Uno de los males de nuestro siglo es la sobreprotección. Quizá porque hay menos niños. Quizá porque les prestamos más atención. Quizá porque vivimos en una sociedad que busca la felicidad a cualquier precio y rechaza el sufrimiento.
Lo malo es que la sobreprotección, aunque aparentemente haga más fácil la vida de nuestros hijos, les impide adquirir de manera natural determinados aprendizajes que son fundamentales para su desarrollo personal.
Al sobreprotegerlos, no les damos la oportunidad de crecer por sí mismos, de confiar en ellos mismos, de experimentar la satisfacción de haber logrado resolver un problema sin necesitar ayuda.
Cuando no los sobreprotegemos, aunque estemos siempre vigilando desde la distancia, les estamos dando la oportunidad de mejorar constantemente y, quizá más importante, de sentir que pueden.
1 Autonomía.
Si hacemos por ellos las cosas que, con más o menos esfuerzo y habilidad, pueden hacer, les estamos quitando la opción de crecer en autonomía para que puedan enfrentarse solos a los retos.
2 Autoestima.
Si los sobreprotegemos, hacemos que no se sientan capaces de llevar a cabo sus tareas y enfrentarse a los retos de la vida y debilitamos su autoestima porque creen que no creemos en ellos.
3 Perseverancia.
Es normal que les cueste llevar a cabo una tarea y tienen que comenzar y recomenzar varias veces. Si, a la primera caída decimos “deja, que ya lo hago yo”, nunca serán perseverantes.
4 Resiliencia.
El camino hacia la vida adulta está lleno de tropiezos que obligan a empezar de nuevo. En esa dificultad se va formando la resiliencia, la capacidad de no doblegarse ante la primera adversidad.
5 Confianza.
Cuando nuestros hijos miran atrás y descubren que fueron capaces de hacer frente a ese reto que parecía imposible, adquieren confianza suficiente para enfrentarse al siguiente obstáculo.
6 Esperanza.
La esperanza no es un optimismo vacío, es la sensación de que lo que nos planteamos es posible. Cuando sobreprotegemos, nuestros hijos creen que todo depende de nosotros.
7 Fortaleza.
El camino deja algunas cicatrices pero también los fortalece y les demuestra que son capaces de aguantar mucho más esfuerzo del que creían. Ya no tendrán miedo al siguiente reto que venga.
8 Amabilidad.
En dos sentidos: amar, porque pueden darse a los demás, porque son agradecidos, y ser amados, porque perciben que su esfuerzo es valorado y esa es la mejor recompensa.
Recomendación literaria
De 1 a 3 años. Descubriendo el mundo
Silvia Banqueri Guerrero

La guía esencial para padres de niños de 1 a 3 años. Aprende a fomentar la autonomía y la educación en valores con rigor pedagógico para construir un vínculo familiar sólido desde la primera infancia.
Durante los primeros años, los niños tropiezan y se levantan bajo la mirada atenta y amorosa de sus padres, quienes los acompañan brindándoles apoyo y, al mismo tiempo, el espacio necesario para que puedan crecer a su propio ritmo.
Esta obra aborda temas esenciales como la educación en valores, la comunicación en la familia y el fomento de la autonomía, siempre desde la individualidad de cada niño. Una lectura imprescindible para padres, educadores y profesionales que desean fortalecer el vínculo familiar y construir hogares felices sobre bases sólidas y valores duraderos.
Este libro nace de la experiencia de una madre y formadora con una sólida trayectoria, que combina el rigor pedagógico con una mirada actual a los retos de la educación. Inspirada en los avances científicos sobre el desarrollo infantil y enriquecida por años de práctica profesional, la autora comparte orientaciones realistas para acompañar el crecimiento integral de los niños en sus primeros años, esa etapa maravillosa en la que descubren el mundo.
María Solano Altaba
directora de Hacer Familia
profesora de la Universidad CEU San Pablo