A trabajar también se aprende

Aprender a trabajar
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Una de las mejores experiencias que puede adquirir un joven de cara a su propia formación personal es la de realizar algún pequeño trabajo como primer empleo, remunerado o no, que le enseñe cuáles son los condicionantes de la vida laboral adulta, que le ayude a desarrollar la responsabilidad y que le permita tomar perspectiva sobre el valor real del dinero. Y es que a trabajar también se aprende tomando contacto con el mundo laboral poco a poco.

Pueden ser trabajos poco cualificados, como ayudar en un almacén, servir en una hamburguesería o trabajar de camarero unas horas; otros algo más cualificados como dar unas clases de inglés en el vecindario, apoyar a niños pequeños con las tareas escolares o cuidarlos cuando no están sus padres; y también pueden ser las prácticas en empresa que habitualmente se ofertan con las titulaciones superiores tanto universitarias como de formación profesional. Lo importante es saber que a trabajar también se aprende.

Como padres ver a nuestros hijos tomar la decisión de qué camino académico o profesional seguir puede ser muy agobiante. No hay una decisión correcta. Además, tenemos que dejar libertad en el camino a elegir, aunque al mismo tiempo sufrimos pensando que puede ser la decisión equivocada. Queremos lo mejor para nuestros hijos, pero no queremos que sufran por cometer errores y lo pasen mal.

Aunque el dinero no da la felicidad, todos queremos ver preparados a nuestros hijos para enfrentarse al mundo laboral de manera adecuada. Es fácil pensar que ganar dinero es el factor laboral más importante, pero en este mundo de economías volátiles, de gobiernos y mercados financieros internacionales, la verdadera garantía de seguridad económica es lo que se gana de un trabajo bien hecho.

Beneficios del contacto con el mundo laboral

Del trabajo se extraerán una serie de importantes hábitos y valores que, además, el joven interioriza mejor porque son enseñanzas que no recibe de sus padres, con los que pueden mantener una relación de mayor confrontación. Estos son algunos de los beneficios:

1. Seguir un horario impuesto
Trabajar requiere tener que cumplir un horario de manera rigurosa, planear con anticipación el día, ser puntuales y realizar un número de actividades en tiempo determinado. Esta planificación de tiempo y acciones suponen un elemental aprendizaje de gestión y autocontrol.

2. Desarrollar un espíritu de sacrificio y compromiso
Dejar de hacer cosas que nos apetece por hacer lo que debemos es un aspecto maravilloso que proviene de realizar todo trabajo. Tomar decisiones donde lo único que te empuja a hacer lo correcto y trabajar cuando debes es tu compromiso personal de hacerlo, es una capacidad que se desarrolla con la práctica.

3. Aprender el valor del dinero
Saber cuánto vale una hora de trabajo bien hecho es una gran lección. Trabajar y empezar a ahorrar hacia una finalidad (pagarse los estudios, algo que se quiera comprar, un viaje, etc.) hace que se aprecie mucho más aquello que se consigue. Los estudiantes que se pagan sus propios estudios no se saltan clases, no deciden no estudiar para un examen por pereza. Asimismo, alguien que trabaja para poder hacer un viaje disfruta de cada minuto, y alguien que ahorra para comprarse algo que desea no usa a la ligera el objeto cuando lo consigue. Saber lo que vale el dinero es un gran aprendizaje que surge de tener que trabajar para obtenerlo.

4. Capacidad de resolución de conflictos
Es muy común encontrarse en el escenario laboral con problemas de toda índole. Ya sea que algo te impide realizar tu trabajo, te faltan materiales, tus compañeros no son eficientes o tu jefe no es un buen líder. Hay numerosos motivos externos que pueden ser inconvenientes a la hora de realizar un buen trabajo. Estar expuesto a este tipo de obstáculos ayuda a aprender a superarlos o compensarlos. Todos los emprendedores con empresas que no triunfaron cuentan la misma anécdota: Si bien no obtuvieron los resultados que querían, aprendieron de ello mucho más de lo que pensaban. Aprendieron qué no hacer y cómo mejorar y superar los fallos que cometieron y que llevaron a su empresa al fracaso. Aseguran que no habrían aprendido tanto en tan poco tiempo de no haber sido expuestos a esas experiencias consideradas desafortunadas en todo excepto el conocimiento que generan.

5. Iniciativa
Todo trabajo en el que se invierte cariño y esfuerzo crea en el trabajador un espíritu de iniciativa y dedicación. Al invertirte en una actividad laboral, es muy común querer mejorar aquella labor. Ya sea reduciendo el tiempo que requiere, buscar optimizar la manera en que se realiza, buscar mejorar la propia ejecución en la misma, etc. Este espíritu de iniciativa es un gran resultado del trabajo y es de gran valor en el mundo laboral.

Como padres podemos procurar fomentar una buena ética laboral en casa, educar valores profesionales con el ejemplo y desarrollando hábitos desde la infancia. Pero no hay que menospreciar la valía de todo trabajo que aportará, sin duda alguna, al crecimiento profesional de nuestro hijo. Está bien tener grandes aspiraciones, impulsar a nuestros hijos a alcanzar sus sueños, pero también está bien dejarles aprender sobre la realidad del mundo por sí mismos.

Tenemos que trasmitirles siempre la idea de que todo trabajo es igualmente digno y lo importante es realizarlo con la mejor de las actitudes y el mejor de los resultados posibles. Empezar desde abajo les ayudará a valorar siempre todas las tareas, apreciar lo que quieren y lo que tienen.

Marina Berrio

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