Educar una fuerte autoestima en los hijos no significa conseguir que se sientan siempre bien consigo mismos. Significa ayudarles a descubrir quiénes son, reconocer sus fortalezas y aceptar sus límites sin que su valor dependa de las notas, el físico, los likes o la opinión de los demás.
«¿Cuántos likes has tenido?».
Puede parecer una pregunta sin importancia. Pero detrás de ella puede esconderse algo mucho más profundo: la necesidad de saber si los demás nos valoran.
Nuestros hijos han crecido en un mundo en el que la aprobación puede medirse con números. Seguidores, comentarios, visualizaciones, likes… Todo parece susceptible de ser comparado.
Y, además, la comparación no termina cuando se apaga el móvil. Puede aparecer delante del espejo, en el colegio, en el equipo de fútbol o incluso dentro de la propia familia.
Por eso, cuando hablamos de autoestima en nuestros hijos, quizá la pregunta más importante no sea cuánto les afectan las redes sociales, sino otra:
¿De dónde están aprendiendo nuestros hijos que viene su valor?
Una autoestima sana no consiste en sentirse el mejor
A veces confundimos una buena autoestima con conseguir que nuestros hijos tengan una imagen positiva de sí mismos.
Queremos que se sientan guapos, capaces, inteligentes y seguros. Y, por supuesto, queremos que sepan reconocer sus cualidades.
Pero una autoestima verdaderamente sólida necesita algo más.
Un hijo con buena autoestima no es el que piensa que todo lo hace bien. Es el que sabe que sigue teniendo valor cuando algo le sale mal.
Puede suspender un examen y no sentirse un fracaso. Puede perder un partido sin pensar que no sirve para nada. Puede recibir una crítica sin creer que toda su personalidad está siendo cuestionada. Puede no ser invitado a un plan y no concluir que nadie le quiere. Puede publicar una fotografía y recibir pocos likes sin pensar que hay algo malo en él.
Esa seguridad no aparece de repente en la adolescencia. Se va construyendo durante años, en casa, a través de la mirada que los padres proyectamos sobre nuestros hijos y de las experiencias que les permitimos vivir.
¿De qué depende la autoestima de nuestros hijos?
La autoestima se construye a partir de muchos elementos: el conocimiento de uno mismo, las relaciones con los demás, la percepción de las propias capacidades, la experiencia de superar dificultades y, especialmente durante la infancia, la forma en la que los hijos se sienten queridos y valorados en su familia.
Por eso es importante que nuestros hijos reciban un mensaje que vaya más allá de: «Eres el mejor».
Porque llegará un momento en el que descubran que no lo son.
Habrá alguien que saque mejores notas, corra más rápido, tenga más amigos, sea más popular o reciba más likes. Y entonces necesitarán saber algo mucho más importante:
«No necesito ser el mejor para tener valor».
Los padres no podemos evitarles la comparación, pero sí enseñarles a compararse menos
Nuestros hijos van a compararse. Es inevitable. Especialmente en la adolescencia, cuando la pertenencia al grupo y la opinión de los iguales adquieren tanta importancia.
Las redes sociales han multiplicado las oportunidades de comparación: cuerpos, ropa, viajes, amistades, planes, éxitos…
Pero hay algo que sí podemos hacer desde casa: ayudarles a construir una mirada propia.
Que aprendan a preguntarse: «¿Esto realmente me gusta?». «¿Por qué quiero hacerlo?». «¿Qué se me da bien?». «¿Qué necesito mejorar?». «¿Qué tipo de persona quiero ser?».
Cuando un hijo empieza a conocerse, deja de necesitar tanto que los demás le digan quién tiene que ser.
6 formas de ayudar a nuestros hijos a construir una autoestima fuerte
1. Hazle saber que tu cariño no depende de sus resultados
Nuestros hijos necesitan saber que nos alegramos cuando consiguen algo, pero que no los queremos más cuando triunfan ni menos cuando fracasan.
Celebrar una buena nota está bien, pero también es importante estar ahí cuando llega el suspenso.
