En la adolescencia, la presión social del grupo puede ser abrumadora. En este artículo te ofrecemos estrategias para enseñar a tus hijos a pensar por sí mismos, a decir «no» cuando sea necesario y a construir su autoestima, incluso cuando todos los demás sigan la corriente.
En nuestras sección de familia en Ecclesia al Día, en Trece Tv, hemos tratado esta cuestión con Raquel Caldas, Sofía Gozalo y María Solano, nuestras perfectas madres imperfectas. Y hemos llegado a la conclusión de que poner límites a lo que nos piden nuestros hijos no es un demérito sino una oportunidad para que crezcan en autonomía y autoestima.
Hay que saber dónde no poner límites y permitir que ellos crezcan aunque eso suponga que a veces se confundan y se tropiecen. Allí estaremos nosotros para acompañarlos cuando lo necesiten.
La clave está en ese necesario equilibrio entre los límites y la confianza, entre soltar amarras y protegerlos.
Aquí tienes algunas estrategias clave para ayudar a tus hijos a desarrollar criterio propio y aprender a tomar decisiones, incluso cuando la presión social sea fuerte.
1 Es normal que imiten, pero necesitan criterio:
El grupo de amigos es fundamental para que consoliden su personalidad. Así que estamos en un tira y afloja donde tienen que establecer líneas rojas.
2 Demuéstrales que decir ‘no’ fortalece su personalidad:
Tienen miedo a no encajar, por eso, la primera vez que digan “no” y descubran que muchos les siguen, habrán fortalecido su autoestima y creerán en su criterio.
3 Hay riesgos que no tienen vuelta atrás:
La adolescencia es, por definición, época de asumir riesgos, pero tienen que darse cuenta de que las consecuencias de algunos pueden ser permanentes.
4 Explícales la espiral del silencio y cómo salir:
Porque muchas veces no son los únicos que no harían algo pero nadie se atreve a decirlo por culpa de la presión del grupo. Romper la espiral les hará sentirse liberados.
5 Que se conviertan ellos en el buen ejemplo para el grupo:
Si uno dice que se tiren por un puente, otro puede decir que mejor, hacemos otra cosa. Y cuando vean que hay más como ellos, se sentirán acogidos, queridos y felices.
6 Acepta alguna transgresión que les haga sentir libres:
Saltar por un puente no es una opción pero a lo mejor hay que pasar por ese corte de pelo o ese pantalón que no nos gusta. Son cosas que se pasan y necesitan vivir.
7 Celebra su tesón, su determinación y su voluntad.
Aplaude esas pequeñas victorias de su voluntad contra el mundo para que se dé cuenta de que valoramos el esfuerzo extraordinario que le estamos pidiendo.
Lectura recomendada:
Educar los sentimientos
Alfonso Aguiló Pastrana

Inteligencia emocional y equilibrio afectivo.
Hasta hace no mucho se consideraba el Coeficiente intelectual (CI) una garantía de éxito a nivel académico y profesional. Sin embargo, durante las últimas décadas, la investigación ha señalado otras capacidades y habilidades necesarias para tener éxito tanto en la vida como en el ámbito laboral. En esa misma dirección apuntan las teorías de la Inteligencia Emocional y las Inteligencias Múltiples que hoy en día gozan de gran popularidad y aceptación.
Sin duda, las emociones juegan un papel vital en nuestro día a día y a largo plazo. Resulta patente que muchas personas con un alto coeficiente intelectual (CI), pero con escasa inteligencia emocional, alcanzan menores éxitos que otras de modesto CI pero que han sabido educar bien sus sentimientos. Parece claro que un elevado CI no constituye, por sí solo, una garantía de triunfos profesionales, y mucho menos de una vida acertada y feliz.
«Las personas que gozan de una buena educación de los sentimientos suelen sentirse más satisfechas, son más eficaces, y hacen rendir mucho mejor su talento natural».
María Solano Altaba
Directora de la revista Hacer Familia y profesora de la Universidad CEU San Pablo