La llegada de un hijo transforma casi todos los rincones de la vida de una pareja. Cambian los horarios, el sueño, las prioridades, la distribución de las tareas y hasta la forma de estar juntos. Y también cambia, con mucha frecuencia, la intimidad.
Os queréis, estáis felices con vuestro hijo y, sin embargo, vuestra vida sexual ya no es como antes. Uno puede recuperar antes el deseo mientras el otro necesita más tiempo. Puede aparecer cansancio, dolor, inseguridad con el propio cuerpo o, sencillamente, la sensación de que al terminar el día ya no queda energía para nada más.
Entonces surgen preguntas que muchas parejas se hacen en silencio: ¿nos está pasando algo?, ¿es normal que haya disminuido tanto el deseo?, ¿tener menos relaciones significa que estamos peor como pareja?
La investigación sobre sexualidad durante el posparto puede ayudarnos a responderlas. Y quizá haya una idea importante desde la que empezar: la sexualidad cambia después de tener un hijo y no todo cambio significa que exista un problema.
¿Por qué ha cambiado nuestro deseo?
El deseo sexual no funciona como un interruptor independiente del resto de nuestra vida. Está relacionado con nuestro cuerpo, pero también con el cansancio, el estado emocional, la imagen corporal, nuestra relación de pareja y el momento vital que atravesamos. Y pocas etapas reúnen tantos cambios simultáneos como el posparto.
El cuerpo de la mujer se está recuperando del embarazo y del parto. Puede haber molestias o dolor. El sueño se fragmenta, aparece el cansancio y buena parte de la energía física y mental está ahora orientada al cuidado del bebé. Si existe lactancia, los cambios hormonales también pueden influir en el deseo, la lubricación y el confort.
Por eso, ante un descenso del deseo quizá sea más útil sustituir el «¿qué nos pasa?» por «¿qué estamos viviendo ahora que puede estar influyendo en nuestra intimidad?».
Que el deseo haya cambiado no significa necesariamente que haya desaparecido la atracción, que queramos menos a nuestra pareja o que exista una disfunción. Muchas veces forma parte de la adaptación a una etapa extraordinariamente exigente.
¿Tener menos relaciones significa que estamos peor?
No. O al menos no necesariamente. Durante los primeros meses después del posparto la actividad sexual tiende a recuperarse de forma progresiva, pero cada pareja tiene su propio ritmo. Pero tener menos relaciones sexuales no equivale automáticamente a tener una peor relación de pareja.
Es importante tener presente que la intimidad de una pareja no se puede reducir al número de relaciones sexuales que se tienen en una semana; se expresa también con caricias, abrazos, conversaciones, cuidados…
La pregunta importante quizá no sea «¿cuántas veces tenemos relaciones sexuales?», sino «¿cómo estamos viviendo los dos este cambio?».
¿Cómo hablar de ello sin presionarnos?
Uno puede echar de menos la vida sexual anterior mientras el otro todavía siente cansancio, molestias o poco deseo. Y entonces es fácil interpretar lo que sucede desde nuestra propia necesidad: «ya no le atraigo», «solo piensa en tener relaciones» o «si le digo que no, se sentirá rechazado».
Precisamente por eso necesitamos hablar. Expresar lo que sentimos no significa reclamar una relación sexual. Puede ser decir: «Echo de menos sentirnos cerca», «me preocupa que pienses que ya no me atraes», «todavía necesito tiempo» o simplemente «¿cómo estás viviendo tú todo esto?».
La capacidad de comunicar deseos, límites y expectativas y de negociar juntos estos cambios está relacionada con una mayor satisfacción y un menor malestar.
Y hay algo especialmente importante: expresar una necesidad no significa exigir al otro que la satisfaga inmediatamente. Respetar su tiempo tampoco significa dejar de hablar de lo que sentimos.
¿Cuándo conviene pedir ayuda?
Normalizar los cambios del posparto no significa que haya que resignarse ante cualquier dificultad.
Conviene consultar cuando existe dolor durante las relaciones sexuales, especialmente si persiste; cuando las dificultades generan un malestar importante; cuando las diferencias de deseo provocan conflictos frecuentes; o cuando resulta muy difícil hablar de sexualidad sin terminar enfrentados.
Volver a encontrarnos
Quizá una de las mayores fuentes de presión sea pretender recuperar cuanto antes la misma vida sexual que existía antes del embarazo.
Pero ha nacido un hijo. Han cambiado los cuerpos, los horarios, el descanso, las responsabilidades y también la propia vida de pareja.
Por eso, cuando nos preguntamos «¿cuándo volveremos a ser como antes?», quizá haya una pregunta más adecuada: «¿Cómo podemos volver a encontrarnos en medio de todo lo que ha cambiado?»
Porque después de tener un hijo cuidar la intimidad no consiste en volver atrás, sino en aprender, juntos, una nueva manera de estar expresar nuestro amor.
Juan Díaz Tenza
Psicólogo General Sanitario y sexólogo
[email protected]
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