6 consejos para mejorar la comunicación con tus hijos

     
Cómo mejorar la comunicación con tus hijos
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Normalmente, los adultos consideramos que tenemos buena comunicación con los niños cuando damos instrucciones o les explicamos peligros y cuidados. Sin embargo, a menudo, tenemos dificultades para comunicarnos cuando los sentimientos propios, y los del niño, están involucrados.

Por otro lado, mejorar la comunicación con tus hijos no consiste únicamente en palabras: nos comunicamos a través de miradas, gestos, contacto físico e incluso silencio.

Una comunicación de calidad en familia, que canalice y exprese adecuadamente emociones y sentimientos; es importante para el niño y para su futuro, pues le ayuda a desarrollar su confianza en sí mismo y a establecer relaciones estables con los que le rodean. Una comunicación pobre hacia los niños, se constituye en un modelo que es aprendido y reproducido, y que conduce a relaciones frustrantes, a conflictos y a sentimientos de inutilidad.

Bases para comunicarte con tus hijos

A continuación, te damos las bases de un modelo de comunicación adulto-niño cálido y respetuoso mediante 6 consejos para mejorar la comunicación con tus hijos. Cada familia puede utilizar estos cimientos para construir su propia manera de comunicarse, escuchándose mutuamente y exponiendo sus demandas y sentimientos sin confrontar:

1.   Comunica aceptación. Los niños que se sienten aceptados tal como son, tienen más disposición a mostrar sus sentimientos y problemas, es más fácil hablar con ellos. Pueden sentirse bien consigo mismos incluso cuando reciban comentarios negativos, porque saben que el amor del adulto no depende de ese comentario o momento puntual. En cambio, lo que piensan los niños cuando los adultos envían mensajes tales como "eres un revoltoso", "no haces más que molestar""te portas como un bebé para llamar la atención" "si te comportas así es porque no quieres a mamá" *suele ser: "Soy malo" "No valgo nada" "Siempre me reprochan todo porque no sé hacer nada bien".

Podemos aceptar a los niños sin aprobar necesariamente su conducta. Por ello, es necesario dejarles siempre claro, de forma serena y firme, sin necesidad de explicaciones extensas; que, aunque entendemos sus sentimientos, su conducta no es la apropiada y por qué. Por ejemplo, ante un niño que molesta en el restaurante: "entiendo que estás aburrido, pero los adultos no hemos terminado de comer y hay otras personas que pueden sentirse molestas por tu actitud. Puedes intentar distraerte pintando o*(ofrecer alternativas)".

2.  Usa reforzadores. Los reforzadores son invitaciones a decir más, señales de que estamos escuchando y ponemos interés, puertas para compartir ideas y sentimientos. Generan en los niños la sensación de que sus ideas son importantes y que apreciamos y respetamos lo que están diciendo. Por ejemplo: "Ya veo","¿De veras?" "Cuéntame más" "No estoy segura de haberte entendido".

Ahora bien, para fomentar la comunicación en familia los reforzadores deben ofrecerse de forma sincera y nunca de modo distraído y automático, ya que esto los niños lo notan y se sienten engañados. Si no es el momento oportuno para que nos hablen, quizás podemos decirles: "Me interesa mucho eso que dices, quisiera que lo hablemos en un rato para entenderlo bien". 

3.   Habla "con" el niño y no "sobre" el niño. Hablar "con" el niño, implica una interacción con él, bilateral. Hablar "a" el niño, o "sobre" el niño, implica un discurso unilateral, o, peor aún, una conversación donde se le excluye, a pesar de que se hable de él. Indudablemente, habrá momentos en que es necesario, por su bien, hablar de él sin que él intervenga; o bien indicarle instrucciones indiscutibles. Pero siempre anteponiendo el respeto y la consideración de que, por muy niño que sea, tiene su personalidad, su opinión y su derecho a expresarla, teniendo en cuenta que la conversación se adapte a su edad.

4.   Comunica órdenes e instrucciones en positivo. Tratar de decir a los niños "qué hacer" en lugar de "qué no hacer" es un buen ejercicio para mejorar las relaciones entre padres e hijos, profesores y alumnos. Puede parecer difícil al principio, pero con la práctica sistemática se consiguen resultados sorprendentes. Por ejemplo: prueba a decir "Cuelga el abrigo de modo que no arrastre" en lugar de "No arrastres el abrigo por el suelo", o bien: "Por favor trata de que tu habitación quede recogida" en lugar de "No seas tan desordenado".

5.   Comunica instrucciones y órdenes breves y sencillas. Incluso aunque los niños se esfuercen en cumplir las instrucciones, lo normal es que hasta cierta edad (aproximadamente diez años) les resulte difícil recordar y cumplir una serie de encargos sucesivos. Por esta razón, la comunicación más eficaz va a ser aquella en que se pidan las cosas de forma breve y concreta, sólo una vez, en lugar de enunciados largos que haya que repetir varias veces.

6.   Utiliza mensajes firmes para comunicar peticiones importantes. Es necesario evitar el efecto "ruido de fondo". El niño no debe acostumbrarse a oír a los adultos repitiéndole lo mismo una y otra vez, "sermones" o frases largas llenas de reproches en tono lastimero. En general, les cuesta focalizar la atención hacia los adultos cuando están haciendo otra cosa que les agrada, por lo que es conveniente utilizar un tono firme que les comunique específicamente que lo que les vamos a decir requiere su completa atención y que sólo lo diremos una vez. Una vez se acostumbren a este tono, lo más común será que atiendan automáticamente cuando lo escuchen.

En general, una comunicación eficaz será aquella en que se establezca contacto visual al mismo nivel entre niño y adulto. La clave de la comunicación en familia depende de la edad de los niños, por tanto, dejemos al niño contar lo que tenga que decir hasta el final sin interrumpir; utilicemos un tono cortés y respetuoso aún en situaciones de enfado (perfectamente compatible con la firmeza) y no tengamos miedo de utilizar el "yo" o el "tú" para expresar nuestros sentimientos o afirmar comprensión hacia los suyos ("Sé que tú estás molesto porque perdiste en el juego" "Yo me siento incómoda cuando hay desorden en la casa", en lugar de "Eres un mal perdedor" o "¿Cómo has hecho todo este desorden?").

Ana Barrantes. Directora de Gabinete Psicopedagógico Aula6

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