada de sentimientos de malestar porque el poder sexual no está hecho para uno solo, sino para hacer feliz a otra persona. El papel de los padres consistirá en desdramatizar y ofrecer una orientación positiva para ayudar a superarlo: evitar el aislamiento, la soledad, la incomunicación, los hábitos de vida muy cerrados e introvertidos, así como música y películas excitantes.

María Lucea
Asesora: Ana Otte. Doctora en Medicina y Orientadora Familiar

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