Reconocer un premio está bien, pero también lo es valorar el esfuerzo que hizo cuando finalmente no lo consiguió.
El mensaje es sencillo:
«Lo que haces importa, pero tú importas mucho más que lo que consigues».
2. No elogies solo aquello que destaca
Si nuestro hijo recibe atención fundamentalmente cuando destaca, puede terminar aprendiendo que para merecer reconocimiento tiene que hacer algo extraordinario.
Por eso conviene fijarnos también en lo cotidiano.
«Has tenido paciencia con tu hermano». «Has cumplido aunque no te apetecía». «Has sabido reconocer que te habías equivocado». «Has ayudado sin que nadie te lo pidiera».
Son pequeños comentarios que ayudan al hijo a descubrir qué cualidades está desarrollando.
Y eso es mucho más valioso que repetirle constantemente que es «el mejor».
3. Ayúdale a conocerse, también en aquello que le cuesta
Educar la autoestima no consiste en ocultar los defectos.
Nuestros hijos necesitan conocer sus fortalezas, pero también aprender a reconocer aquello que tienen que mejorar.
Un hijo que sabe que es despistado puede aprender a organizarse. Uno que sabe que pierde fácilmente la paciencia puede aprender a controlarse. Uno que descubre que le cuesta estudiar puede aprender a pedir ayuda y adquirir hábitos de trabajo.
Conocerse permite mejorar sin convertir cada defecto en una condena.
4. Dale oportunidades para hacer cosas por sí mismo
La autoestima no se construye solamente escuchando «tú puedes».
También se construye experimentando que puedo.
Dejar que un hijo prepare algo, resuelva un problema, tome una pequeña decisión, se responsabilice de una tarea o afronte una dificultad adecuada a su edad le permite descubrir sus propias capacidades.
A veces, por querer facilitarles la vida, hacemos por ellos demasiadas cosas.
Y un niño al que nunca dejamos enfrentarse a las dificultades puede acabar teniendo una imagen de sí mismo más frágil de lo que pensamos.
5. No conviertas la comparación entre hermanos en una herramienta educativa
«Mira cómo lo hace tu hermano». «Tu hermana nunca tiene quejas». «Si él puede, tú también».
Las comparaciones pueden parecer una forma rápida de motivar, pero pueden transmitir un mensaje peligroso:
«Tu valor depende de estar por encima de otro».
Cada hijo necesita sentirse mirado en su singularidad.
No se trata de evitar cualquier comparación, sino de que nuestros hijos sepan que su recorrido no tiene que ser idéntico al de los demás.
6. Enséñale a convivir con el rechazo
Esta quizá sea una de las enseñanzas más difíciles para unos padres.
Queremos que nuestros hijos sean aceptados, que tengan amigos y que nadie les haga daño. Pero no podremos evitarles siempre el rechazo.
Habrá personas que no quieran ser sus amigas. Personas que les critiquen. Personas a las que no les guste su manera de ser. Y tendrán que aprender a convivir con ello.
No gustar a todo el mundo también forma parte de crecer.
Nuestro objetivo no debería ser conseguir que nuestro hijo sea siempre aceptado, sino ayudarle a tener la seguridad suficiente para no traicionarse a sí mismo con tal de ser aceptado.
¿Y qué papel juegan los likes?
Los likes son solamente una expresión moderna de una necesidad muy antigua: sentirnos reconocidos por los demás.
Por eso, prohibir las redes sociales no resolvería por sí solo el problema de la autoestima.
Un adolescente puede no tener redes y seguir comparándose con sus compañeros. Puede no publicar fotografías y seguir necesitando constantemente la aprobación de su grupo.
La cuestión educativa va más allá.
Tenemos que ayudarles a entender que un like dice algo sobre una publicación, pero no dice cuánto vale la persona que la ha publicado.
Y esta distinción, que a un adulto puede parecerle evidente, no siempre lo es para un adolescente.
Por eso conviene hablar de ello.
No solamente cuando surge un problema, sino también en momentos tranquilos.
