Actualizado 05/05/2022 10:55

Charo Sádaba: "Me parece una enorme insensatez dar un móvil sin educación previa"

Entrevista a Charo Sadaba, decana de la universidad de Navarra
Entrevista a Charo Sádaba, decana de la universidad de Navarra - HACER FAMILIA

Charo Sádaba, investigadora europea de menores y tecnología, y decana de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra, analiza en esta entrevista los cambios de los usos digitales de padres e hijos tras el confinamiento, y los principales retos que plantea la adolescencia en el entorno digital.

Conjuga su actividad docente e investigadora con una intensa labor de divulgación en el ámbito de la infancia y adolescencia en el entorno digital. Es autora de libros y artículos sobre el tema, asesora de empresas e instituciones educativas y ha impartido numerosas conferencias y talleres en todo el mundo para educadores, padres y madres y adolescentes.

Por este motivo, hablamos con Charo Sádaba de las principales conclusiones de la cuarta edición del estudio "El impacto de las pantallas en la vida familiar. Familias y adolescentes tras el confinamiento", realizado por empantallados.com y GAD3. Una de ellas es que el 84% de los adolescentes en España afirma que usan mucho el móvil para no aburrirse; y utilizan más las pantallas cuando están solos en casa.

¿Qué significado tiene para el futuro que los móviles se hayan convertido en la principal diversión de los adolescentes?
Esta es una realidad que viene constatándose desde hace mucho tiempo. El ocio es particularmente accesible a través de las pantallas. El adolescente puede consumir lo que quiera: juegos, canciones, series, cine... lo que nos lleva a un escenario donde el ocio va a ser fundamentalmente digital. Esto ha venido empujado también por la pandemia donde no había otras posibilidades de entretenimiento para los más jóvenes y creo que ahí sí que tenemos que esforzarnos para plantear alternativas de ocio que también sean saludables y que les permitan realizar actividades físicas al aire libre con otras personas que son también muy necesarias para su correcto desarrollo.

Sorprende también que además el dieciséis por ciento diga que no aguantaría más de dos días sin el móvil y que no se aguantarían a sí mismos. ¿Cuál es el problema o el riesgo emocional de las nuevas tecnologías para los adolescentes?
En este momento, creo que para los adolescentes la tecnología significa muchas cosas: significa la posibilidad de no estar aburrido y de entretenerse. Pero significa, sobre todo, la posibilidad de estar con otros también, sobre todo cuando "tengo que estar en mi casa", bien por un confinamiento obligado, bien porque no puedo salir, bien porque estoy castigado... Hay múltiples motivos... porque es de noche y estoy en mi habitación y no puedo estar en la calle. Creo que ese es un punto de partida interesante que tenemos que tener siempre en cuenta. En el ser humano todos los elementos están vinculados.

Cuando el móvil desaparece, no es que es que yo tenga una particular vinculación a un aparato, a un dispositivo, teléfono móvil, marca X, sino a lo que el móvil significa.

Por lo tanto, creo que lo que nos plantea este escenario es que el móvil está cubriendo necesidades que son vividas de una manera muy particular y muy intensa por parte de los adolescentes. Los padres tenemos que saber entenderlas y tenemos que preguntarnos también si hay otras maneras más saludables que ofrecerles para que puedan satisfacerlas y por lo tanto, tener un desarrollo más completo.

La pandemia ha supuesto un antes y un después con respecto al tema de las nuevas tecnologías. Durante la pandemia, los adolescentes han abusado de las tecnologías, pero es que ahora que ya estamos en la nueva normalidad, esto no ha cambiado, ¿por qué?
Realmente, no ha cambiado y además, se nota más permisividad respecto a las pantallas. La pandemia y la situación general creada por la pandemia ha ocasionado para todos una mayor inversión en las pantallas digitales, en el entorno digital. En el caso de los adolescentes, no podemos olvidar que esto ha coincidido en su vida en un momento en el que se comienzan a desarrollar hábitos. Si estos hábitos han estado marcados por la presencia de la tecnología, es cierto que cuando se acabe esa situación que la estaba provocando, el hábito probablemente continuará. Esto es distinto en el caso de los adultos, donde quizá algunos de sus hábitos continúen, pero otros volverán como quedar con los amigos en una cafetería. Tiene su lógica. También ha sido un periodo largo de tiempo en el cual esa situación ha estado instalada entre nosotros y creo que eso también nos puede ayudar a entenderlo y de nuevo a preguntarnos qué hago para que generen otros hábitos que se conviertan en atractivos y en fuente también de riqueza personal para ellos. Los dispositivos tecnológicos han jugado un papel muy importante a lo largo de estos años, sobre todo en el tema de la pandemia y de alguna manera debemos ser ejemplo para nuestros hijos, pero nuestros hijos también nos han ayudado a entender muchas cosas de esta tecnología. Han sido nuestros profesores.

