Actualizado 14/04/2021 12:25 CET

Diana Jiménez: "La autoestima de nuestros hijos depende de cómo les tratemos como padres"

Entrevista a la psicóloga Diana Jiménez, especialista en Disciplina positva
Entrevista a la psicóloga Diana Jiménez, especialista en Disciplina positva - HACER FAMILIA

Toda la vida de Diana Jiménez ha estado encaminada a la educación de una u otra forma, desde que estudió Psicología y se formó en Disciplina positiva hasta que se convirtió en madre por primera vez y la educación de su familia se convirtió en su eje y pilar.

Ha estudiado en profundidad muchas disciplinas educativas: Pedagogía Waldorf, Montessori, Disciplina Positiva, Comunicación No Violenta... en busca de un "faro" que le guiase en esa nueva aventura de la maternidad.

Hoy, es madre de tres niños y continúa en el camino educativo, con la publicación del libro Infancia en Positivo (Toromítico) en el que han participado la conocida psicóloga de la Salud y el Deporte Patricia Ramirez, Yolanda Cuevas, Rafa Guerrero, José Ramón Gamo, la entrenadora Marisa Moya... Según ella misma nos cuenta "necesitaba hacer algo sencillo para ayudar a otros papás y mostrarlo así es lo que hizo que esos expertos, que están en el libro, quisieran estar ahí porque, en el fondo, la idea que todos queremos es cuidar de la infancia".

La aventura de aprender de nuestros hijos

Todos queremos hijos felices, seguros y con autoestima, ¿qué podemos hacer para educar desde el amor y el respeto?
La disciplina positiva es un método educativo, lo que pasa es que yo voy un poco más allá y la definiría como una filosofía de vida. Es una forma de entender las relaciones entre las personas. Al final, la disciplina positiva nos permite relacionarnos bien con adultos o bien con niños de manera más respetuosa. Para educar desde el amor y el respeto, los padres debemos formarnos y saber que las cosas se pueden hacer de forma diferente.

Sabemos que no somos padres perfectos, ¿pero por qué nos da tanto miedo cometer errores? 
Hay una trampa en la caemos normalmente y es que cometer un error es algo malo y a eso le tenemos mucho miedo. Sin embargo, en lo que no pensamos es que gracias a que cometemos un error tenemos la oportunidad de hacer las cosas de otra manera y mejorar. Cuando como padre o como madre cometemos errores, les estamos enseñando a nuestros hijos la resiliencia, que está ahora muy de moda, y que es sobreponerse, salir airoso de una situación difícil. Entonces cometer errores no es algo negativo, es la manera de vivir y lo importante es aprender de esos errores.

¿De qué errores nos podemos arrepentir como padres?
De los que vienen de esas relaciones verticales donde sentimos que yo, por ser el adulto, soy el que mando y mi hijo por estar abajo es el que tiene que obedecer. Sin embargo, esto es un engaño porque, en realidad nosotros no queremos hijos obedientes, sino que razonen, que sean consecuentes y responsables y para eso nosotros tenemos que educar desde esa filosofía de vida. El error que cometemos es pensar que los hijos tienen que aprender como aprendimos nosotros, a base de premios y de castigos, y eso hoy en día sabemos que no funciona.

¿Cómo entender el comportamiento de los niños?, ¿qué podemos hacer para entender cómo piensan?
Tenemos que formarnos como padres y darnos cuenta que somos padres de hoy en día, no somos iguales que los padres de hace 50 años. Esto tiene mucho que ver con todos los avances que tenemos, como la neurociencia. Para entender por qué los niños hacen lo que hacen, debemos conocer las particularidades de su etapa evolutiva: no es lo mismo tener un niño de 3 años, que de 7 o de 12 años. Si conocemos cómo es la mente de un niño a esa edad, voy a poder entender mucho más su comportamiento. Muchas veces, los padres no nos damos cuenta que buscando una solución, lo que hacemos es perpetuar el problema y para eso los padres debemos formarnos e informarnos teniendo en cuenta todos los avances que hay en neurociencia, psicología y pedagogía.