«¿Por qué crees que esta foto tiene tantos likes?». «¿Cómo te sentirías si publicaras algo y nadie reaccionara?». «¿Crees que tener muchos seguidores significa ser más valioso?».
Son conversaciones que pueden ayudarles a desarrollar una mirada más crítica sobre las redes sociales.
Una pregunta que podemos empezar a hacernos en casa
Hay una pregunta sencilla que puede ayudarnos a revisar cómo estamos educando la autoestima:
¿Qué cosas de nuestros hijos valoramos cuando nadie les está mirando?
Porque es fácil felicitar una buena nota. Es fácil presumir de un premio. Es fácil compartir una foto en la que nuestro hijo aparece estupendo.
Pero también tenemos que aprender a valorar aquello que quizá nadie ve:
Su esfuerzo, su generosidad, su capacidad de pedir perdón, la manera de cuidar a un hermano, la paciencia que ha tenido, la responsabilidad con la que ha cumplido una tarea, la capacidad de levantarse después de equivocarse.
Ahí también se construye la autoestima.
La mirada de los padres importa
Nuestros hijos necesitan sentirse queridos, pero también conocidos.
Que sepamos qué les gusta, qué les preocupa, qué les cuesta, qué les hace ilusión y qué les hace sufrir.
Necesitan saber que en casa no tienen que demostrar continuamente que son buenos, brillantes, divertidos o exitosos para recibir nuestra atención.
Y también necesitan que nuestra mirada no se quede solamente en aquello que hacen mal.
A veces conocemos perfectamente los defectos de nuestros hijos y nos cuesta decirles algo tan sencillo como:
«Me gusta cómo eres». «Me encanta verte crecer». «Estoy orgulloso de cómo has tratado hoy a tu hermano». «Hay muchas cosas que admiro de ti».
Una autoestima sana no se construye a base de halagos vacíos, sino a través de una mirada que reconoce a la persona completa.
El mejor antídoto contra la necesidad de aprobación
No podemos conseguir que nuestros hijos dejen de querer gustar. Ni deberíamos pretenderlo.
Todos necesitamos sentirnos queridos.
La clave está en que la necesidad de aprobación no se convierta en dependencia de la aprobación.
Que puedan aceptar un cumplido sin necesitar diez más. Que disfruten de un like sin necesitar cien. Que puedan recibir una crítica sin sentirse destruidos. Que puedan reconocer un error sin pensar que ellos son el error. Que puedan ser queridos por otros sin dejar de ser ellos mismos.
Eso es construir una autoestima fuerte.
Y probablemente sea una de las mejores herramientas que podemos darles para afrontar un mundo en el que la comparación y la exposición van a formar parte de su vida.
Un libro para comprender mejor a nuestros hijos
Educar no consiste solamente en saber qué hacer ante cada problema. También necesitamos comprender qué hay detrás de las reacciones, inseguridades y comportamientos de nuestros hijos.

En Lo que no te han contado sobre tu hijo y te gustaría saber, Kiruca Utrera ofrece a los padres una mirada práctica sobre diferentes aspectos de la educación y el desarrollo de los hijos, entre ellos la autoestima, las comparaciones, las etiquetas y la necesidad de sentirse valorados.
Una lectura que puede ayudarnos a mirar a nuestros hijos de otra manera y a preguntarnos qué necesitan realmente de nosotros para crecer con seguridad y confianza.
Porque nuestros hijos no necesitan crecer pensando que son los mejores. Necesitan crecer sabiendo que son valiosos, incluso cuando no son los mejores.
OTROS ARTÍCULOS DE INTERÉS
- ¿Por qué usar la IA les está robando la autoestima?
- ¿Y si todos se tiran por un puente, tú también? Cómo enseñarles, con límites, a vivir contracorriente
- El riesgo de nuestros hijos cuando validan sus emociones en las redes
- Llegaron las notas: ojo, que nuestros hijos son mucho más que sus calificaciones
Para los buenos padres que quieren ser mejores padres.
Deja una respuesta