Actualizado 07/05/2021 12:20 CET

Antes de sentarte a estudiar, ¿cumples estos objetivos?

Todo lo que debes hacer antes de sentarte a estudiar
Todo lo que debes hacer antes de sentarte a estudiar - ISTOCK

A sus 20 años, María, una modélica estudiante de Publicidad y Marketing, ya ha sufrido varios ataques de ansiedad. En una ocasión, poco antes de los exámenes de final de curso, se desmayó. Cuando volvió en sí, pasó varias horas con una taquicardia severa y tuvieron que llevarla al hospital.

A Javier, que tiene la misma edad y estudia Derecho, le marea solo pensar en los 'tochos' que le quedan por tragarse antes de los exámenes. De hecho, está tan angustiado que ha empezado a faltar a clases porque prefiere quedarse en casa avanzando por la mañana. Pero lo cierto es que se siente tan mal por no ir a clase que tampoco estudia tanto como querría. Y para colmo, empieza a darle vergüenza volver a las aulas porque algunos profesores ni lo conocen.

Son escenas tristemente habituales en los pasillos de cualquier centro de enseñanza superior. Jóvenes eternamente angustiados, con enorme insatisfacción por todo el trabajo que tienen que sacar adelante. Y la tónica común es que, en vez de afrontar la situación, huyen por distintas vías de escape. Posponen el estudio, se dedican primero a tareas menores y postergan las más difíciles, son capaces de ordenar su habitación o planchar la pila de ropa de la familia antes de abrir el libro que les genera tanta ansiedad.

Ansiedad y angustia: ¿por qué los estudiantes llegan a esta situación?

Para José Pascual Martín, fundador del Instituto Pascal, entidad dedicada al aprendizaje de técnicas de estudio, "estas escenas son fruto de una conjunción de factores: falta de organización, carencia de un método adecuado para aprender y el agobio que genera un resultado deficiente y una perspectiva desalentadora".

Antes de empezar, debes asegurarte de que cumples estos objetivos. Así lograrás que tu tiempo de estudio será más efectivo:

1. Organización. El método de estudio empieza, naturalmente, por la organización. Y aquí influye de manera decisiva un problema muy habitual en nuestros jóvenes: el fenómeno multitarea. Los estudiantes que hoy se enfrentan a sus exámenes han pasado buena parte de sus vidas inmersos en el mundo digital, con sus ventajas e inconvenientes.

En muchas ocasiones, las características de lo digital son un arma de doble filo. Es lo que ocurre con la multitarea, positiva porque permite saltar de una herramienta a otra, negativa porque produce una discontinuidad en la atención que puede tener como consecuencia una menor capacidad de concentración. Por eso la organización cobra un papel especialmente relevante: si se acotan los tiempos dedicados a cada tarea, es más sencillo evitar desviar la atención a otra diferente.

Además, la consecuencia no es solo cumplir con los objetivos previstos, sino que se refuerza la autoestima en la medida en la que los jóvenes ven cómo van alcanzando metas, cerrando áreas de trabajo. De lo contrario, tienen la sensación de avanzar poco en muchos frentes y nunca terminar ninguno.

2. Motivación. Estudiar no es sencillo y rara vez resulta lo más apetecible que un joven puede hacer ese día, de modo que es muy importante que aprendan a buscar motivaciones que les lleven a involucrarse en el esfuerzo que tienen por delante. Tienen que ser ellos, y no los padres, los que las encuentren. Una meta que para nosotros puede resultar deseable, como un trabajo estable y bien remunerado, quizá esté demasiado lejana, o quede desmontada por ejemplos en contra que no la hacen útil.

Los jóvenes son excesivamente cortoplacistas y eso provoca que se agobien con cualquier obstáculo de la senda que les llevará a obtener su título. Que la motivación sea aprender y crecer, y no las calificaciones, será una vía buena para que sepan relativizar y no sucumban a la ansiedad ante pruebas menores como un examen ordinario o una entrega. Tienen que entender su currículo académico como un todo, no como una mera sucesión de obstáculos.

3. Asistencia a clase. Una falacia histórica en la que caen los estudiantes consiste en pensar que, al llegar a la universidad, ya pueden faltar a clases porque son adultos. En su vida escolar estuvieron sujetos a un control más estricto y ahora son libres de decidir lo que hacen con su tiempo. Lo cierto es que conviene recordarles que será en la vida adulta donde no puedan faltar más que de forma absolutamente justificada.

Nadie falta a su puesto de trabajo y, sin embargo, tiene menos trascendencia que un niño pierda una sesión de matemáticas en el colegio porque tienen que revisar su ortodoncia.

Porque la asistencia a clase es la piedra de toque para un buen estudio. No solo porque permite comprender las explicaciones del profesor que aclaran los aspectos más problemáticos de la materia, sino porque los apuntes propios sirven para estudiar mientras que los ajenos solo generan confusión.

María Solano
Asesoramiento: José Pascual Martín, fundador del. Instituto Pascal 

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