¿Los padres también han ganado confianza digital entre los adolescentes?
Más del setenta y ocho por ciento de los adolescentes reconocen que confían y se fían de lo que sus padres dicen y hacen en el entorno tecnológico. Creo que eso nos tiene que hacer pensar que ellos también son conscientes de sus limitaciones y de las cosas que no saben. Y como todos tienen que buscar un referente. Y ese primer referente lo encuentran en sus padres. Efectivamente, hay un equilibrio delicado, pero al mismo tiempo creo que es muy interesante y es una gran oportunidad educativa donde los padres pueden beneficiarse de los conocimientos, quizás más técnicos de los más jóvenes, y a cambio, poder proporcionar ese criterio, esa explicación, ese para qué del uso de la tecnología que hacen los más jóvenes.

Hay ahora un profundo debate entre expertos que dicen que es mejor dar el móvil a los niños a una edad muy temprana, porque así podemos moldearles y educarles mejor, y otros que no lo recomiendan antes de los 14 años, ¿cuál sería tu recomendación?
No creo que haya una solución válida para todo el mundo ni para todas las situaciones, ni en todos los contextos. Creo que hay que tener en cuenta qué es lo que se busca, cuál es el nivel de formación de los padres y de los docentes. De nada sirve dar a los adolescentes o a los más pequeños un dispositivo móvil con un enorme potencial de conectividad con el que puedo ver, acceder, hablar con muchísima gente sin que las personas que son sus tutores, sus responsables formativos o familiares les hayan facilitado los recursos o la educación para hacer frente a todo eso. Me parece una enorme insensatez dar un móvil sin educación previa. Por lo tanto, todo tiene que ir de la mano. Y luego también creo que sí, que hay que presentar un modelo educativo que donde esto tenga sentido entendiendo que la tecnología es una fuente de oportunidades. No obstante, la tecnología no es la única fuente de oportunidades, por lo tanto, hay que asegurar también que en esos procesos formativos y educativos el menor tiene acceso y contacto con otras muchísimas realidades, no solamente a lo que puede conocer a través de la tecnología que necesariamente va a tener que combinar para vivir en el mundo junto al futuro digital.

Como decana de universidad, ¿ahora mismo es impensable estudiar sin el ordenador delante?
Vivimos en una sociedad digital y es cierto que en todos los marcos europeos internacionales, UNESCO, CEE, Comisión Europea... se apunta a la competencia digital como una competencia para el futuro a lo largo de la vida. Está claro que estamos en un mundo digitalizado donde la digitalización no se va a frenar, sino que al revés, se va a extender y va a llegar a más ámbitos de nuestra vida y por lo tanto, necesitamos como ciudadanos de todas las edades esas competencias digitales.

Que esas competencias digitales signifiquen que hay que estudiar con el ordenador, yo lo pondría en cuestión.

Es cierto que, a veces, el ordenador puede ayudar en determinadas herramientas u objetivos didácticos, para buscar una información o para elaborar un trabajo. Pero también es cierto que en otras ocasiones lo que hay que hacer es pensar, reflexionar, hacer un esquema, dibujar y eso no necesariamente necesita el concurso de una pantalla, sino que se puede hacer perfectamente con un lápiz y papel o dando una vuelta a un parque o sentado en una silla con los codos sobre la mesa. Hay que saber combinar las necesidades propias de nuestra era contemporánea con las actividades propias del ser humano. El ser humano necesita recordar, necesita la memoria, el conocimiento, porque si no, no somos capaces de pensar y de elaborar pensamientos y argumentos que nos permitan vivir en sociedad.

Se habla de la adicción al móvil cuando nos referimos a la adicción a las nuevas tecnologías, pero ¿qué es lo que nos engancha realmente?
Existe la adicción a determinadas actividades a través de Internet y por eso se ha puesto en duda por parte de los expertos que la edición sea al dispositivo en concreto. Es raro, siempre habrá una persona en el mundo que sea adicto a su dispositivo particular, pero lo habitual es que la gente se haga adicta a alguna actividad que realiza a través del móvil, por ejemplo, adicto al juego a través de la pantalla o adicto al sexo a través de la pantalla. De manera que algunos expertos dicen que en este caso el móvil, que es la pantalla más importante para los adolescentes, de alguna manera es el símil de la jeringuilla para el drogadicto. El drogadicto no es adicto a la jeringuilla, es adicto a la sustancia que le permite la jeringuilla introducir en su torrente sanguíneo. De esa manera, si pensamos en el dispositivo móvil, pensamos un dispositivo que permite acceder a muchísima información en cualquier momento, con rapidez, y eso puede hacer que esa adicción se realice de una manera mucho más rápida y más radical. Ahora bien, es cierto que para hablar de adicción tenemos que referirnos a personas que tienen algún tipo de predisposición psicológica a un uso abusivo y desordenado que existe, pero que no es la norma.

Marisol Nuevo Espín

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