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Cuando todo lo que podemos hacer es estar ahí: estar ahí es todo

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Es bonito verlos crecer, pero también es duro. Cuando miramos en la noche las caritas de nuestros hijos dormidos, a veces pensamos en todos los malos momentos que les quedan por pasar.

Sabemos que lo único que podremos hacer es estar ahí, no vamos a poder evitarles buena parte de los sufrimientos que les toque vivir. Por eso, para estar ahí y tener fuerzas suficientes para no intervenir en cada problema y dejar que crezcan con la alegría, la fortaleza y la confianza que necesitan, tenemos que interiorizar todo lo que les aporta ese día a día que a veces incluye sufrir.


Te dejamos algunas claves para que, cuando lleguen esos ratos de mantener la distancia y aguantar, sepas todo lo que están ganando gracias a tu esfuerzo.

1 Necesitan saber que estamos pero tienen que intentarlo:

Por eso a veces nos toca no intervenir y simplemente tenemos que esperar, que nos sepan cerca, que se sepan arropados. Si no lo intentan, no lo lograrán.

2 Hogar es el lugar seguro al que siempre se puede volver:

Que sepan que la familia es el espacio al que se vuelve a celebrar que todo ha ido bien o a curar las heridas y coger fuerzas cuando todo ha ido mal. Aquí no hay juicios.

3 La fortaleza nace del amor y de la confianza:

Para que tengan ese empuje que necesitan para acometer los retos de la vida, nuestro amor y nuestra confianza en su capacidad de hacerlo van a resultar fundamentales.

4 Tenemos que saber soltar amarras para que crezcan:

Y duele, porque sabes que van a tropezar, que se van a hacer daño, que se van a equivocar. Pero, por amor, los queremos hacer capaces de valerse pr sí mismos.

5 Duele verlos sufrir, pero sabemos que crecen:

En cada tropiezo hay una oportunidad de levantarse y mejorar porque son más sabios y han entrenado más. Por eso, verlos caer y levantarse es verlos crecer.

6 Su autoestima depende de su autonomía y su libertad:

Nadie cultiva su autoestima solo de palabra. Necesita demostrarse a sí mismo todo de lo que es capaz y aprender a gestionar el uso de la libertad desde la ética.

7 Miraremos con orgullo cómo son capaces de recomenzar:

En la distancia, cuando repasemos nuestra vida, nos daremos cuenta de cuánto crecieron gracias a todo ese camino en que estuvimos presentes sin atosigar.


Una recomendación literaria

Familia en armonía

Fernando Sarráis

El principal componente de una familia feliz es el amor entre todos los miembros, pero en especial de los esposos. El amor es un tesoro que hay que cuidar y mimar todos los días. Las personas, cuando se sienten queridas, se sienten valiosas y su autoestima es positiva. Una autoestima positiva es la base de la seguridad e independencia emocional de las personas que son psicológicamente maduras. Se quiere lo bueno, y lo muy bueno se quiere mucho. Por eso conviene luchar todos los días por mejorar, y no cansarse de enseñar y animar a los hijos a ser buenos, para que sean queridos por los demás y por ellos mismos.

En las familias armónicas la complicidad es elevada (hay colaboración) y los conflictos son muy escasos; para esto es importante aprender a sufrir con buen humor, sin dramatizar, pues la convivencia produce muchos roces que hacen sufrir.

Todos los miembros de la familia tienen que estar muy mentalizados de que lograr una familia feliz es más importante que tener éxitos en el mundo extrafamiliar, pues muchas veces se pone a la familia, y las tareas familiares, en un segundo o tercer plano. Cuando hay problemas familiares se sufre mucho y mucho tiempo, y vale más prevenir que curar.

En Familia en armonía, el Dr. Sarráis intenta ayudar a los esposos a amar con intensidad, fidelidad y perseverancia, de forma que el vínculo matrimonial sea un motivo de felicidad para los esposos y la base de una educación para la madurez y autonomía de sus hijos.

María Solano Altaba

Directora de la revista Hacer Familia y profesora de la Universidad CEU San Pablo

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