El síndrome de Solomon: claves para no infravalorarte

Claves para no infravalorarte
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Los seres humanos somos sociables, en cierta medida necesitamos de los demás para sentirnos seguros, apoyados, integrados... y esa necesidad es la que en muchas ocasiones nos dicta como compórtanos en cada situación. Sin embargo, a veces, no somos nosotros mismos por inseguridad o por miedo a qué pensarán los demás. Si generalmente intentas pasar desapercidibido, te contamos cómo evitar caer en el síndrome de Solomon y las claves para no infravalorarte.

Seguramente todos hemos vivido situaciones donde un grupo juzga a una persona por no encajar, por ir en contra de la norma, por no hacer lo que se espera de él, etc. Incluso nos ha podido pasar a nosotros mismos, cuántas veces hemos estando en una reunión social, con amigos, familiares, compañeros de trabajo y llegado el momento no nos hemos atrevido a dar nuestro punto de vista, a confrontar las ideas de los demás por miedo a lo que pensarán de nosotros, a que nos critiquen o a que nos rechacen.

¿Qué es el síndrome de Solomon?

Podemos definir el síndrome de Solomon como un fenómeno en el que las personas intentamos no destacar, no sobresalir ante los demás, incluso tomamos decisiones dejando de lado lo que pensamos o lo que queremos por miedo al qué dirán, a que nos critiquen o a sentirnos rechazados del grupo.

El síndrome de Solomon

Las personas que sufren el síndrome de solomon se caracterizan por una baja autoestima, falta de confianza en sí mismo y tienden a compararse continuamente con las demás personas, llegando a la falsa conclusión de que su valor como personas depende del valor que le otorgan los demás.

Lo cierto es que no nos gusta llamar la atención, no nos sentimos cómodos alardeando de nuestros éxitos, de lo bien que nos va en el trabajo, con nuestra pareja, lo ideal que es nuestra casa o lo espectacular que es nuestro coche nuevo, y es que, tenemos miedo de que nuestros éxitos ofendan a la persona que tenemos delante.

Por otro lado tampoco nos gusta demasiado oír lo bien que les va a los demás, cuando lo escuchamos nos pueden invadir sensaciones de rabia, tristeza y como consecuencia tendemos a condenar el éxito de los demás, ¿Por qué nos invaden esas emociones? ¿Por qué criticamos a los demás? La respuesta es sencilla, porque nos invade una emoción llamada envidia.

La envidia y el éxito de los demás

La envidia es una emoción que experimentamos cuando deseamos algo que no poseemos, suele aparecer cuando nos comparamos con alguien y llegamos a la conclusión de que tiene algo que nosotros no y que por supuesto nos gustaría tener, esta conclusión nos provoca un sentimiento desagradable que nos lleva hasta la rabia, la tristeza, el enfado, etc. Además hace que nos centremos en nuestras carencias y nos sintamos inferiores por no tener lo que otro tiene dificultándonos de esta manera el desarrollo personal y las relaciones con los demás.

La envidia es lo que hace que nos cueste tanto alegrarnos por los éxitos de los demás, pues en sus éxitos vemos reflejados nuestros fracasos y frustraciones. Puesto que es complicado hacer frente a nuestras frustraciones encontramos la vía de escape juzgando a los demás, criticándolo por haber conseguido algo que yo no tengo.

Claves para no infravalorarte

Como seres sociales que somos es cierto que nos gusta sentir que pertenecemos a un grupo, que encajamos, que no somos diferentes, sin embargo, encajar no significa olvidarme de mi individualidad, dejar de lado mis deseos a cualquier precio.

Estos consejos te servirán de gran ayuda para no caer en el error de olvidarnos de nosotros mismos:

1.  Ser asertivos, es decir, ser capaces de decir aquello que pensamos sin necesidad de ofender a la persona que tenemos delante, de lo contrario serán las otras personas las que decidan por nosotros y terminaremos sintiéndonos inferiores.
2.  Ser más justos al compararnos, la mayoría de las veces que nos comparamos con otros es para resaltar nuestros defectos, solo tenemos en mente lo negativo que poseemos y nos olvidamos de comparar nuestras virtudes y todo lo que hacemos bien que seguro, ¡son muchas cosas!.
3.  Ser capaces de reconocer y aceptar aquello que nos hace diferentes y ser conscientes de que ser diferente no es únicamente negativo, sino todo lo contrario, nos da la oportunidad de compartir y aprender con el otro.
4.  Atrévete a ser tu mismo y quiérete por ello, quererse a uno mismo implica mostrarse tal como eres, sin reparos ni miedos.

Rocío Navarro. Psicóloga. Directora de Psicolari, psicología integral

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