Cuando los niños empiezan a vestir con estilo propio

Cuando los niños empiezan a vestir con estilo propio
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Se van haciendo mayores, pero aún les falta mucho para ser independientes, pero ya quieren empezar a vestir con estilo propio. En materia de ropa, los padres son los que proveen. Pero cuando nuestros hijos van al armario, vamos descubriendo en ellos que hay estilos que les gustan más que otros, que van aprendiendo a combinar, a elegir las prendas en función de la ocasión. ¿Cómo podemos ayudarles a conseguir un estilo adecuado manteniendo, al mismo tiempo, el propio de cada uno?

Cuando son pequeños, todo es fácil. Los padres preparan la ropa con esmero el día antes y toda la preocupación de los hijos consiste en recordar si la ropa interior se pone antes o después de los pantalones y determinar, tras darle muchas vueltas, qué zapato va en cada pie. Pero acabada la primera infancia, el carácter de nuestros hijos empieza a despuntar, a diferenciarse del resto. Y uno de los signos más evidentes de esta tendencia lo encontramos en el estilo propio al vestir.

Aunque sean los padres los que compren la ropa y, en muchos casos, la elijan, ya vamos percibiendo algunos detalles que nos marcan la tendencia de cada cual. Desde la niña que elige una diadema del color del vestido hasta la que protesta cuando le toca falda, el niño que va hecho un pincel por muchas horas que pasen o el que lleva la camisa por fuera antes de que haya pasado ni tan siquiera una hora.

Vestir con estilo propio desde la infancia

Esa libre expresión de su propio estilo se constata de forma aún más clara cuando no seleccionamos su ropa y dejamos que ellos la elijan. Evidentemente, la elección es limitada porque un niño de entre seis y doce años no se compra ninguna prenda. Solo podrá seleccionar entre las que ya habían elegido sus padres. Pero iremos notando la diferencia: habrá niños que cuando vayan al armario se decanten por ropa más 'de batalla' y otros que prefieran la 'de domingo' para cualquier ocasión.

Falda o pantalón, polo o camiseta, jersey o sudadera, zapatilla deportiva o zapato. En estas pequeñas decisiones iremos comprobando cuál es su estilo y así orientarles para vestir bien.

1. Permitir el estilo personal, pero con límites. Dejar cierto ámbito al estilo personal es importante porque se acompasa con el desarrollo de su carácter. El niño define el estilo en función de lo que le gusta hacer, de cómo es. Por ejemplo, un niño deportista pedirá ir en chándal o un pantalón cómodo, cuando no la equipación de su club favorito. Tiene que saber que esa forma de vestir no es la adecuada para determinadas actividades, pero no hay nada de malo en que la elija en momentos no señalados.

Para evitar conflictos innecesarios, lo más sencillo es establecer unos límites claros de antemano. Como defiende la pedagoga Maite Vallet, este modelo educativo permite no incurrir en castigos desproporcionados en función del estado de ánimo de los padres. Y, sobre todo, establece unas pautas de comportamiento muy claras que los niños pueden seguir. Si el niño traspasa un límite, solo habrá que recordar cuál es el acuerdo al que habíamos llegado y las consecuencias estipuladas de antemano.

Así, por ejemplo, se puede decir que solo se utilizará ropa deportiva en actividades ídem y aquellos días en los que no tenemos pensado salir de casa ni recibir visitas. Es importante ser minucioso con las puntualizaciones porque nos evitarán problemas posteriores.Es conveniente dejar claro el modelo de vestimenta para los días de colegio. En el caso de alumnos con uniformes es más sencillo, pero conviene resaltar pautas como el peinado, la prudencia de no llevar pulseras o colgantes, el calzado o el abrigo.

Si los niños van sin uniforme al colegio es aún más necesario establecer los criterios básicos para que la casa no se convierta en una batalla campal cada mañana. Una buena idea en este sentido consiste en preparar con ellos el atuendo la noche anterior. Por la mañana, con las prisas, es más difícil dominar el carácter.

2. Saber combinar. Un reto en la educación de los hijos consiste en que aprendan a combinar. Al principio de su autonomía solo podremos esperar de ellos que no se olviden de todas las prendas. Poco a poco se irán dando cuenta de que existen estilos distintos y colores que conjuntan mejor que otros. Pero eso nos costará trabajo. Basta pensar en el resultado de un campamento en una granja escuela: preparamos varios conjuntos con la mejor voluntad y las fotos nos devuelven un simpático batiburrillo de formas y colores, estampados imposibles y estilos dispares.

El mejor camino para que desde pequeños vayan combinando colores es pintar. Poco a poco se darán cuenta ellos mismos de cuáles les resultan más atractivos y cuáles molestan más a la vista. También aprenderán mucho ordenando colores por gamas cromáticas. Lo que apliquen en el dibujo sabrán aplicarlo en el armario.

3. Un estilo para cada ocasión. Este punto es clave para una buena educación en el estilo y nos ahorrará muchos disgustos posteriores, en particular en la adolescencia. Los niños tienen que sentirse autónomos y libres para vestir pero, al mismo tiempo, tienen que asumir que, en determinadas circunstancias, el decoro, la buena educación cívica y la prudencia aconsejan un determinado tipo de ropa.

Para lograr este hábito es importante empezar desde muy pequeños. En ocasiones, como los niños de corta edad son muy activos, preferimos llevarlos todo el día vestidos igual. Pero es bueno que marquemos la diferencia para aquellas circunstancias que merecen una preparación especial, como un cumpleaños familiar o cuando vienen visitas.

Esta diferenciación ayudará no solo a que interioricen la importancia de estos acontecimientos, puesto que harán la lectura de que es un momento especial y por eso se visten de modo diferente. También les permitirá interiorizar poco a poco las normas básicas de educación y les ayudará a asociar la vestimenta con otros comportamientos, como guardar especial silencio o no corretear.

Aquí desempeña un papel fundamental el ejemplo de los padres. Tenemos que cuidar especialmente este detalle porque en la segunda etapa de la infancia, en la que casi siempre comparten actividades con nosotros, les enseñará cómo ir vestidos el hecho de ir acordes con el resto de la familia.

4. Austeridad e imaginación. De la misma manera que educamos a nuestros hijos en la austeridad en aspectos como los juguetes que tienen y no les contemplamos los caprichos, tampoco debemos estar permanentemente comprándoles ropa, incluso aunque seamos nosotros mismos los que tengamos que vencer la tentación.

Además, podemos animarles a que utilicen complementos para variar el estilo: pañuelos, gorras, sombreros... Si tienen hermanos, en esta etapa aprenderán a compartir algunas prendas que sean de talla única.

Victoria Molina

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