¿Cómo podemos enseñar a los niños a controlar el volcán de las emociones que todos tenemos dentro?
El volcán de las emociones es un simil, que está también en el libro El cerebro afirmativo del niño, de Daniel J. Siegel, y son maneras de visualizar que muchas veces nos dejamos llevar por las emociones. En realidad, no es lo que me pasa sino lo que hago con lo que me pasa.

Cuando los niños son pequeños no saben identificar lo que están sintiendo y al final lo que ocurre es un desborde emocional.

Lo que vemos de un volcán cuando explota es la lava, vemos el resultado pero no sabemos que había antes, antes de esa ira y esa rabia hubo algo. Por ejemplo, el niño tira un libro al suelo y vemos la conducta, lo que había antes era enfado y lo que había debajo es un malestar, una necesidad no cubierta... entonces les explicamos a los niños que hay veces que somos como un volcán y echamos fuego, gritamos, nos enfadamos, tanto niños como adultos. Explicar eso es una manera muy visual de explicar muchas de las emociones que sentimos.

Raíces y alas, ¿puedes explicar estos conceptos que son tus principales consejos para educar a los adolescentes?
La adolescencia es una etapa que ha estado muy mal vista durante mucho tiempo. Como padres queremos dar a los hijos unas raíces para que sepan de dónde vienen, cuáles son nuestros valores con los que hemos formado nuestra familia, pero también queremos darles alas para que creen la suya propia. Es como tener un hilo invisible que te permite aun no estando cerca estar conectado, tener una conexión con tu familia y en la adolescencia es la segunda oportunidad que tenemos los padres para recuperar ese vínculo y mejorar la conexión con nuestros hijos. Dales alas, porque tienen que volar, y nosotros tenemos que pasar al asiento del copiloto, pero darles raíces para que recuerden siempre de dónde vienen, a la familia en la que fueron acogidos y tengan siempre esa fuerza para salir adelante.

Los amigos de nuestros hijos, a veces, nos dan dolores de cabeza a los padres, ¿cómo ser parte de la solución y no del problema?
Seguro que somos muchos los que recordamos a nuestros padres diciendo "no me gustan los amigos que tienes". Siempre nos han preocupado los amigos de nuestros hijos y ahora eso nos sirve. Lo que debemos hacer es conocer a los amigos de nuestros hijos, invitarles a casa, saber con quién van. ¿Por qué? Porque en la adolescencia lo que necesitamos es influir, en la infancia hemos educado. Necesitamos disminuir el control para aumentar la influencia. Y ¿cómo se consigue ser Influencer de nuestros hijos? Estando de su lado. Aunque no lo creamos, todo lo que decimos a nuestros hijos les llega. Lógicamente, ellos van a contestar "tú no sabes, mamá", es lo que les toca, y a nosotros nos toca ir dejando esa gotita. No desistamos y sepamos que lo poquito que vamos haciendo va calando en nuestros hijos.

¿Somos los responsables del grado de autoestima de nuestros hijos? ¿Qué hacemos bien o mal para subirla o bajarla?
Hasta hace poco no sabíamos qué importancia tenían las emociones y el que nuestros hijos tuvieran confianza en ellos mismos. Pensábamos que tratando mal a un niño iba a mejorar: "eres un vago, y si te esforzaras darías mucho más de ti". La frase de Jane Nielsen me gusta mucho: "de dónde hemos sacado la loca idea de para que un niño se sienta bien, primero tenemos que hacerle sentir mal". Los padres de ahora tendemos a sentirnos muy culpables y no queremos cometer errores. La autoestima de nuestros hijos depende mucho de cómo les tratemos como padres porque la autoestima es algo que se va construyendo con la edad. Si les colgamos etiquetas como "eres un desastre", de mayor dirán "yo eso no puedo porque soy un desastre". Antes pocas veces un padre decía "estoy orgulloso de ti, qué valiente has sido*". Cuando hacemos esos comentarios los niños van introduciéndolos en ellos mismos.9. Gánate la confianza de tus hijos.

¿Cómo lograr conseguir la confianza de tus hijos?

Estamos confundiendo ganarnos la confianza de nuestros de hijos con ser amigos de nuestros hijos, y está ocurriendo que nos estamos yendo al otro extremo.

Nosotros no tenemos ejemplo de padres que confiaran en nosotros. ¡Cuántos hemos visto desnudos a nuestros padres o cuántos nos hemos bañado con ellos! Y ahora esto es muy habitual. Se nos olvida que somos padres, no somos amigos. Somos los que ponemos las normas, los límites, les escuchamos, les tenemos en cuenta… ¿Cómo se desarrolla la confianza? Confiando en ellos también. Hay una manera muy bonita y es ser honestos con nosotros mismos y tener en cuenta que nuestros hijos son personas, pero más pequeñas. Recuerdo que hace unos años, tenía que prepararme una conferencia para dar delante de muchísima gente e iba en el coche con mis tres hijos y les dije: “chicos, estoy muy nerviosa, no sé cómo hacer esto” y uno de mis hijos, que entonces tenía 9 o 10 años, me dijo: ¡qué pena que tengas la conferencia mañana porque yo tengo una dentro de 3 días y te podría ayudar”. En el fondo me dio a entender que él confiaba en mí y yo confiaba en él.

¿Por qué crees que los deberes son un problema para los niños de todas las edades?
Lo que está ocurriendo de un tiempo a esta parte es que el sistema educativo no está evolucionando a la par de la sociedad y estamos envolviendo cosas viejas en papel de regalo nuevo, pero no dejan de ser cosas viejas. Un ejemplo son las tablets. Hay muchos centros educativos donde enseñan con Tablet y lo que hay dentro son los libros, ¿dónde está el avance real? O tengo una pizarra digital y lo que escribo es lo mismo que escribiría en una pizarra de tiza. ¿Qué ocurre con los deberes? Se sabe desde hace muchos años que no son una ayuda real. A los niños que les va mal en el colegio, los deberes son una carga. Es como si yo fuera a mi centro de trabajo y al salir todos los días mi jefe me dijera: “espera, que te mando unas cositas para casa”. Y tuviera que llegar a casa, hacer la cena, atender a los niños y encima hacer los deberes. Si además llego a casa con esa tarea y no la sé hacer y le digo a mi marido que me ayude y no sabe, eso nos pasa a los padres, que al final es una carga y nos complica.

Los deberes no son una ayuda para los niños, son una serie de tareas repetitivas, que lejos de motivarles, les desanima y les hace sentir aun peor.

¿Cómo cambiar de mentalidad y potenciar nuestro autocuidado para educar mejor a nuestros hijos?
Debemos desterrar la idea de que yo tengo estar en el último lugar. Para educar bien, tengo que estar bien. Al revés no funciona y esta es una idea que venimos arrastrando desde hace muchos años. Oigo a madres que me dicen “me he tenido que quitar del gimnasio para ayudar a mis hijos con los deberes” y no nos damos cuenta de que entramos en modo supervivencia y voy aguantando y aguantando: y un día como más tarde, ya dormiré, ya me cuidaré, ya lo haré cuando sean mayores… y lo que nos perdemos es que podemos disfrutar de la maternidad y de la paternidad y que cuidarse es una obligación, no es egoísmo que es lo que se ha pensado siempre. En Disciplina positiva ponemos siempre el ejemplo de la mascarilla que cae del avión. Te dicen las azafatas, si se despresuriza la cabina y cae la mascarilla, póntela tú en primer lugar porque el primer impulso de la madre es ponérsela a su hijo, pero si tú te estás ahogando, ¿quién va a salvar a tu hijo? Tenemos que estar bien para educar bien, al revés no funciona.

Marisol Nuevo Espín

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